Ayúdale a pasar un mal trago con “Ordenando mis Recuerdos”

Indartzen. Construye tus recuerdos

En la vida de los niños y niñas se producen algunos sucesos o cambios especialmente cargados de emoción. Algunos de ellos, como por ejemplo, un cambio de domicilio, un divorcio, el fallecimiento de un familiar, un cambio de colegio u otros similares, pueden hacer que el mundo de nuestros hijos e hijas se tambalee. Es como si viviesen un potente terremoto que haya cortado la luz y derribado enormes edificios a su paso, por lo que es muy probable que durante un tiempo vivan esperando, asustados, réplicas que vuelvan a hacer temblar la tierra y ponerles en peligro. En estos casos ¿Cómo les podemos ayudar?

Para los adultos no resulta nada fácil afrontar estas situaciones por muchos motivos. Uno de ellos es que los niños y niñas, aunque presenten muchas veces las mismas necesidades que nosotros, no cuentan con los mismos recursos para satisfacerlas. Por ejemplo, nosotros podemos narrar con palabras qué es lo que nos enfada, asusta o entristece, así como contar a alguien de confianza qué nos ha hecho sentir así, y qué vamos a hacer para recuperar la tranquilidad que anhelamos. También podemos pedir con claridad a familiares y amigos qué es lo que necesitamos para sentirnos mejor y, además, contamos con recursos para insistir todo lo que haga falta.

Los niños y niñas pequeños no pueden hacer esto porque no cuentan ni con la gramática, ni la madurez, ni el vocabulario necesarios para hacerlo. Su cerebro aún está inmaduro. En resumen, sirve más bien de poco explicarles desde una perspectiva adulta qué es lo que ha pasado, pero siguen necesitando dar coherencia y sentido a lo que les ocurre ¿Por qué la naturaleza nos lo pone tan difícil?

Pocos saben que nuestro cerebro cuenta con dos tipos de memoria: la memoria implícita y la memoria explícita, que incluso se alojan en diferentes zonas del encéfalo. La primera es la más primaria, y está presente incluso antes del nacimiento. Codifica las reacciones más básicas y emocionalmente más cargadas. Pero está fuera de nuestra conciencia.  Es decir, no podemos acceder a voluntariamente a ella y ni mucho menos recordar, por más que nos esforcemos, qué es lo que contiene dentro. Es atemporal, y una vez que algo cae dentro, se puede quedar allí sin prácticamente cambio durante el resto de la vida. Es como una gota de resina que atrapa una mosca y la conserva durante millones de años.

La segunda, en cambio, se desarrolla progresivamente a partir de más o menos los 3 años, y contiene imágenes y palabras que podemos evocar si lo deseamos o las condiciones son propicias. En contraposición con la anterior, los acontecimientos quedan fijados en un determinado momento del tiempo, y es maleable según las experiencias que vamos teniendo. Es como un cuenco que mezcla y cocina los ingredientes para que cuando queramos podamos extraerlos y degustarlos.

Puedes profundizar algo más sorbe todo esto viendo este excelente vídeo.

Cuando se dan cambios o episodios potencialmente desestabilizadores, nuestra prioridad como padres y como madres es que estos sucesos y sobre todo estas emociones no se fosilicen y pervivan en lo más profundo del cerebro de nuestros hijos e hijas. Para ello, es importante que les ayudemos a recordar lo acontecido, pero con un lenguaje y unas herramientas que ellos y ellas puedan manejar. Y ahí es donde se encuadra la actividad que os proponemos. Prestad atención.

Indartzen. Texto fotos..pngPartamos del presupuesto de que uno de los lenguajes que todos los niños y niñas pueden comprender, es el de las imágenes. Llegados a este punto, haznos caso y sigue las siguientes instrucciones.

* Pero antes de todo, una advertencia importante. Si sientes que tu hijo o hija no desea participar de la actividad, no insistas ni le fuerces a hacerlo. Esta actividad sólo es efectiva si ambos disfrutáis de participar en ella. Acude a un profesional si las cosas os sobrepasan.

PRIMERO. Toma una serie de fotografías y algunos recortes de cartón en blanco, y compra una cartulina bien grande, pero que siga resultando manejable. Añade a este kit unas cuantas pegatinas de colores: azules, verdes, rojas y moradas. Procura que las fotografías tengan relación con el tema o acontecimiento que deseas abordar, y que formen una secuencia temporal lógica.  Por ejemplo, si lo que deseas es recordar a un ser querido que ya no esté con vosotros, puedes seleccionar fotografías que nos permitan de alguna manera dilucidar cómo hemos crecido junto a él o ella, durante diferentes años.

Es importante que a la hora de seleccionar las fotos, tengas en cuenta dos cosas importantes:

  • Los niños y niñas, cuanto más pequeños son, disponen de menos capacidad para prestar un atención sostenida. Así que si tu hijo o hija es muy pequeño, utiliza pocas fotografías. Como norma general, te aconsejamos que utilices tantas fotografías como años tiene tu hijo o hija, sobre todo si aún se encuentra en edad preescolar. A partir de ahí las cosas se pueden complicar mucho más.
  • Recuerda también que los niños y niñas más pequeños tienen menor capacidad de asociación. Para los más peques, utiliza fotografías muy explícitas, que no den lugar a confusión o ambigüedad sobre el recuerdo que quieras representar. Así evitarás que se te pierdan por el camino.

SEGUNDO. Busca un momento en el que dispongas de tiempo, y en el que puedas estar con tu hijo e hija con una postura atenta. Es decir, realiza esta actividad cuando puedas estar plenamente disponible para él o para ella, y para prestar atención a su experiencia.

TERCERO. Invita a tu hijo e hija a hacer un mural o collage. Dile que lo vais a hacer juntos, pero que él o ella tiene que poner las fotografías en orden y ser lo más fiel posible a sus recuerdos. Explícale que las fotografías, por supuesto, no contienen todos nuestros recuerdos, e invítale a dibujar en los recortes de cartón cualquier cosa que quiera o necesite que aparezca para que la historia cobre sentido.

CUARTO. Explica a tu hijo e hija que todos los recuerdos están manchados. Algunos recuerdos están manchados de rojo, que es el enfado. Otros están manchados de azul, que es la tristeza. Otros de verde que es la alegría. Otros de morado, que es el miedo. Y otros están manchados de muchos colores, no pasa nada. Enséñale entonces las pegatinas, e invítale a ponerlas sobre las fotos y dibujos que secuencie. Por supuesto, tú también puedes participar y hacerlo. Seguro que así os motiváis más para llevar la actividad a cabo.

QUINTO. Dad rienda suelta a vuestra creatividad. Cread la secuencia, elaborad los dibujos, poned las pegatinas y todo lo que queráis por ahí danzando. Hacedlo lo más bonito que podáis y disfrutad del momento. Reid y llorad si hace falta, y aderezarlo todo con unos buenos mimitos. Finalmente colocad el mural en un sitio especial, porque lleva mucho de vosotros dentro.

¿Qué te parece la propuesta? ¿La llevarías a cabo? Cuéntanos tu experiencia si lo has hecho y, por supuesto, dale a “me gusta” y comparte este post si crees que a alguien conocido puede gustarle o serle de utilidad. Nos encanta que lo hagas.

 

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

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