[…] Aquél día me fui para casa torcido. Aquella persona me estaba dando las gracias, con verdadera sinceridad, por algo que había hecho sin ganas, con tedio, y con la sensación de que no valía ni pa tomar por culo. Pero, luego, me acordé de que era justo lo que estaba vinculado a su demanda inicial, aquella que yo había ignorado. […]
Seguir leyendo «Un elefante en una cacharrería «






