Partículas virtuales, redes sociales, zaskas y educación familiar 

La mayor parte de nosotras y nosotros no investigamos, sino que dependemos de terceros para que formulen hipótesis y las contrasten con —nótense las comillas— la”realidad”.

Cuando Martín Heidegger publicó en 1927 su obra cumbre Ser y tiempo, reclamó un retorno a una de las materias clave de la filosofía: la pregunta por el Ser.

Simplificando mucho, Heidegger quiso conocer los atributos de las cosas que son, respecto a las cosas que no son, presuponiendo que existía una línea divisoria clara entre ambos conceptos.

En el marco de sus reflexiones, Heidegger introdujo el concepto moderno de existencia. La entendía como el sentido que el dasein (el sujeto arrojado al mundo) puede otorgar a su vida, al confrontarse con la realidad de la muerte, es decir, a angustia.

En este contexto, la existencia no tiene más sentido que el que ónticamente le podemos dar, lo cual, abre la posibilidad de otra pregunta: ¿es dicha existencia real?

Ese mismo año, Werner Heisemberg desarrolló su afamado principio de incertidumbre que, entre otras cosas, postulaba que la realidad cuántica no poseía unas características independientes de la observación. A grandes rasgos, establecía que cualquier medición nivel cuántico —es decir, en el territorio de lo más pequeño— implicaba la aplicación de energía a las partículas, y esto necesariamente alteraba la localización y la velocidad de las mismas, siendo imposible conocer la realidad como realmente es.

Este concepto, junto con otros, abrió las puertas a la teoría de las partículas virtuales, que son partículas —u ondas, lo mismo me da— que emergen como consecuencia de las fluctuaciones del campo cuántico. Estas partículas presentan tres características: surgen de la “nada”, son volátiles, y desaparecen rápidamente, mucho antes de las podamos medir u observar.

Las partículas virtuales explican muchas interacciones a nivel cuántico. Por ejemplo, cómo un Bosón de Higgs, que tiene masa, pero no tiene carga, puede transformarse en dos electrones, que tienen carga, pero no tienen masa.

Curioso, ¿no?

Pues espera. No he terminado.

Pido perdón por anticipado por todas las patas que he podido meter hablando sobre temas que desconozco en su totalidad 😜

Las matemáticas —es decir, el cálculo infinitesimal de Gottfried Leibniz y Isaac Newton— presuponen una realidad continua. Imagina que divides un segmento por la mitad. Que tomas uno de los dos segmentos resultantes y también lo divides por la mitad. Y que sigues este con este proceso hasta cansarte, ¿llegarías al final? ¿hay algún segmento indivisible?

Parece que sí: la Longitud de Max Plank, que es la distancia que recorre un fotón en el Tiempo de Plank, y que equivale a 1,62 ×10-35 m, y que es la mínima distancia que tiene sentido en el marco de referencia de la realidad.

Para los frikis como yo, diría que la realidad se asemeja a un videojuego o una simulación compuesta por pixels dentro de los cuales parece no caber ninguna información.

Pero eso, ¿es algo, o no?

Estos conceptos, como tantos otros de la mecánica cuántica, desdibujan la dicotomía entre lo que es y lo que no es, invitando a concebir la diferencia entre lo real y lo irreal, como una escala de grises, y no como la tradicional línea divisoria entre el blanco y el negro.

Establecen un nuevo paradigma para la comprensión de la realidad, en la que lo que es no tiene una realidad independiente de la actividad del observador. La tradicional división cartesiana entre sujeto y objeto se emborrona, cuestionándose la estructura básica de lo real.

Pero… ¿Por qué hablo de filosofía y mecánica cuántica en un blog sobre educación familiar?

Porque me sorprende la vehemencia y la seguridad con la que muchas y muchos profesionales de este sector —entre los que a menudo me incluyo yo— defienden sus ideas o su opinión.

La mayor parte de nosotras y nosotros no investigamos, sino que dependemos de terceros para que formulen hipótesis y las contrasten con —nótense las comillas— la “realidad”.

No existe un corpus teórico común que defina los conceptos que son comunes a nuestro trabajo, de manera que casi cada estudio presenta sus propias definiciones y matices conceptuales que le dan sentido y veracidad.

Confundimos ideas y conceptos lo real. Cuando, en la práctica, sólo son construcciones que nos sirven para explicar aquellos aspectos en los que hemos puesto nuestra atención y nuestra maquinaria cerebral.

No es ningún secreto que leemos poco. Y lo que leemos no suelen ser estudios científicos, sino material de divulgación. Trabajos preparados por terceros para facilitarnos a nosotras y nosotros, que somos limitaditos, una cómoda digestión.

Sabemos que lo que aprendemos lo hacemos porque encaja en nuestros esquemas mentales previos, o en nuestra capacidad de acomodación. Y que gran parte de este aprendizaje viene mediado por las cosas que sentimos que nos sirven a nosotras y nosotros mismos, para protegernos o funcionar mejor. Es decir, que tiene un componente egocéntrico más que evidente.

No es ningún secreto que tenemos muchas heridas abiertas. Y no hace falta más que un paseo por las redes sociales para ver y sentir nuestra tendencia a proyectar.

Para más narices sabemos que nuestra predisposición inconsciente condiciona y retroalimenta las relaciones que sostenemos con los demás. Que nuestros prejuicios, cuando les aplicamos suficiente energía, pueden comportarse como esas partículas virtuales, que se transforman en reales y empiezan a vibrar y chocar, interactuando con las demás.

Y con ello, pretendemos explicar no sólo una estructura tan compleja como el cerebro, sino varios de ellos en la circularidad de las interacciones. O lo que es peor, el devenir de lo macrosocial.

Para que te sientas orgulloso de un zaska en Twitter, o de haber ganado por likes una discusión.

Pues nada… que eso. Un poquito de humildad.


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

 

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