[…] Sea como sea, debemos ser conscientes de que el miedo sube a toda hostia, como si Tyson te metiera un gancho con la derecha, pero que necesita mucho tiempo para bajar, sobre todo si ha tenido la oportunidad de convertirse en ansiedad, es decir, en ese miedo difuso aparentemente no asociado a nada concreto, y que nos hace sentir francamente mal. […]
Hace un día espléndido para recordar que las niñas y los niños necesitan TEMPO, mucho tiempo, para adaptarse a la nueva rutina escolar, sobre todo si tienen que enfrentar un cambio de ciclo, de compañeros/as y/o de profesor/a.
Seguimos viendo en el mito de que un niño está adaptado a la escuela cuando deja de llorar, pero creo que no descubro la penicilina si digo que hay muchas formas sufrir que no necesariamente pasan porque el cuerpo pueda pedir la ayuda que necesita a los demás.
Cuando una niña o un niño tiene que enfrentarse a un reto que siente formidable —y aquí da igual que al adulto le parezca una chorrada, porque para ella o él sí que lo es—, como el que hemos señalado, se produce un pico de ansiedad.
Pum. Hostia parriba.
Ya sabéis que la ansiedad es el miedo que no está asociado a un estímulo del presente que se pueda superar o evitar y que, por tanto, tiene muchas posibilidades de quedar atascado en el cuerpo como un malestar difuso en la zona del pecho, de la barriga o en forma de rigidez muscular.
Sea como sea, debemos ser conscientes de que el miedo sube a toda hostia, como si Tyson te metiera un gancho con la derecha, pero que necesita mucho tiempo para bajar, sobre todo si ha tenido la oportunidad de convertirse en ansiedad, es decir, en ese miedo difuso aparentemente no asociado a nada concreto, y que nos hace sentir francamente mal.
Pero también, tenemos que aceptar, de una vez por todas, que las niñas y los niños muchas veces tienen una capacidad asombrosa para disimular el miedo y la ansiedad, porque son emociones difíciles de gestionar tanto para las figuras adultas que les cuidan en casa o en el cole, como para las niñas y niños con los que se tienen que relacionar. Y ya sabes que uno no puede crear un buen modelo de relación con las emociones que el entorno no acepta y no pone en valor.
Pues bien, si juntamos una infancia que no desea que se visibilice su miedo, con personas adultas que no lo pueden gestionar, tenemos el caldo de cultivo perfecto para procesos represivos, disociativos, incisivos, que son una de las razones por las que peligra la salud mental de la infancia.
Por eso, es tan importante tener ciertas nociones sobre la regulación del miedo. Porque el miedo y la ansiedad no se suelen regular nada bien con frases del tipo “no pasa nada”, “ya está”, “tienes que ser fuerte”, o el resto de mierdas que solemos hacer, sino que el miedo se empieza a regular en contacto con la seguridad que puede propiciar la conexión.
Es decir, que las niñas y niños no necesitan argumentos a favor de que no pasa nada o que todo está bien, sino sentirse apoyados y respaldados en su miedo (o ansiedad) por las personas en las que habitualmente pueden confiar, porque sólo así pueden sentir que el problema no es sólo suyo, sino también de un adulto que reconoce como legítimo y lógico el sufrimiento que puedan padecer.
«El problema no es sólo mío, es de mi madre o mi padre también.»
«Toda la tribu está conmigo, y va a responder.»
Pero, para ello, hace falta primero que los adultos reconozcamos el miedo que la infancia está pasando durante el comienzo de este curso. Miedo a la exigencia, miedo a la reacción de los compañeros, miedo a no gustar, miedo a no estar a la altura, miedo a que les roben el bocadillo, a los comentarios denigrantes que observan alrededor, miedo a estar aislados, etc. Para decirles, después, que entendemos que ir al cole es, a veces, complicado, y que pueden contar con nosotras y nosotros para lo que pueda venir.
Y luego, que pongamos en valor de la “desescalada” de esa ansiedad que ha durado días antes y días después del primer día de clase, no baja de golpe, como si te tiraran de los huevos, sino que requiere tiempo para retomar, paso a paso, poco a poco, la conexión con la seguridad. Porque es una maravilla acompañarles en la liberación progresiva de la presión que se produce a través de esas válvulas o recursos que les permite —a algunas; a otras desgraciadamente no— retomar el sentido de competencia ante esta nueva situación donde el peligro no está sólo en la imaginación, sino también en el mundo real.

* Ya sé, la escalada nunca es así, también hay subidas y para nada son tan predecibles, pero nos sirve para entendernos, ¿no?
—
Referencias:
GONZÁLEZ, A. (2023) ¿Por dónde se sale? Cómo deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro. Barcelona: Planeta.
—
Gorka Saitua | edcuacion-familiar.com
