El pensamiento dicotómico | Paradigma de la estupidez en servicios sociales 

Podemos definir “estupidez” como la persistencia del ser humano para recaer en un pensamiento que le aleja de la verdad y le lleva a obrar simplista o en perjuicio de sí mismo y de los demás.   

Esta estupidez se asienta en varios pilares. Uno de los más profundos es la afición por el PENSAMIENTO DICOTÓMICO. Vamos a verlo.  

Éste tiene muchas ventajas. Por eso se hace fuerte. Entre ellas, nos permite economizar la energía, decidir con rapidez, y sentir seguridad.

La principal función de nuestro cerebro es sobrevivir y sentir esa seguridad; pensar de manera objetiva y para desvelar la verdad es un lujo que a menudo no nos podemos permitir.

Sin embargo, en nuestro trabajo —y en la relación con las personas que nos importan— es importante que transcendamos nuestro instinto de supervivencia, y nos esforcemos por ir más allá. Y no sólo es una cuestión práctica, sino de justicia social.

Las personas que trabajamos en protección a la infancia, no estamos libres de esta modalidad de estupidez, y es, por tanto, muy importante tener las alarmas bien configuradas. Porque seguro que has caído alguna vez en la tentación de pensar así.

No te culpes. Yo también.

Te sonará:

Profesionales VS usuarios/as. Lo sé, empiezo por la parte incómoda. Por la que todas y todos podemos sentirnos aludidos ¿Intuís a dónde quiero llegar? Quizás las diferencias entre profesionales y “usuarios” —odio la palabrita por las connotaciones despectivas que a menudo tiene— sean artificiales. A fin de cuentas, una relación productiva es aquella en la que dos personas ponen sus recursos y vulnerabilidades al servicio de un objetivo común, y lo que es más, exponen su ser más profundo para cuidarse y tratarse bien. Sencillamente, la asimetría está de más y sólo compromete la relación.

Políticos/as VS técnicos/as. Otra que nos gusta mucho pregonar. Y yo por delante ¿Será porque el personal técnico o de campo no tiene ninguna motivación política? ¡Venga ya! No hay intervención educativa ni social sin valores, y los valores expresan necesariamente una visión ideal de la sociedad.

Los que estamos debajo, en el barro, tendemos a menospreciar el trabajo de los políticos, tachándolos de oportunistas, inútiles, aprovechados r incluso egoístas. Pero la realidad es que es lógico que los servicios sociales estén supeditados al poder político, porque su gestión debe supeditarse al interés general, y el instrumento que mejor mide dicho interés —por mucho que a veces no lo parezca— es el voto en las urnas. Además, es de ignorantes no poder percibir la dificultad y la complejidad que hay detrás de gestionar los fondos públicos, llegar a acuerdos con los competidores, y tomar decisiones polémicas sin que afecten demasiado a los resultados electorales. Simplificar esta realidad como falta de empatía o ética es un insulto para quienes están en esos puestos de responsabilidad, que muchos no queremos.

Genética VS ambiente. Va siendo hora de que incorporemos el concepto de EPIGENÉTICA a nuestro lenguaje. Vale, no hemos estudiado biología molecular, ni tenemos un doctorado en genética, pero, hombre, no puede ser que la primera pregunta que nos hagamos para interpretar un síntoma siga siendo si el susodicho o la susodicha lo traía de serie. Y lo que es peor, que ese “diagnóstico” siga determinando las expectativas de cambio y bienestar que atribuimos a la persona.

Buenos VS malos. Un clásico. Héroes contra villanos. Cómo en las pelis de superhéroes. Qué bonito. Con un añadido narcisista. Qué nosotros siempre salimos bien parados, en el equipo de los buenos.

Sin embargo, la realidad se impone. Y todas y todos tenemos una parte comprensiva, y otra —u otras— protectoras, que se activan con el miedo. Y que dan lugar a reacciones rápidas, viscerales, en las que no cabe la función ejecutiva de nuestro cerebro. Quizás debamos, por tanto, cambiar el discurso, y dejar de hablar de gente mala o egoísta, sino de personas que lo pasan mal o sienten miedo.

Potencialidades VS limitaciones. Otro clásico, como el Madrid – Barça. Como si fuéramos un compendio de fichas verdes y rojas, como un juguete de Lego. Cuando la realidad es que todos y todas somos vulnerables, y que es precisamente en esa vulnerabilidad dónde está nuestra mayor riqueza: la capacidad de resonar y sentir de cerca lo que están pasando los demás, y acercarnos a ellos y ellas desde el cuidado, el respeto y los #BuenosTratos.

Salud VS enfermedad mental. A la derecha unos, y a la izquierda los otros. Y Jesucristo que reparta justicia en el medio. Cuando la realidad es que la enfermedad mental es sólo una etiqueta, un constructo que se atribuye a algunas personas para darles una medicación, y para justificar nuestros errores o dar importancia a nuestro trabajo.

Apuesto por eliminar de mi lenguaje la palabra “enfermo mental”, que no es sino una forma más sofisticada de decir “loco”, “tronao” o “jodido de la azotea”.  Y apostar por hablar de soluciones desesperadas que las personas han podido y sabido dar a problemas —a menudo sostenidos en el tiempo— muy complejos.

Hablar de enfermos mentales es poner etiquetas para segregar y someter a quien sólo se está cuidando.

#CambiarLaMiradaEsUnActoPolítico, y nosotras y nosotros deberíamos estar en la vanguardia de este movimiento. Para ello, lo primero es modificar el lenguaje, desarrollando una gramática de la complejidad que nos permita, no sólo superar la estupidez, sino percibir de manera comprensiva e integrada la realidad, tal y como nos merecemos.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

4 comentarios en “El pensamiento dicotómico | Paradigma de la estupidez en servicios sociales 

  1. Eva

    Como tú mismo dices, para sobrevivir o simplemente mantenernos cuerdos, a veces (muchas veces incluso) tenemos q despotricar contra las políticas públicas, o el sistema; es una pataleta, pero relaja un poco.
    Somos los “buenos” cuando contamos nosotros las películas, cuando las cuentan otros la cosa cambia y con frecuencia se difunde públicamente una imagen bastante negativa de nuestro trabajo que dudo q se adecúe a la realidad.
    La enfermedad mental no es solo una etiqueta, al igual que haber sido abandonado/a, por ejemplo, tampoco lo es. Cierto q en muchos casos ha sido la “única” alternativa de supervivencia, pero no por ello deja de ser real en la actual forma de poder actuar esa persona y por tanto de los cambios que podamos plantear.

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  2. Sonia Gonzalez

    Está haciendo tanto daño esta dicotomía en los SS
    Me mantiene en este camino las respuestas que a veces en segundos me devuelven los niños y niñas y familias a las que acompañó
    Gracias por acompañarme-nos también en este camino

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