¿Qué imagen llega cuando dejas de buscar significado a las cosas?

[…] no tenemos tiempo —y yo me atrevo a decir que tampoco legitimidad empresarial o institucional— para hablar de estas cosas. Apenas nombramos los efectos que tienen en las personas el modelo de relación que creamos y sostenemos con ellas. Sin embargo, es el núcleo invisible de nuestro trabajo. […]

¿Qué imagen llega cuando dejas de buscar significado a las cosas?

No me digas que no. Quienes trabajamos con el sufrimiento humano, solemos albergar la idea mágica de que, si explicamos suficientemente bien lo que está pasando, a saber, las relaciones de poder, las dinámicas interperpersonales, el funcionamiento de la mente, o las funciones del síntoma, es más probable que hagamos un buen trabajo.

Explicar se convierte así en el principal o el mejor recurso para actuar “correctamente” y facilitar el camino a las personas a quienes acompañamos.

Sin embargo, rara vez nos hacemos la siguiente pregunta: ¿en qué nos convertimos cuando aceptamos que no podemos acceder a determinados significados? Porque podría ser —no lo sé— que esa transformación sea justo lo que movilice algo diferente o inesperado.

Ayer mismo, una mujer me mandó un mensaje dándome las gracias por lo que había hecho por ella y por su hija. Para mí fue un mensaje verdaderamente emotivo. Lo curioso, es que quizás era la única visita tras la que había salido con sensación de fracaso, y de no haber conseguido absolutamente nada.

En realidad, me había rendido ante el hecho de que no tenía ningún poder sobre su situación, ni ninguna idea clara.

No es la primera vez que me pasa.

La cosa es que, en mi turbación, acepté internamente y luego explícitamente que todo era una mierda, que estábamos atrapados, que no había salida y, sencillamente, me dejé llevar por los acontecimientos. Charlamos un poco del problema, a veces de otras cosas, pero ahora desde un plano más igualitario: «ninguno sabemos qué hacer, por lo que somos la misma mierda». Y nos cachondeamos un buen rato.

Estas cosas deben llevarnos a la reflexión. Cuando una persona agradece explícita o implícitamente determinados movimientos en nuestra forma de estar en la relación con ella, creo que tenemos que apuntarlo. Porque, igual, sólo igual, también nos está diciendo que antes estábamos siendo parte del problema.

Revisemos lo que estaba pasando antes. Una madre no puede ⭢ el educador empuja (trata de ayudar y encontrar respuestas) ⭢ la madre se siente más fracasada ⭢ el educador, que es gilipollas, insiste ⭢ vagal dorsal de la madre que lo flipas ⭢ el educador asume más responsabilidad de la que le compete. Y así todo el rato.

Ya, ya, que tú lo ves muy claro, oye. Pero hay que vivirlo desde dentro.

Sin embargo, esa dinámica se rompe en el momento en el que el educador acepta que no puede, y pasa de estar colonizado por Atenea (la diosa de la inteligencia práctica, la justicia y la guerra estratégica), a ser un maldito Trickster (el bufón pendenciero que puede decir las verdades al rey, y que hace reír justo por nombrar la realidad sin filtros).

Porque, después del Trickster, llegaron otras cosas. Y algunas me sorprendieron. Por ejemplo, cuando salió de mí algo parecido a “madre mía, qué bonicas sois”, desde mi más sincera ternura y cariño, como una Hestia (la diosa del hogar) que reconoce con gusto y amor el calor que sigue haciendo habitable esa sala.

Yo no soy así, me dije. Me están haciendo blandito.

Pero dejadme que me vuelva a poner técnico, porque ahora:

Una madre no puede (claro, sigue sin poder) ⭢ el educador se baja del burro: «pues qué mierda, yo tampoco puedo; y ambos nos jodemos» ⭢ la madre se siente un pelín más competente (obvio, ella hace por su hija mucho más que este calvo acomplejado) ⭢ la madre echa en cara con humor al educador su incompetencia ⭢ el educador se rinde ante la evidencia y se descojona ⭢ la madre siente que se le cede al control, y se relaciona con más naturalidad con su hija ⭢ el educador observa la relación entre ellas, y siente ¡ternura! ⭢ ¿qué es lo que agradece la madre? Ni puta idea. No quiero saber, porque sé que intentar saber me lleva de nuevo al punto de partida.

Sólo sé que mi cambio de posición,ha cambiado todas las fichas del tablero y, si me apuras, incluso las reglas del juego.

Lo comentaba el otro día con un compañero: no tenemos tiempo —y yo me atrevo a decir que tampoco legitimidad empresarial o institucional— para hablar de estas cosas. Apenas nombramos los efectos que tienen en las personas el modelo de relación que creamos y sostenemos con ellas. Sin embargo, es el núcleo invisible de nuestro trabajo.

Porque no es extraño que el mandato institucional nos fije en determinadas posturas, que son esas que son interpretadas como propias de un profesional competente, que sabe hacer bien su trabajo. Sin embargo, prácticamente todos los buenos acompañamientos pasan por flexibilizarnos nosotras y nosotros primero. Porque, cuando uno cambia, algo pasa en los sistemas que acompañamos.

Pues bien, de estas cosas hablaremos en el curso – taller LABORATORIO ARQUETIPAL | Una mirada múltiple hacia el sufrimiento humano, que empieza el día 01/10/2026. Más información en la primera entrada de www.educacion-familiar.com.

Aprovecha la ecología relacional que llevas dentro.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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