[…] Al principio, la policía se mostró reacia a intervenir, pero, al escuchar el llanto y el sufrimiento de la niña al otro lado del teléfono, intuyeron que algo iba mal y decidieron hacer una pasada. Una vez allí, consultaron con los mandos y, con su autorización, forzaron la puerta. […]
[…] Si empujan a la niña o niño a enfrentar sus miedos, pueden causarle un tremendo sufrimiento porque para la niña o el niño el objeto identificado como terrorífico se siente como una amenaza vital. Pero, si por el contrario, las madres y los padres optan por protegerlo ante esos miedos aparentemente irracionales, estarían reforzando la idea claramente irracional que la peque o el peque tiene de ese objeto como algo terrible, dañino o peligroso, yendo en contra del criterio de realidad. […]
[…] Porque, amigas y amigos, por mucho que nos pese, las escuelas, a fecha de hoy, están a años luz de interpretar los síntomas o el sufrimiento infantil desde una perspectiva vincular o relacional. Sencillamente, el personal docente, e incluso las orientadoras y orientadores —a menudo conductistas— no tienen suficiente formación para hacerlo. […]
[…] Pero no es extraño que, si atendemos a la culpa y la escuchamos durante un buen rato, demos con una profunda tristeza. Es decir, con un sentimiento de pérdida asociado a algo que para nosotros era o es muy importante. […]
[…] Al regresar con mis compañeras y compañeros, les conté lo que me había pasado, descojonándome de la risa. Y ellos me correspondieron, riéndose de la situación y de mis pechos, ahora más turgentes y sensibles, aunque mancillados en su masculinidad con pelos. […]
[…] es algo que no se puede describir, sólo sentirse cuando lo has captado. A veces, se siente como un cosquilleo agradable en los oídos; otras veces, como si la frente se despejara. Cada persona tiene una forma peculiar de escucharlo y sentirlo, pero lo que siempre pasa es que, al captarse, se liberan de los nervios del cuerpo y de la cabeza. […]
[…] Salí del comedor, y nada más cruzar la puerta el silencio me acarició la cara. Fue una sensación casi física, que llenaba todo mi cuerpo con una paz que no esperaba. Un cosquilleo leve cubría cada poro de mi cuerpo, como si me hubiera quedado en pelotas y cubierto con una tela de seda. […]
[…] Pero yo, que veo las cosas con el filtro de la lucha, no lo puedo ver como ella y pienso: «coño, Mariña, no hagas eso, que le estás dando la razón y alimentando su temor» y, claro, me cabreo un punto más. Y me sale un punto conductista que no me gusta nada reconocer: «estás provocando que nos lo vuelva a hacer». […]
Diputación Foral de Bizkaia mantiene en la EXCLUSIÓN a las y los trabajadores subcontratados, con unos sueldos de MISERIA.
Subcontratación = vasallaje
Subcontratación = precariedad
Subcontratación = falta de profesionalidad
Subcontratación = arbitrariedad
Subcontratación = impunidad
Subcontratación = evasión de la responsabilidad
Subcontratación = clientelismo
Subcontratación = malversación
Subcontratación = irresponsabilidad
No puede ser que haya funcionarias y funcionarios haciendo el MISMO TRABAJO que sus compañeras y compañeros subcontratados, pero ganando prácticamente el doble.
A mismo trabajo, ¡mismo sueldo!
Es hora de hablar. De hacer público lo que hay.
¡Por un convenio justo!
¡Por el derribo de las estructuras que permiten esta VIOLENCIA INSTITUCIONAL!
¡Por unos servicios de calidad!
¡Por dignidad profesional!
Sabes que es cierto y que no te paras de quejar. Así que únete a la estampida:
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