La seguridad en el adulto

Una de las cosas que mejor definen un apego adulto seguro, es la confianza en la capacidad del propio sistema nervioso para REGULARSE DE MANERA NATURAL, sin intervención externa; y, en consecuencia, en su capacidad para sanar por sí mismo sólo con un mero ACOMPAÑAMIENTO.

Una de las cosas que mejor definen un apego adulto seguro, es la confianza en la capacidad del propio sistema nervioso para REGULARSE DE MANERA NATURAL, sin intervención externa; y, en consecuencia, en su capacidad para sanar por sí mismo sólo con un mero ACOMPAÑAMIENTO.

La pregunta clave es: ¿Qué activamos cuando aparece el sufrimiento?

Hay quien se desborda, y trata de actuar ansiosamente para reducir su malestar o el del resto; hay quien lo evita, le resta importancia o trata de imponer el deber o la razón al mismo; y hay quien lo vive como una verdadera amenaza, con la sensación sentida de que el mundo se puede desestabilizar y puede pasar cualquier cosa.

Sin embargo, las personas adultas seguras tienen la certeza de que su mente no sólo es capaz de tolerarlo, sino que hará espontáneamente lo que necesita para llegar a un estado mejor, de cierta tranquilidad o incluso alivio. Y esta confianza no se basa en un proceso de reflexión, sino en la calidad de experiencias muy tempranas —codificadas en la memoria del cuerpo—, que implican ciertos elementos:

– La aparición del MALESTAR.

– La RESPUESTA SENSIBLE. Es decir, de un adulto presente en la experiencia de esa niña o niño.

– La DISPONIBILIDAD de una figura adulta. O lo que es lo mismo, de una persona adulta que interpreta bien esas señales, ofreciendo la proximidad o la distancia que necesita la niña o el niño, dependiendo de que esté activando las necesidades de exploración (separarse) o de apego (vincularse); y que sostiene la emoción del niño manteniéndose en su propia ventana de tolerancia.

– El ALIVIO. Es decir, que presta atención no sólo al proceso de activación, sino también al de relajación y al bienestar que llega luego. Es decir, dejar pasar lo malo, y dejar entrar lo bueno.

– La reproducción de esta secuencia CON UNO MISMO. Es decir, entender y aceptar, desde lo corporal, que ese buen trato no sólo se puede recibir por parte de otras personas, sino que uno mismo es competente para reproducirlo, y suficientemente bueno para MERECER el mismo.

A ver si adivino lo que piensas: que sí, que muy guay, pero que hay muy pocas personas que hagan bien esto.

Ummm… no tan pocas. Lo que pasa es que vemos la realidad con las lentes que nos impone nuestro propio sistema de apego, y explicamos la conducta y la mente de los demás según los patrones que tenemos integrados. A fin de cuentas, nuestra mente es el único punto de referencia que tenemos para intuir la del resto. En realidad, hay muchas personas capaces de hacerlo bien, y no porque lo hagan estudiado, sino porque les sale así, de manera instintiva.

Ellas no lo saben, pero son las grandes terapeutas de la humanidad. Porque la mayor parte de los apegos inseguros o desorganizados no sanan con un plan de trabajo, sino en contacto estrecho con personas fuertes, sabias y amables, que PUEDEN y DESEAN ofrecer el buen trato del que ellas mismas disfrutaron.

Personas que saben que las cosas pueden doler, pero también en la capacidad natural de sanar del propio cuerpo.

Mi más sincero reconocimiento a todas y todos ellos.


Y tú, ¿conoces a alguna de estas personas? ¿cómo es tu experiencia con ella?

Gracias.

* Nota importante: Me he dado cuenta, gracias a las aportaciones de otras compañeras, que este texto estimula la culpa. El motivo, es que es muy difícil estar a este nivel cuando las cosas se ponen feas y, lo normal, es que nos desrregulemos yéndonos fuera de nuestra ventana de tolerancia.

Si te has sentido mal al leerlo, te pido disculpas. El error ha sido priorizar la claridad y la didáctica sobre la experiencia del lector, lo cual, es un error que comento con cierta frecuencia.

Quizás, como he han señalado Anabel González y F. Javier Aznar Alarcón, que son expertos en el tema, no deberíamos hablar tanto de un apego seguro, que no deja de ser un ideal, muchas veces inalcanzable, sino de un APEGO SUFICIENTEMENTE SEGURO, que nos permita acompañar REGULARMENTE BIEN a las personas con quienes trabajamos o a quienes queremos.

Gracias.

Referencias:

BERASTEGI, A. y PITILLAS, C. (2018). Primera alianza: fortalecer y reparar los vínculos tempranos. Barcelona: Gedisa

GONZÁLEZ, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Barcelona: Planeta

LEVINE, P. A. y KLINE, M. (2017) Tus hijos a prueba de traumas. Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia. Barcelona: Eleftheria


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

2 comentarios en “La seguridad en el adulto

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