Niños esforzándose por evitar el despido | acogimiento familiar 

Puede ser que, en el fondo de su corazón, sientan que todavía están de paso. Que éste es, como lo han sido los anteriores, otro refugio provisional en su vida. 

Para mí, no es nada fácil hacerte está devolución. 

Durante meses he sentido que invadía tu casa y tu privacidad, y que tú no querías participar de este proceso conmigo. Al final, lo hablamos y nos entendimos, pero me arrepiento un poco de no haber tenido antes esa conversación contigo.  

Pero, llegados a este punto, toca informe, y creo que es justo que conozcas las conclusiones que he sacado.  

Pero antes de empezar, debo reconocer que a veces me equivoco. Nuestros informes se hacen con información muy limitada y es imposible que recojan toda la complejidad y la riqueza de las personas y familias con quienes trabajamos.  

No obstante, quiero señalar que todo lo que voy a exponer, no es fruto de la casualidad ni el capricho, sino resultado de un trabajo profesional y avalado por un equipo. Si al escucharme te sientes un poco rígida o que te enfadas con lo que digo, por favor, no deseches rápidamente estas ideas. Permítete quedarte con ellas y que maduren contigo. A ver qué pasa.  

Creo que, lo primero de todo, es reconocer tres heridas. Dos que tienen que ver con los adultos, y otra que afecta a los niños.  

La primera es la herida que tiene que ver con lo que pasó a ***, que ha dejado una responsabilidad extra para toda la familia: la de dar cobijo, cuidar y educar, en este caso, a 3 niños. 

La segunda es el resultado del tremendo sacrificio que todos habéis hecho para darles una vida de calidad, digna y con todas las cosas y experiencias que se merecen los niños. Cosa que yo  —lo digo de corazón— admiro. 

Y la tercera, tiene que ver con los sucesivos abandonos que han sentido tus nietos. Primero, el de su padre y su madre, cuyos cuidados y compañía, estoy seguro, echan de menos. Luego —y aunque no hayan sido personas de su familia— el de los educadores de un centro, que les cuidaron cuando más vulnerables se sentían. Más tarde, el de los educadores de otro centro, dónde estuvieron un rato largo. Y por último, el de ***, que fue durante muchos años una de las personas que les dio mimo y calorcito, y que, tras el divorcio, ha desaparecido.  

Es verdad que también han contado con personas que siempre han estado con ellos, como tú —su abuela— y sus tíos, gracias a los cuales están enteritos y sanotes, pero esto no resta ni un ápice de importancia al daño que han sufrido.  

Este daño se refleja, sobre todo, en esa irritabilidad que tú misma me has descrito, y esa sensibilidad excesiva ante algunas cosas (las envidias, los enfados, las peleas, etc). 

Porque, en el fondo de su corazón, quizás sientan que todavía están de paso. Que éste es, como lo han sido los anteriores, otro refugio provisional en su vida. Y no están muy desencaminados. A fin de cuentas, el acogimiento no se ha formalizado y yo estoy valorando a la familia, así que es muy inteligente sentirlo así para estar prevenidos.  

Así, por mucho que intentemos hacerles sentir bien con palabras y razones, ten por seguro que no les llegan. Porque la inseguridad que sienten no está en su mente, sino codificada en el cuerpo, y van a necesitar mucho tiempo para confiar y sentir que este lugar es su refugio definitivo. 

Llegados a este punto nos podemos preguntar cómo encajan ****** y *** que se señale sus errores, los sermones, las advertencias o el castigo. Seguro que hay diferencias entre los tres, porque cada uno tiene una forma de ser diferente; pero lo que intuyo es que a ellos les pesa más que a otros niños: primero, porque quizás sienten en lo más profundo de su corazón que son una carga; y lo segundo —y probablemente lo más importante— porque, de ser así, podrían temer que en un futuro cercano se les mande a vivir a otro sitio.  

Déjame que te lo explique con una metáfora. Es como si tus tres nietos fueran trabajadores de la única empresa que puede ofrecerles un empleo, y que se estén esforzando más del 100% para evitar el despido. Lo difícil es que cuanto más se esfuerzan más presente tienen el miedo a que les echen a la calle, porque los nervios no les dejan rendir lo necesario. 

Con esto no quiero que te sientas juzgada o cuestionada. Por mi parte, no tengo ninguna duda de que tanto tú como tus hijos hacéis las cosas con todo el corazón del mundo. Pero deberíamos plantearnos si la forma como has criado a los tuyos, en tu casa y siempre bajo tu ala, sirve para tus nietos. Porque hagáis lo que hagáis, y por muy buenas intenciones que haya de fondo, casi siempre topa con esa herida.  

Imagino que, llegados a este punto, estarás un poco asustada ¿Lo estoy haciendo mal? ¿Les estoy haciendo daño? Y sobre todo ¿Qué puedo hacer ahora? ¡No se me ocurre nada! 

Lo primero que me surge decirte es que NO HAY QUE HACER NADA. Porque ya les estáis dando lo que más necesitan: continuidad, cuidados, cariño y un refugio seguro. Y eso es lo que más les va a ayudar para sentirse recogidos y parte de esta casa, pasado el tiempo necesario.  

Pero si además de un aprobado alto, queréis aspirar al sobresaliente, yo os daría la oportunidad de continuar un proceso conmigo. Ya no tanto para conocer cómo funciona la familia, sino orientado a tomar más conciencia de estas 3 heridas. Porque cuando una familia habla sobre lo que pasa, siempre se reorganizan las cosas. No sería cosa de tirar de vosotros, ni empujar el carro, sino de crear las condiciones pare que, entre todos los adultos, podáis entender mejor en qué situación se encuentran los 3 niños. Si lo hacemos bien, las ideas, los ajustes y una mayor sensación de paz y seguridad llegarán solos. Sin duda. 

Pero, para ello, sería muy interesante poder contar con todos los adultos de la casa. Y sé que eso es complicado. No soy yo quien debe decir qué es lo que tenéis que hacer, porque nadie mejor que vosotros para valorar el acierto y la calidad de este texto. Pero sabed que, si queréis hacerlo, estaré para acompañaros en este proceso 

Una última cosa. Aunque no me hayan querido ver, creo que sería interesante que tanto *** como *** pudieran leer este documento ¿Cómo lo ves?  

Gracias por permitirme entrar en tu casa, y permitirme acompañarte en un trozo de tu camino. 


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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