Habitar las tensiones

[…] A veces, nuestra mejor postura como profesionales no pasa por elegir la narrativa más correcta, construir otra más adaptada a los fenómenos o integrar en un solo relato las diferentes historias posibles, sino por habitar la tensión entre ellas, aceptándola, sosteniéndola, soportando la incertidumbre sin tratar de resolver. […]

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La brújula de la vergüenza

[…] La vergüenza apareció en su doble versión: como fuerza que inhibe los procesos de diferenciación —o los enmarca—, pero también como brújula de incomodidad que indica la frontera fértil en la que pueden emerger fenómenos liminales, a saber, seres, experiencias, ideas, deseos… que no son posibles en el centro de nuestros mundos. […]

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Ser atmósfera: sobre los límites de la narración

[…] Se maneja muy bien en los estados de conciencia caracterizados porque somos alguien con una historia que nos atraviesa. Es decir, que estamos tratando de satisfacer las necesidades más o menos conscientes de nuestro ego. […] Pero no siempre estamos inmersos ese juego, ¿verdad? A veces, nos salimos del marco en el que imperan esas reglas, dejamos de ser historia y podemos ser atmósfera. […]

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