Reagrupaciones familiares tormentosas | claves para la intervención familiar (I)

Lo habitual es que se trate de una mujer que lleva mucho tiempo trabajando en nuestro país, que reagrupa a su hijo o hija adolescente, con la aparición de muchos problemas de convivencia: escaladas, violencia, fugas, etc. 

Solemos encontrarnos dos perfiles de apego adulto en estas mujeres. Bien un modelo de apego evitativo, bien un modelo de apego desorganizado.

En los casos de mujeres con apego evitativo, suelen provenir de familias muy desligadas (límites rígidos), de modelos autoritarios o sacrificantes. Son madres que, muchas veces, tienen el sentimiento y, por tanto, también la creencia de que los hijos/as se crían solos, porque así se han criado ellas.Como valores centrales suelen predominar el sentido del deber y la responsabilidad. Priorizan el trabajo y buscarse la vida, respeto a la intimidad y las relaciones personales.

En este primer artículo nos centramos en las madres que tienen un apego más evitativo.

Pueden llevar asociada también un historial de trauma. Pero su psique ha podido organizarse a través de síntomas que, con frecuencia, están asociados a un sentimiento de culpa. Tienden a “apartar” esta culpa, hipotencando su mirada hacia el interior, y focalizando la atención en los objetos, relaciones superficiales y el trabajo. Esto es lo que les ha ayudado a sobrevivir y nosotros, como profesionales, debemos respetarlo.

Ocurre, en estos casos, que han dejado a sus hijos —normalmente— a cargo de su familia extensa, con quienes la relación es tensa pero distante. Suele ocurrir, entonces, que esta familia extensa que se ha hecho cargo de los niños/as por “deber”, empieza a sentir esa crianza añadida como una carga. En estas condiciones, la precaria relación entre la madre y su familia se resiente. Para defenderse, la madre activa la evitación-distancia y, quizás, la familia extensa un falso “mito de armonía” (estamos bien). No obstante, esos sentimeintos de hostilidad hacia la madre, por no hacerse cargo de la crianza, al final acaban transformándose en hostilidad hacia el niño/a-carga.

Este artículo no pretende sentar cátedra ni hacer valer verdades incuestionables. El objetivo es poderlo discutir y completar gracias a vuestra creatividad y apoyo.

Se produce así una situación muy patológica a nivel relacional que perdura en el tiempo, y afianza el problema. Una madre convencida de que está haciendo las cosas bien, buscándose la vida y apoyando la economía familiar, pero con un cierto sentimiento de insatisfacción y culpa. Una familia extensa que ejerce una crianza a desgana y que exige una compensación por el esfuerzo realizado (balanza de pagos). Y un niño con un fuerte sentimiento de abandono emocional (desconfirmación), que se siente a disgusto en casa de los abuelos y que idealiza la relación con su madre.

Es un caldo de cultivo perfecto para la catástrofe.

Porque cuando el/la ya adolescente se reagrupa con la madre, chocan dos realidades de las que no se habla. El sentimiento de abandono profundo en los/as adolescentes, y una enorme necesidad en las madres de expiar ese sentimiento de culpa, que está relegado a un segundo plano, y actúa de manera cuasi-inconsciente.

Ante esta realidad, lo normal es que estas madres se muestren muy exigentes con adolescentes que se sienten abandonados por ellas. Que traten de sobrecompensar su necesidad de ser madres, a través de exagerar el único modelo que conocen de serlo: las normas, las exigencias, etc. Con el añadido de que, ahora, estos y estas adolescentes cargan, además, con el resentimiento acumulado hacia la familia extensa (“¡Mira cómo te han criado!”). Todo ello, reactiva más si cabe ese sentimiento de vulnerabilidad y abandono y activa más si cabe la necesidad de tomar distancia. No es raro, entonces, que estas mujeres se sientan profundamente traicionadas y ultrajadas, y que siguiendo su modelo relacional y de apego, activen la sobreexigencia y la desconfirmación (“no existes para mí”), lo cual, al conectar con la historia de abandono y reproches que traen estos adolescentes, sólo agrava el problema.

El papel del educador familiar es muy complejo en estos casos. Sobre todo, porque estas madres sienten la presencia de los servicios sociales como algo muy intrusivo que viene a cuestionar todo el esfuerzo que ellas, sin duda, han hecho por sus hijos/as. Y activa más si cabe sus resistencias ante el temor de que podamos —como es lógico— reactivar ese sentimiento de culpa, que les conecta con los errores, la vulnerabilidad, y todo el dolor que, sin duda, han padecido.

Desde mi punto de vista, existen algunas claves para trabajar con este tipo de familias.

  • Una buena contextualización. Que defina con claridad los objetivos, los criterios de valoración, los tiempos, la metodología, e incluso las actividades o técnicas clave con las que se va a trabajar. Es muy importante que estas madres se sientan seguras en el contexto de intervención, y que sientan la seguridad de que no se les va a juzgar gratuitamente.
  • Trabajo centrado en la madre, excluyendo, hasta donde se pueda, la intervención con el hijo. Presuponiendo que la relación ente madre e hijo es tensa, tratamos, así, de evitar que la madre utilice a el/la adolescente como “escudo” contra la intervención familiar (“el educador es para ti, que haces las cosas muy mal”) o que ambos utilicen al profesional como un aliado en el juego familiar. Sin obviar que lo natural en estos casos es que los y las adolescentes no quieran participar.
  • Técnicas orientadas a realizar una valoración comprensiva y a descubrir los recursos de la familia. Como muchas de las que se han colgado en nuestro GRUPO DE APOYO: vinculograma, entrevista de evaluación comprensiva, etc. Es importante que ella se sienta validada y legitimada en sus procesos de toma de decisiones.
  • En paralelo, ir incorporando ideas relacionadas con la psicoeducación. Por ejemplo, que hay veces en las que nuestro cerebro puede decidir entre todas las cartas, y otras veces —cuando nos sentimos amenazados— en que no. O que a veces reaccionamos inconscientemente a acontecimientos del pasado (trauma) cuando un suceso del presente nos conecta con ellos. E ir incorporando anécdotas de la propia experiencia personal del educador para que la madre se vaya animando a compartir sus sistema interno y relacional.
  • Si aparece algún tipo de demanda, pueden resultar muy útiles también las técnicas basadas en la terapia breve estratégica (véase G. Nardonne). Es muy importante aprovechar muy bien estos momentos para poder transmitir a la madre que el profesional cuenta con recursos que le pueden servir y que pueden ayudarle.
  • Al menos en un primer momento, centrar la intervención en lo concreto, y en el aquí y el ahora. Estas madres difícilmente van a comprender en un primer momento la importancia que tiene hablar sobre lo ocurrido en el pasado, o sobre el tipo de relaciones que se dan en la familia extensa. No obstante, será siempre una bala que guardemos en la recámara, a la espera de que se den las condiciones oportunas.
  • Ir analizando los acontecimientos sin la urgencia del momento. Recordando que, si bien en los momentos de tensión hay poco de nuestro cerebro disponible, podemos pensar cuando estamos más tranquilos en cómo nos habría gustado actuar.

El peligro está en dejarnos arrastrar y obviar las emociones y el cuerpo

Pero ¡cuidado! Nuestra tendencia natural será a enactuar con estas personas utilizando sólo un discurso racional, orientado “al lado izquierdo del cerebro”. Es necesario que hagamos siempre un esfuerzo para redirigir la atención a la parte más emocional y simbólica, y a ser posible a sentir, nombrar y procesar las sensaciones que las emociones les producen en el cuerpo. Eso es, en todo caso, lo que hará que el trabajo finalmente valga la pena.

En definitiva, un trabajo muy difícil. Sobre todo en los comienzos. Pero no olvidemos que estas madres y sus respectivos hijos tienen un modelo de apego organizado, y eso les permite, a pesar de todo, cierto potencial para evolucionar. Otra cosa es que quieran compartir contigo sus logros. Ya sabes.

¡Qué ingrato es a veces este trabajo!

¿Cómo lo veis vosotras/os? Estoy más que abierto a que cuestionéis este artículo y a nuevas ideas ¡Gracias!

Respecto a las madres con apego desorganizado, lo dejo para más adelante.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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