Una serpiente de plástico

Cuando me repuse, dos tres escalones más arriba, descubrí que en el suelo había una serpiente de juguete. Parecía que mi cuerpo hubiese reaccionado ANTES de haberla visto. ¿Qué me había pasado?

Aquel día iba yo bajando unas escaleras. De repente, sentí un impacto en el estómago. Cuando me di cuenta, estaba bloqueado dos o tres escalones más arriba.

¿Qué narices ha pasado?

Miré al suelo, y la vi. Se veía perfectamente que era un juguete de plástico, inofensivo: una serpiente de goma que seguramente se le había caído a un niño.

No tengo un miedo especial a las serpientes. De hecho, me gustan mucho. Y sé que en el centro de Bilbao es bastante improbable que me encuentre con una cobra real o una mamba negra. Sin embargo, mi reacción fue de pánico incluso antes de que mi cerebro pudiera darse cuenta.

A veces, las madres o los padres con quienes trabajo, me lanzan una pregunta:

«Jolín, Gorka, pero ¿por qué hace eso?», refiriéndose a alguna conducta que les preocupa.

El problema es que ese “por qué” sugiere que hay motivos en el sentido habitual del término. Es decir, cierta voluntad detrás de las acciones. Sin embargo, la realidad puede y suele ser muy diferente, porque la niña o el niño difícilmente podrá responder a esa pregunta.

Lo que pasa, muchas veces, es que ha pasado del sistema de EXPLORACIÓN al sistema de PROTECCIÓN, y eso muchas veces se siente —sobre todo si hay trauma— como el impacto de un rayo, por lo que necesitan primeros auxilios e intervención de los médicos para empezar procesar lo que ha pasado.

Quizás, la pregunta que procede es “para qué” hace eso. Y la respuesta puede ser sencilla y compleja, al mismo tiempo.

—Para protegerse.

—¿Protegerse de qué, si no he hecho nada?

—Protegerse de algo que le pasó hace mucho, pero mucho tiempo y que ha conectado con el momento actual, a través de alguna SEÑAL que ha percibido.

—Pero si yo ya le digo que no es nada, que no se agobie.

De poco sirve confrontar con la realidad a las niñas y los niños que siguen con el MIEDO en el CUERPO, bloqueados y asustados. En ese momento necesitan refugio, liberar la tensión, y volver a la calma. Su sistema nervioso les impide ir más allá, a pesar de las necesidades o el interés de las personas adultas de resolver rápidamente las cosas.

«Yo ya hago para calmarle», suele ser otra frase recurrente. Pero, oye, igual ella o él no necesita que “hagas” nada, porque cuando “haces” igual le estás transmitiendo tu angustia y el mensaje de que la cosa es tan chunga, que no puede solo.

Pasar del sistema de PROTECCIÓN al de EXPLORACIÓN es un proceso mucho más lento. Primero, es necesario chequear lo que pasa, el búnker, para determinar si de verdad es un lugar seguro. Yo qué sé, tocar las paredes, golpearlas, para intuir el grosor del hormigón que protege de cañones y balas. Luego, quizás, toque temblar, llorar, o hacer un proceso similar desde dentro. Es la forma que el cuerpo tiene de sacudirse la tensión, para recuperar la seguridad. Y después, puede, poco a poco activarse el cortex prefrontal,y fijar la atención en la puerta. Una puerta que da mucho miedo, porque el cuerpo sigue recordando el susto y la inseguridad que hay afuera. Y así, poco a poco, se puede tomar la llave e ir caminando hacia allí, pasito a pasito, poco a poco, de menor a mayor firmeza. Sacar una mano, luego un pie, y más adelante la cabeza y el cuerpo, que es lo que da más miedo, mirando hacia atrás y confiando en que hay un sitio para volver si las cosas se ponen feas.

Eso, si no explota un globo, y se va otra vez para dentro, cagado de miedo.

Porque, quizás, lo importante no sea tanto dar explicaciones o enfrentar el problema, como respetar los procesos que regulan el sistema nervioso, dándole tiempo. A fin de cuentas, todas y todos tenemos una formidable capacidad de recuperación si se nos acompaña de manera no invasiva y sin forzar estos procesos.

Pero tu historia ¿te permite confiar en eso?


Referencias:

BERASTEGI, A. y PITILLAS, C. (2018). Primera alianza: fortalecer y reparar los vínculos tempranos. Barcelona: Gedisa

LEVINE, P. A. y KLINE, M. (2017) Tus hijos a prueba de traumas. Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia. Barcelona: Eleftheria

VAN DER KOLK. B, (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Eleftheria: Barcelona

NARDONE, G.; GIANNOTTI, E.y ROCHI, R. (2012) Modelos de Familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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