Culpa y trauma: ¿una relación necesaria? 

[…] Todo esto para decir que, coño, colegas, compañeros y amigos, me habéis ganado. Teníais razón en echarme en cara que se me iba la pinza con este tema. Mi teoría hacía aguas. Me doy por vencido, os pongo la medalla, y me marcho caminando hacia atrás, despacito. […] 

Trabajo en un equipo que es la caña. No es coña, es gente humilde, sabia, comprometida y de la que aprendo todos los días. Peña con la que se puede hablar y discutir con intensidad, pero sin perder las formas, porque tienen presente que, en este trabajo, la principal herramienta somos nosotras y nosotros, y hay que cuidarla de cerca, con mimo.  

Son el principal motivo por el que voy a trabajar contento y motivado todos los días. Pero eso no nos quita que, a veces, nos enfrasquemos en unas discusiones filosóficas de la pera.  

El pasado martes, sin ir más lejos, nos enredamos para determinar qué papel cumplía la culpa en el trauma. Parte del equipo defendía que la culpa no necesariamente formaba parte del trauma, mientras que yo decía, todo burro, que sí, que siempre que hay trauma hay culpa. Erre que erre, duro como un botijo.  

Mi argumento iba en la línea de que, si entendemos el trauma como el choque que una persona recibe al ver peligrar su vida, su integridad, o la integridad del contexto que le da seguridad, que le lleva al colapso en ausencia de una respuesta protectora del contexto, siempre habrá algo de culpa, dado que esa extrema vulnerabilidad conlleva la sensación de que uno no puede enfrentarse a la vida y, por tanto, no es suficiente tal y como es, y debería haber hecho algo diferente para protegerse: luchar, huir o lo que sea.  

Y este “debería haberlo hecho de manera diferente” es lo que me conectaba con la culpa. Es decir, con la idea de que uno debería haber obrado de otra forma para enfrentar los acontecimientos. Y es que la culpa, cuando se relaciona con el trauma, es muy jodida. Por un lado, bloquea los procesos de duelo y, en consecuencia, la aceptación de la nueva realidad; y por otro lado, lleva a la persona a negarse el autocuidado porque la única solución [mágica] posible pasa por regresar al pasado y articular una respuesta proactiva que no permite el propio cuerpo: “de nada sirve que me cuide o pueda ayuda si mi dolor se tiene que ver con que debería haber reaccionado de otra manera”.  

Hasta ahí, creo que tenía bastante razón.  

Pero, como tengo una costumbre muy mala, me he pasado un par de días buscando excepciones a mis propios argumentos. Nada, uno que es masoca, y le va la marcha.  

Y ahí es dónde me han ido apareciendo las dudas. Y ya no tengo nada claro, chavalería… 

Porque me ha venido a la cabeza la experiencia de los refugiados de guerra, y en los casos más graves, evidentemente traumáticos. Por ejemplo, gente que ha perdido a su familia en los bombardeos, y que ha tenido que salir por patas porque todo su mundo se había vuelto amenazante y/o se desmoronaba. Y, por un lado, pienso que, en muchas ocasiones debe haber un sentimiento de culpa, en plan, tenía que haberme pirado antes, teníamos que haber ido con otro grupo, no elegimos bien el camino, pero no tengo claro que esa culpa este presente siempre.  

Y ya sabes lo que dice el método científico, basta con una excepción para joder la teoría. Y mi teoría era que SIEMPRE, sin excepciones, estaba jugando la maldita culpa un papel importante.  

También tengo mis dudas respecto a algunos tipos de tramas preverbales y, más si cabe, al trauma prenatal, cosa que tengo muy poco estudiada. Porque, si la afectación del sistema nervioso es meramente somática, como ocurre por la transmisión del cortisol a través de la placenta, ¿dónde encaja la culpa? 

Yo qué sé, quizás encaje de alguna manera de cara el futuro, en niñas y niños que no se regulan bien y, de alguna manera, sienten que deberían hacer mejor las cosas. Pero, claro, no lo veo en los momentos más incipientes del desarrollo, cuando las y los bebés no tienen capacidad para cuestionar sus propios actos.  

Todo esto para decir que, coño, colegas, compañeros y amigos, me habéis ganado. Teníais razón en echarme en cara que se me iba la pinza con este tema. Mi teoría hacía aguas. Me doy por vencido, os pongo la medalla, y me marcho caminando hacia atrás, despacito.  

Y con las orejas hacia abajo.  

Pero, de paso, me gustaría escuchar qué cuentan otras y otros compañeros que sepan más sobre esto. Que entre mis contactos hay peña que pilota que te cagas.  

Porque yo sigo a lo mío, tratando de dar coherencia a algo que, quién sabe, quizás no la tiene.  

Os escucho con gustito.  


Gorka Saitua | educacion-familiar.com 

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