El día que venciste al dragón

[…] Apareció el dragón, con la misma brutalidad de siempre. Pero esta vez saliste en su búsqueda, con firme determinación. Fuiste tú hacia el dragón, con toda esa energía interior. Y sonó un rugido aterrador, tan fuerte, tan grave y tan profundo que el dragón se asustó. […]

¿Recuerdas lo que te dije ayer?

«Has hecho mal, pero me ha encantado, pero has hecho mal, pero me ha encantado, pero has hecho mal, pero…»

Tú me entendiste bien. 

Acechaba un enorme dragón. Un monstruo formidable con piel de hierro, garras gigantescas, capaz de arrasar con todo. Una bestia que no sólo te aterrorizaba a ti, sino también a multitud de niñas, niños, e incluso personas adultas curtidas por la vida. 

Cuando aparece un dragón, lo normal —y no se puede reprochar— es hacerse pequeñita y esconderse. Refugiarse en una cueva, lo más profundo posible. Su energía, su enormidad y su fuego son abrumadores. 

Sin embargo, ayer tú no te escondiste. 

Ví como te poseían Artemisa y Poseidón. La diosa de las fronteras, y el dios del cambio radical. Juntos, haciendo equipo. 

Apareció el dragón, con la misma brutalidad de siempre. Pero esta vez saliste en su búsqueda, con firme determinación. Fuiste tú hacia el dragón, con toda esa energía interior. Y sonó un rugido aterrador, tan fuerte, tan grave y tan profundo que el dragón se asustó. 

Sí, lo vi con mis propios ojos. Se acojonó y se retiró. 

Sea como sea, a a mí se me queda una imagen en la cabeza. Estás tú, en la cima de una montaña, plantando cara al dragón. El dragón te mira desafiante, pero duda ante el poder de tus dioses internos. Hay una barrera que no puede superar. 

Ayer, venciste al dragón. 

Y ese dragón no va a volver jamás con el poder que tenía antes. Al menos, no para ti. 

Se acabó. 

A partir de ahora van a pasar cosas. Muchas cosas. Sólo te pido que estés atenta. Porque, cuando un dragón cede su poder, todo en el reino, en el bosque y en los mares, cambia, como en el ecosistema en el que desaparece un gran depredador. 

Presta atención. 

Pero tengo que advertirte de algo. Escucha, por favor. 

No todos los cambios que te ocurran a partir de ahora serán para bien. Has subido de nivel, has adquirido un nuevo lugar, has hecho efectivo tu poder. Pero un poder puede utilizarse también para hacer daño. 

Estate atenta, Amara, a las tentaciones que puedan surgir de dañar a los demás.

No seas tú la depredadora. 

El poder fascina demasiado. 

No generes el mismo terror, destrucción y rechazo que ese dragón. 

Pero disfruta del alivio, la vitalidad y la potencia que te da la expresión de esa fuerza interior. 

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Deja un comentario