Cuando un padre abandona (II)

[…] La respuesta natural ante este dolor, que tiene por sustrato una profunda VERGÜENZA y una herida profunda en el autoestima, es el RECHAZO y la IRA. […]

Cuando un padre —sí, un “padre”, que en esto los hombres ganamos por goleada— abandona, su hija o hijo difícilmente entenderá que ha sido porque sufre o porque no soporta a su ex-pareja. 

Lo más probable es que crezca con la idea de que NO ES SUFICIENTEMENTE BUENO como para conservar a una figura tan preciada, real o simbólicamente. 

La respuesta natural ante este dolor, que tiene por sustrato una profunda VERGÜENZA y una herida profunda en el autoestima, es el RECHAZO y la IRA.

«Como no puedo soportar el dolor de sentirme invisible a tus ojos, escupo sobre ti el dolor que me has dejado. No quiero saber nada de ti, eres una basura humana.»

Esto ayuda a muchos niños y niñas a tirar hacia delante, conservando una mínima relación de cuidado consigo mismos. A fin de cuentas, son víctimas de una afrenta inadmisible. Pero el precio es terrible: una profunda desconfianza hacia los demás, y dificultades para activar los cuidados hacia una o uno mismo.

Muchos trastornos que acaban diagnosticándose como desafiantes u oposicionistas, que tienen una gran componente PROYECTIVO, tienen su sustrato en infancias marcadas por el abandono. 

En el peor de los casos, hablamos de personas que no perciben que tengan una MENTE, y que pone por sistema la responsabilidad en terceros, generando y reactivando conflictos que rápidamente pasan a la agresividad y terminan rompiendo la relación, es decir, con el rechazo.

Así es como se repite el drama intergeneracionalmente.

Por eso, en el campo de la intervención educativa familiar, es tan importante rescatar, siempre que se pueda, la figura de todos esos padres ausentes. Porque, esa imagen congelada, sostenida en el tiempo, sostiene un relato infantil cargado de RECHAZO. Rechazo que parece que es hacia la persona que hizo daño, pero que, en el fondo, implica rechazo, vergüenza y asco hacia UNO MISMO

Cuando la persona adolescente o adulta rehace esa historia, colocando al padre ausente en su sitio, con sus miserias, sus dificultades pero, en la inmensa mayor parte de los casos, sin rechazo o deseo de hacer daño, todo el sistema se relaja, y con él muchos síntomas asociados. 

Pero, a menudo, es un proceso laborioso y largo. 

Es el costo empezar a llevarse un poco mejor con una o uno mismo. 


Referencias:

GONZÁLEZ, A. (2017). No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego, y la disociación: una guía para pacientes y profesionales. Editado por Amazon

LAFUENTE BENACHES, M.J. y CANTERO LÓPEZ, M.J. (2010) Vinculaciones afectivas. Apego, Amistad y Amor. Madrid: Pirámide

MINUCHIN, S. (2009) Familias y terapia familiar. Barcelona: Gedisa

NARDONE, G.; GIANNOTTI, E.y ROCHI, R. (2012) Modelos de Familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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