Democracia, violencia y educación familiar 

Sobre cómo la ausencia de autoridad puede hacernos violentos.

Voy a decir una burrada.

Quizás, una de las principales causas de la Guerra Civil Española, fue la II República. De hecho, puede ser que el golpe de estado de Julio de 1936 sólo fuera la consecuencia lógica de todo eso.

Así, sin vaselina.

No es un secreto. Me considero [bastante] demócrata, y de ideología muy tendente a la izquierda. Detesto la monarquía y milito por los buenos tratos entre las personas. Y este artículo no va a cambiar nada de eso.

Que no. Dios me libre.

Sin embargo, creo que la democracia —por la que apuesto decididamente— es intrínsecamente violenta. El motivo es que, a diferencia de la dictadura, en una democracia [supuestamente] CUALQUIERA puede acceder al poder. Y en la esperanza de poder ejercer el control y gobernar, se crea un sustrato de DESEO MIMÉTICO (René Girard, 1972), que nos afecta a todas y todos.

La idea que hay de base es que el poder se nos presenta como algo DESEABLE, por el mero hecho de que es algo que desean nuestros iguales. Y de ese confluir de deseos se deriva que unos pueden ser los dominantes (los exitosos, los reconocidos, los deseados), y otros los dominados (los fracasados, los olvidados y los repudiados). Esto genera una lucha sin cuartel por lograr lo que percibimos como DESEABLE, aunque no tengamos conciencia alguna de lo que realmente es.

La paradoja es que un poder autoritario, aunque ejerza expresamente la violencia, puede generar cierta paz. Quizás, por dos mecanismos sencillos, pero muy eficientes:

El primero, que limita las personas que pueden acceder al poder, bien a los miembros de una familia, en caso de monarquías absolutistas; o a los miembros preferidos de un comité de gobierno, en caso de regímenes militares o de otro tipo.

Y el segundo, que facilita la designación de un chivo expiatorio —el gobernante autoritario y violento— para toda la sociedad subyugada. Y eso, automática y muy eficientemente, genera sentimientos de solidaridad y comunidad.

Vale, sí. También puede reprimir y matar; y dejar las cunetas sembradas de cadáveres. Lo hemos visto cerca. Pero ya se cuidará, en su discurso público, de dejar bien claro que su lucha es en contra de una MINORÍA rebelde. Que la mayoría no corre peligro.

Eso no pasa en la democracia. Donde todos permanecemos activos, los unos contra los otros. Echad un vistazo al Twitter y otras redes sociales. Es la guerra, pero sin balas ni trincheras. Parece que sólo valen los extremismos como forma de autoafirmarse denostando al otro.

¿Os imagináis eso con un régimen verdaderamente autoritario?

Pues todo eso es válido, también, para las familias.

Quienes trabajamos en intervención familiar, lo vemos a menudo: la violencia surge en los contextos “democráticos”, en los que todas y todos tienen el mismo estatus y los mismos derechos. Donde todo se habla, y donde —con independencia de la propia madurez— todas las personas tienen la misma capacidad de decisión y palabra.

Es la consecuencia lógica de querer todos lo mismo, vivir perpetuamente en tensión, y sentir que, con el debido esfuerzo, podemos lograrlo.

Parece que es la naturaleza humana. En demasiadas ocasiones, necesitamos una autoridad sobre la que proyectar nuestra desgracia, para sentirnos más seguros y vivir más tranquilos.

O, yo que sé. Alguien que mande, para evitarnos más trabajo, tensión o conflictos.

Y tú, ¿qué piensas?


* Nota al final: repito que me siento demócrata y republicano. Guardad, por favor, las piedras.


Referencias:

FOCUAULT, M. (1975). Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. Madrid: Siglo XX 

MINUCHIN, S. (1998). Calidoscopio familiar. Barcelona: Paidós

NARDONE, G.; GIANNOTTI, E.y ROCHI, R. (2012) Modelos de Familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder

GIRARD, R. (1972). La violencia y lo sagrado. Barcelona: Anagrama

En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

 

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