Cuídame | técnica de intervención familiar

Me abrió la puerta y me quedé callado, sentado en el pasillo, en el suelo. Cuídame tú. Yo te devolveré cómo reacciona mi cuerpo.

—Venga pasa —me invitó con aparente fastidio.

Entré y me senté en el suelo, en medio del pasillo.

—¿Se puede saber qué haces? —preguntó con una sonrisa nerviosa.

—¿Te soy sincero?

—Qué menos —flipaba pepinillos.

—Hoy he venido sin ni putas ganas de verte —respondí—. Pero esto no tiene que ver contigo, sino con una cosa que traigo dentro.

Escuchaba de pie frente a mí, petrificada.

—Siento una opresión en el pecho… —empecé.

—Eso es angustia —me interrumpió.

—Sí, yo lo llamaría también así —reconocí—. La cosa es que venía en el coche diciéndome a mí mismo que probablemente la sesión no iría bien; que me ibas a notar más rígido que de costumbre, y que tú no te merecías eso.

—Joder, Gorka. Habérmelo dicho. Podíamos haber aplazado la sesión.

—Pero al llegar se me ha encendido la luz. Y he pensado que podíamos aprovechar lo que estoy viviendo para sacarle jugo ¿Te apetece explorar? —le reté, intuyendo que entraría al juego.

—Vale.

—Ok. Yo tengo ahora mismo en la zona alta de mi pecho una sensación que me oprime —confesé—. Que me empuja a la rigidez. Tu trabajo es cuidarme, para que me sienta mejor.

Confusión y silencio incómodo.

—Entendido. Necesitas más explicaciones —le concedí—. Yo te voy a ayudar, explicándote en cada momento cómo tus palabras o acciones afectan al estado de mi cuerpo.

—Si fueras mi hijo, ahora te daría un abrazo —empezó.

—Puede ser. Pero recuerda que no soy tu hijo, sino el educador cabrón de la diputación.

Se metió conmigo y nos permitimos bromear un rato.

—Venga, al turrón —zanjé—. Cuida de mí, que me lo merezco.

—Venga —accedió—. ¿Por qué estás así? ¿Has discutido con tu mujer?

—He sentido tu pregunta como un impacto. La sensación de mi pecho a aumentado, y ahora siento una presión en la frente —describí—. Pero, respondiendo a tu pregunta, te diré que en casa las cosas están bien, que no entiendo por qué me está pasando esto.

—¿Me estás poniendo a prueba? —se picó.

—No. Te estoy devolviendo cómo recibe mi cuerpo todo lo que haces o dices —le aclaré—. Estoy siendo plenamente sincero contigo.

—¿Has pasado mala mañana? —se aventuró.

—Me ha venido una sensación de presión a la frente, que me pide arrugar el entrecejo —seguí, a lo mío—. Y tengo ganas de apartarme un poco de ti. Pero no quiero hacerlo, porque no me gustaría que sientas que te rechazo.

—No te preocupes por mí, puedes hacerlo.

—Eso me ha relajado los hombros y he dejado de sentir presión sobre la espalda —reconocí—. Me dan ganas de respirar profundo, más aliviado.

Cogió un par de cojines y me los puso en la tripa. Yo los abracé con gusto.

Entonces, se produjo un largo silencio. Yo sentado en el suelo, con los ojos cerrados y en silencio. Intuía que ella me observaba sin ese impulso de hacer, tan característico suyo.

—Este momento ha sido muy agradable —señalé—. He sentido un hormigueo muy agradable desde las tripas hacia la garganta, y la sensación de opresión en el pecho casi ha desaparecido. Muchas gracias.

—¿Te puedo traer un vaso de agua? —tenía la boca seca, sabe Dios cómo lo había adivinado 😉


Terminé la sesión explicándole las cosas que a mí me habían funcionado: el cojín, el silencio, el vaso de agua, y otras cosas que, por resumir, no he explicado. Pero dejándole claro que yo era alguien que funcionaba diferente a su hijo.

Que el problema que tenemos como adultos es que nos han llevado a confiar más en la razón que en las sensaciones que nos transmite el cuerpo.

Que no es necesario conocer las causas del malestar para aliviarlo.


—Ojalá mi hijo pudiera comunicarme lo que le pasa como lo has hecho tú —concluyó—. Me resultaría todo más fácil.

—Podemos crear un espacio para que podáis experimentarlo.

Se le iluminó la cara.

—Pero te advierto una cosa —solté—: igual pongo una norma que no te va a gustar, maja.

—¿Qué norma?

—Que todo lo que hagamos será sin decir una sola palabra —dije con firmeza—: en el más absoluto silencio.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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