Autoritarismo, disciplina violenta y trauma

«A los que decís “a mí me castigaron y pegaron, y no tengo un trauma”… siento decir que estáis respondiendo de manera personal, impulsiva y defensiva a un comentario que no iba con vosotros/as. Eso es el trauma.»

No lo voy a negar. Esta frase se escribió desde la rabia, ácidamente y con el objetivo de provocar. Y parece que el objetivo se cumplió. La publicación debió recibir unas cuántas denuncias en Facebook, y la red social reaccionó censurando el contenido del blog.

Ahora, que todo está solucionado, quiero volver a alzar la voz. Pero con más tiempo y templanza, REITERÁNDOME en que cada una de las cosas dichas SON VERDAD.

Cuando un padre o una madre pega —agrede— a un niño o niña, le expone a un conflicto muy difícil de gestionar:

¿Cómo puede integrar que la persona que le quiere, y de quien depende su seguridad, le quiera también dañar?

Porque los golpes hacen daño. Someten por la fuerza. Y cuando llegan de alguien más fuerte que uno mismo, generan miedo y, en los casos más graves, pánico y terror.

El miedo es una emoción que activa el rechazo y la huída como estrategias de protección. Pero un niño o niña no puede rechazar y huir de su padre o su madre, porque en su mente equivale al riesgo de muerte al verse privado de las personas que le sirven para su protección.

Todos los niños y las niñas son leales a sus padres o madres, por mucho que les peguen, abusen de ellos, los abandonen o los maltraten. De hecho, cuanto más severo es el maltrato, mayor es la energía que dedicarán a calmar, complacer o someter al maltratador. Y esto no es un capricho ni una tontería. A fin de cuentas, un niño o niña sólo cuanta con su familia para garantizar su seguridad.

Así que, cuando un niño o niña es agredido, sólo tiene una opción. Encapsular el maltrato. Relegarlo a un segundo plano y dejar de prestarle atención. Porque cada vez que se activa el recuerdo, se activa también la rabia y el miedo, y eso compromete su seguridad.

Todos y todas tenemos núcleos traumáticos en nuestras vidas. Negarlo no es garantía de no tenerlos, sino de que uno no los acepta o no los quiere tratar.

No es raro que los niños y las niñas que son agredidos se sientan también muy culpables. No sólo por sentir que han hecho las cosas mal, sino también por la respuesta descontrolada (huída, agresividad, etc.) que han podido dar.

Se produce así un fenómeno que llamamos disociación. En el que la parte episódica y cognitiva del recuerdo, se escinde de su parte emocional y de la respuesta corporal; creándose también una disonancia en la narrativa de su vida con un hecho que no termina de cuadrar.

Cuando eso ocurre, uno puede vivir de manera eficiente y con aparente normalidad. Negando que sus padres se descontrolaron y que le pudieron dañar. Pero cuando un acontecimiento o percepción conecta con ese recuerdo implícito, salta la respuesta defensiva que en su momento ayudó a sobrevivir y a sentir un mínimo de coherencia en lo emocional.

Esta respuesta no depende del cerebro superior. Es de circuito corto, y se activa como un resorte que no se puede controlar. Luchar, huir, o quedarse paralizado. Y tiene implicaciones a nivel cognitivo (pensamientos, imágenes que vienen a la cabeza), en lo afectivo (activación del cuerpo), y en lo conductual (tendencia al caos o a la rigidez).

Así, cuando una persona escucha

«A los que decís “a mí me castigaron y pegaron, y no tengo un trauma”... siento decir que estáis respondiendo de manera personal, impulsiva y defensiva a un comentario que no iba con vosotros/as. Eso es el #trauma.»

Puede sentir un deseo imperioso de luchar y proteger a sus progenitores. El texto conecta con el trauma y activa la misma respuesta que en su momento sirvió: la fidelidad y la fusión con unos padres de los que no me he podido diferenciar; a costa de legitimar el maltrato como una forma natural de ejercicio de la disciplina, y no como daño resultado de la incapacidad, la inhabilidad o sus dificultades de autorregulación emocional.

Puede apartar la mirada y hacer como que nada pasa. El texto conecta con el trauma y activa, otra de las respuestas que le ayudaron a sobrevivir. Mirar para otro lado, desconectando la parte más emocional. Quitando importancia a los hechos y dejando que mente y cuerpo vayan a su bola, para que no puedan “discutir”. Mala idea, porque en ese caso, la parte corporal, sometida, luchará para hacerse valer, a través de síntomas, somatizaciones, o de nuevo, dificultades de autorregulación emocional.

O puede, también, reconocer el dolor que sufrió como víctima de ese maltrato. Y esforzarse —ahora adulto/a— por crear un relato o narrativa que permita integrar cuerpo y mente, y el hecho de que sus padres hicieron lo que pudieron, pero que, como todo el mundo, tuvieron su trauma y sus dificultades de autorregulación emocional. Sintiendo que ese dolor y ese miedo no tenían que ver tanto con que quisieran hacerle daño, sino que estaban protegiéndose de sus propios fantasmas, actuando a la desesperada y sin control. Y que, a pesar de lo que pudieron afirmar en su momento, también sintieron culpa y vergüenza cuando, tras los golpes, se percataron de su cara de pánico y dolor.

O que, sencillamente, que en su desconocimiento, se dejaron llevar por las ideas de la calle, que ensalzan el autoritarismo y el maltrato como medidas de sanción ejemplares para este “régimen carcelario” y básicamente criminal, relegando a un segundo plano el cariño, los cuidados, y la parte emocional.

No todas las personas que han sido disciplinadas con violencia maltratan a sus hijos e hijas. Pero para superarlo es necesario mirar, abrazar, comprender y consolar nuestro núcleo de dolor.

De esto trata, en parte, la educación familiar.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

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