Profesionales CON y profesionales SON: una nueva jerga 

[…] Hay profesionales que cuentan CON herramientas de trabajo y profesionales que SON sus herramientas de trabajo. No es tan difícil distinguirlos. […] 

Hay profesionales que cuentan CON herramientas de trabajo y profesionales que SON sus herramientas de trabajo.  

No es tan difícil distinguirlos. 

Profesionales CON y profesionales SON. Igual estamos creando una nueva jerga.  

A ver, seguramente no haya ningún estudio sobre esto, así que voy a hablar sin tener ni pajotera idea, pero algo me dice que lo que os voy a contar os va a resonar en algún sitio. Ya me contaréis dónde.  

Hay quien va al curro, hace lo que le dice al jefe, cumple con los protocolos, se queja de la peña a quien atiende y se pira para su casa. Para ellas y ellos, existe una diferencia cualitativa con tintes clasistas entre los profesionales que son buenos, competentes y guapos, y las personas a las que atienden, que son cutres, incompetentes y un poco más feas, como si estuvieran hechas de otra pasta. Por eso, rara vez se aplican sus teorías, hipótesis y consejos. Sienten que eso sólo vale para la chusma, y ellos están a otro nivel, alimentándose de néctar y ambrosías, en el cielo.  

Si algo les identifica, es que cuando se ponen nerviosos activan el modo burócrata para evitar toda responsabilidad, proyectándola sobre las personas a quienes han hecho daño u otras compañeras y compañeros. Es como si les metieran una escoba por el culo, y empiezan a decir cosas sin sentido como “es que no hay recursos adaptados a tu caso”, o “lo que tienes que hacer es esto y lo otro” como si levitaran por encima del resto.  

Son veneno para las instituciones que deben cuidar de las personas, entre otras cosas, porque priorizan sin ningún tipo de remordimiento su bienestar personal, el corporativismo y su carrera, sobre las personas que les depositan su confianza. Y las venderán sin reparos si pueden obtener algún tipo de beneficio de ello.  

Sé que los conoces.  

Y sé que tienes algunos nombres en la cabeza, alacrán del desierto.  

Y lo más jodido es que muchos de ellos no tienen un trastorno de la personalidad, ni nada parecido, sino que actúan así —desde la más estricta banalidad del mal— convencidos de que hacen bien su trabajo.  

Imagino que cada caso es un mundo. Pero creo que hay algo en las formaciones que recibimos que fomenta y consolida este truño. No sé vosotros, pero para mí la carrera fue un mero bombardeo de contenidos teóricos y prácticos, dónde lo único que tenía valor es demostrar el saber y el saber hacer, valorándose cero patatero la implicación emocional del alumnado. Tú podías pegarte una pechada antes del examen, vomitar a lo puerco, y sacar un diez, aunque olvidaras al día siguiente lo que habías aprendido.  

Ninguna reflexión sobre el impacto que tiene en uno mismo lo que estaba aprendido. Que a la uni se viene a estudiar y sacar nota, que de eso vive y engorda la burocracia académica.  

Quizás se fue produciendo así, poco a poco y sin darnos cuenta, una barrera disociativa entre lo personal y lo académico. Una barrera que muchas personas siguen mostrando en su puesto de trabajo, considerando su curro como un mero medio para lograr los propios objetivos, como si no hubiera nada ni nadie el otro lado.  

Poco a poco, se van normalizando estructuras y sistemas donde se prioriza la lealtad a las organizaciones sobre el sufrimiento de las personas a quienes debería proporcionarse un buen trato. Porque lo importante es sacar buena nota y que te reconozca la autoridad, como niñatos en la universidad. Y se acaba diciendo de la gente cosas como que “con ellos no hay nada que hacer”, cuando no haciéndose chistes a su costa. Y ojo con denunciar esta realidad o mostrar tu implicación o sensibilidad, porque te van a caer, pim pam, hostias como panes.  

Son gigantes, querido Sancho, y no se puede hacer nada contra ellos.  

Pero también existe otro modelo de profesionales. Los profesiones que SON su herramienta de trabajo. Éstos son conscientes de que están en instituciones maltratantes, y sufren mucho por la disonancia cognitiva que les reporta ser parte de este sistema. Normalmente, viven su angustia en silencio, sin levantar la cabeza porque saben que los cuchillos vuelan, pero han hecho una apuesta firme por ser ellos mismos y defender sus valores siempre que puedan.  

Para ellas y ellos no hay diferencias cualitativas con las personas a quienes acompañan. Muestran un respeto profundo, visceral, sobre las narrativas que les confían, y son capaces de soportar la incertidumbre y el dolor que se deposita en ellas y ellos, acompañando el sufrimiento de la gente que se expone ante ellos.  

Mantienen una relación íntima y cercana con las teorías y sus hipótesis, y se reconocen reflejados en el dolor de la gente que deposita su confianza en ellos, removiéndose en cada palabra y en cada estremecimiento porque, de alguna manera, les paso algo similar o parecido, y pueden honrar y respetar las sensaciones que se han hecho fuertes en su cuerpo.  

A la hora de valorar sus intervenciones no sólo consideran los resultados con los que pueden presumir ente los superiores, sino también la ética y la humanidad con la que han podido atender a lo sagrado: la justicia reparadora asociada los buenos tratos.  

Lo jodido es que muchas veces se llevan el trabajo a casa. No podía ser de otra manera. Lo laboral y lo personal se confunden, porque curran con lo que SON y no con una máscara a medida de sus intereses que ESTÁN IMPOSTANDO.  

Yo les triplicaría el sueldo, porque son las únicas y los únicos capaces de dar valor y enorgullecernos de nuestro trabajo.  

Por eso, creo que es una obligación de todas y todos resaltarlos, rescatar esta narrativa subyugada y colocarla en el lugar que le toca. Acercarnos a su silla y decirles bajito, al oído, con esas cosquillitas del aliento: “sí, colega, gracias, te reconozco como uno de ellos”.  

Pelos como escarpias.  

Gracias, amigas y amigos.  

Yo os veo.  

¿Los ves tú? 

Seguro que sí. No son demasiado buenos escondiendo la cabeza. Por eso, a veces, se la cortan de un tajo 😉 


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

2 comentarios en “Profesionales CON y profesionales SON: una nueva jerga 

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