Abrazada a una pelota

Una historia de duelo infantil. 

La primera vez que hicimos un Skype, apenas quería hablar. Me hizo muy poco caso y pronto pidió hablar con su abuela. Nos despedimos rápido y mal. 

Me quedé tirado en la cama del hospital, planchado. 

«Llevamos días sin vernos, estoy jodido, ¿y me tratas así?», pensé primero. Y eso… bueno… lo llevé medio bien. 

Pero, pronto, se abrió una HERIDA en mi pecho. 

«No soy importante para ella.», me dije, y sentí como todo mi mundo se tambaleaba, perdía el pié, y me iba a un agujero frío y oscuro. 

Estuve un buen rato ahí. Más solo y pequeño que nunca, con la sensación de que nunca, nunca podría salir. 

Como no soy un ser de luz, tengo mis propias heridas. Y una de ellas, muy totxa, tiene que ver con ese sentimiento de VERGÜENZA que me dice y me repite que “no soy importante”, por mucho que me esfuerce por hacerme ver. 

«A ver, tío, piensa un poco», me dije. Estás en un estado VAGAL DORSAL de mierda, pero sabes que tienes una cuerda por la que, no sin esfuerzo, puedes trepar. 

Esa cuerda es mi cerebro racional. El que muy a menudo me ha ayudado a salir de ahí. Así que me pregunté, con cierta apatía, ¿qué mierda de pato ha podido pasar?

Fue formular la pregunta, y llegarme la respuesta. Quizás sea que mi hija, la pobre, está sufriendo un DUELO, y todavía le cueste mucho aceptar que no estoy allí. 

Las fases del duelo no siguen una lógica lineal, pero a menudo se definen —muy simplificadamente— así: negación, rabia, tristeza, aceptación y agradecimiento. Y lo que yo había sentido, durante esa llamada, era esa negación (“¡no está pasando!”) y esa rabia (“¡no quiero que pase!”), que es natural. 

Coño, claro, colega, que estamos a día 2. 

Lo que pasa es que, cuando nuestra historia no está bien integrada, lo NATURAL toca con el TRAUMA, y saltan chispas que pueden prender un fuego. 

Que, menos mal que colgamos y se acabó, porque mi hija, ahora, lo que menos necesita es sentir que sus palabras han hecho daño a su padre, dejándole ausente y jodido. Porque la CULPA es lo que más dificulta que el duelo siga su camino natural. 

Cuando pudimos, hablamos mi mujer y yo, y creo que tomamos algunas decisiones en plan bien. La primera, es que teníamos que respetar mucho las rutinas de la peque, para que no sienta que su mundo se desmorona más. La segunda, que igual era la primera, fue que su madre tenía que pasar mucho tiempo con ella, aunque eso limitara sus visitas al hospital. La tercera, que le iba a escribir un cuento para que pudiera empezar a poner palabras a lo que le estaba pasando, eso sí, a su ritmo y sin ninguna imposición. Y la cuarta que iba a recibir un regalito de su aita para decirle, así, que le sigue queriendo y cuidando en la distancia y que, nada de lo que pueda hacer ahora, esta mal.

El tercer día, se puso moñitas por la calle. 

—¿Echas de menos a Aita? —le preguntó su ama. 

—A aita no, ¡la pelota! —respondió ella, enfadada. 

—Vale. 

Y estuvo abrazada a la pelota gran parte de la tarde, sin quererla soltar. Apenas jugó en el parque. Todo le daba apuro, y necesitaba estar cerca de las personas adultas que son importantes para ella. 

Y claro, visto el panorama y resonando con ello, se le dejó decidir más de la cuenta, y recibió más caprichos que de costumbre. Bien. 

Pronto llegó el regalo, que le gustó mucho. Y el cuento, también. 

Hoy, al cuarto día de ingreso, ha PODIDO DECIR que me ECHA DE MENOS en casa, que QUIERE hacer conmigo un Skype. La conversación ha sido alegre, calmada y divertida, y ha aceptado con naturalidad despedirse. 

Qué guay.

Y algo, muy profundo, ha vuelto a la normalidad dentro de mí. 


Referencias: 

BARUDY, J. y DANTAGNAN, M. (2009). Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa

DANA, D. (2019). La teoría polivagal el terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria

PITILLAS, C. (2021). El daño que se hereda. Comprender y abordar la transmisión intergeneracional del trauma.Bilbao: Descelee de Brouwer


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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