Aviones resistentes al fuego enemigo

[…] Pero Abraham Wald, un matemático, llegó a una conclusión diferente: los puntos rojos solo representaban el daño en los aviones que llegaron a casa.

Las áreas que realmente deberían reforzar, eran los lugares donde no había puntos, porque esos son los lugares donde el avión no sobreviviría al ser golpeado. […]

Encontré esta joya en una página de Facebook que se llama “El Animal Politiko”. Sí, con K de kilo.

Vamos a leerlo despacito:

«Durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados mapearon los agujeros de bala en aviones que fueron alcanzados por fuego nazi.

Buscaban fortalecer a los aviones, reforzar áreas fuertemente golpeadas por artillería enemiga, para poder resistir aún más esos embates.

Su pensamiento inmediato fue reconstruir y reforzar las áreas del avión que tenían más puntos rojos (o que recibían más balas). En teoría, era una deducción lógica. Después de todo, estas fueron las áreas más afectadas.

Pero Abraham Wald, un matemático, llegó a una conclusión diferente: los puntos rojos solo representaban el daño en los aviones que llegaron a casa.

Las áreas que realmente deberían reforzar, eran los lugares donde no había puntos, porque esos son los lugares donde el avión no sobreviviría al ser golpeado.

Este fenómeno se llama sesgo de supervivencia. Es cuando miramos las cosas que sobrevivieron cuando deberíamos centrarnos en las que no.

¿Qué estás mirando en esta crisis?»

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Zonas de impacto en los aviones que habían sobrevivido. Fuente: “Animal Politiko”, página de Facebook.

Desconozco el autor. Tampoco sé si refleja hechos históricos reales, o no. Pero me importa un comino. Porque se trata de la metáfora perfecta para explicar un fenómeno que nos pasa habitualmente desapercibido a las y los profesionales que trabajamos con las personas afectadas por el trauma, o dificultades de autorregulación emocional severas.

Sin ir más lejos, ayer, estaba yo escribiendo un informe. En el informe, hacía referencia a la figura de una madre que utilizaba, con frecuencia, la figura de su expareja como chivo expiatorio. Le culpaba de todos los males de la familia y, además, le atacaba vehementemente, incluso delante de sus hijos.

Mordía y arañaba. Con saña.

Y no cabía ninguna duda. Habíamos sido testigos presenciales de varios episodios de esos.

Por supuesto, se trata, en sí misma, de una conducta censurable. No sólo porque aviva el fuego del conflicto entre las partes, sino porque se utiliza a los niños como arma para infligir un daño, exponiéndoles a un conflicto de lealtades muy difícil de gestionar.

Sin embargo, las conductas o las actitudes de las personas, sólo tienen sentido en un contexto relacional, y personal. Y, a menudo, implican recursos que han ayudado a las personas a sobrevivir a un vuelo peligroso.

En el caso de esta mujer, su pareja se marchó, dejándola a cargo de una madre muy enferma y de dos hijos con dificultades de regulación emocional. Y se situó en la periferia, atendiendo en la distancia, pero sin implicarse en los cuidados del día a día.

Por otro lado, tiene una estructura muy frágil. En términos de apego, de tipo ansioso-ambivalente. Eso, en su caso, significa que, cuando algo le estresa o le preocupa, tiende a caotizar, activando partes protectoras que emiten mensajes contradictorios hacia su entorno como, por ejemplo, la autoritaria, la víctima o la manipuladora, no porque lo quiera así, sino porque es la única forma en la que puede sentir que ejerce algo de control sobre un entorno caótico, que además siente como amenazante. Y para sentir que puede hacer algo para que sus hijos permanezcan a su lado.

Ni qué decir tiene que, cuando la tensión se rebaja, ella es consciente del estropicio. Se da cuenta de que ha actuado de manera perversa, haciéndose daño a sí misma y, en paralelo, a sus propios hijos. Se desata, entonces, un intenso sentimiento de culpa, que no sólo la golpea y bloquea, y también una profunda vergüenza.

En este contexto, que es dinámico y muy complejo, ella activa una solución o ajuste creativo: incorporar a su vida un chivo expiatorio. Gracias a él, puede mantenerse regulada, y con un discurso coherente hacia sus hijos. Puede sentir que tiene el control, y soportar mejor los martillazos del remordimiento, que la destruyen.

Este chivo expiatorio es, para mí, como los agujeros de las balas que los militares mapearon. Es en daño que se ve, lo que es evidente, y que, desde fuera, se percibe como una debilidad o un problema. Sin embargo, habla bien de la estructura de las alas, y de ése modelo de avión de combate. Porque puede ser eficiente, en condiciones extremas, bajo fuego enemigo. Nos indica los recursos que esa persona puede activar, en condiciones extremas.

Pero en la metáfora del avión también hay zonas sin balas. Es decir, puntos débiles. Los lugares que, de recibir impacto, llevan el fuselaje al suelo.

En este caso, uno de esos lugares es la culpa y otro, probablemente, esa vergüenza. Una culpa y una vergüenza que estaban ahí, hace muchos años. Y que se reactivan al más leve movimiento. Curiosamente, los puntos sobre los que los servicios de protección a la infancia siempre actuamos, derribando a los cazas “enemigos” en pleno vuelo.

Yo, me retiro despacio. Y en silencio.


Referencias: 

Página de Facebook "Animal Politiko".

CYRULNIK. B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa

LOIZAGA LATORRE, F. (2016). Evaluación del apego-attachment y los vínculos familiares. Madrid: CCS

NARDONE, G. (2015). Ayudar a los padres a ayudar a los hijos: problemas y soluciones para el ciclo de la vida. Barcelona: Herder

SCHWARTZ, R.C. (2015). Introducción al modelo de los sistemas de la familia interna. Barcelona: Eleftheria

WALLIN, D. (2012). El apego en psicoterapia. Bilbao: Descleé de Brouwer

En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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