Tu madre y tu padre no son enemigos entre sí, sino del dolor que llevan dentro  

La carta —que nunca entregué— a un adolescente atrapado en el conflicto entre sus padres.  

¿Intuyes por qué me la guardé? 

Hace tiempo me pediste que, si tenía la oportunidad, hablara con tu madre sobre lo mal que lo pasas cuando sientes que debes elegir entre tu padre y tu madre. Yo te respondí que lo haría, pero que me concedieras un tiempo, porque tenía que esperar al momento adecuado.  

Hoy he hablado de ello con tu madre. No es la primera vez que lo hacemos, pero creo que es la primera vez que hemos profundizado en ello. Por eso, me gustaría compartir contigo lo que hemos hablado, para que nos digas lo que piensas o sientes.  

Lo primero que quiero decirte es que veo que lo estás pasando muy mal por este motivo. Que es injusto que puedas sentir que quienes estamos al rededor tuyo, ignoramos o quitamos importancia a el sufrimiento que estás transitando. Pero, si alguna vez sientes que es así, es porque la situación también nos desborda a nosotros, llevándonos a actuar en piloto automático, bajo la premisa de que prestar atención a ese dolor, es hacerlo más grande y menos llevadero.  

Quizás no seamos hacer las cosas de otra manera, pero debes saber que empezamos a ver que nos equivocamos. Que necesitas que prestemos más atención a lo que estás pasando, y que respetemos tu forma de gestionar ese malestar, porque tampoco tú estás en disposición de hacer las cosas de manera diferente. 

Entre tu madre y tu padre, las cosas son muy complicadas. Creemos que estás en una situación muy difícil porque, hagas lo que hagas, puedes sentir que el resultado será malo. Es la peor situación en la que una persona puede estar, un problema sin salida, porque no te sirve pensar, luchar ni huir. Sólo te queda la opción de hacerte el muerto, en un intento desesperado de que las cosas vuelvan a su lugar, desapareciendo tú del mapa. Y ni siquiera esa opción es buena, porque puedes recibir reproches por no hacer nada. 

Lamentamos mucho que ten tengas que comer toda esa tensión tú sólo. Y entendemos que, en esta situación tan dolorosa, sientas que no puedes confiar en nadie, porque nadie ha demostrado ser suficientemente fuerte como para hacerse cargo de tu dolor, y no perder el control por el camino. 

Creemos que esta situación no se reduce a los momentos en los que sale el tema, sino que es una tensión que soportas todo el rato: cuando tus padres discuten, cuando vas de vacaciones, cuando vuelves, y en cualquier momento del día. Porque, cuando no está pasando, sientes una angustia permanente, porque en cualquier momento puede hacer un movimiento alguien que te recuerde el tema, y volver a esa sensación de que todo puede venirse abajo, y que, además, te reprochen por ello.  

A pesar de todos esos reproches, explícitos o implícitos, queremos que sepas que tú NO TIENES LA CULPA del malestar que hay entre los adultos a quienes quieres. En la situación en la que estás, no hay forma de hacer las cosas suficientemente bien como para contentar a todo el mundo. 

Sencillamente, te encuentras en un campo de batalla en el que todos disparan para protegerse, y tú te encuentras en medio de ese campo de tiro. Ojalá en algún momento pudiera parar esa guerra para que, bajo la bandera blanca, ambos contendientes pudieran salir, encontrarse contigo, y cuidarte las heridas 

Porque ahí, entre trincheras, tirado en el suelo y con heridas de bala, es probable que sientas que a nadie le importas y que nadie quiere estar contigo. Que sientas que has perdido la esperanza de retornar a un lugar cálido, agradable y seguro. Y quizás, en algún momento, hayas podido sentir que sería mejor dejar de luchar y rendirte a la muerte, para dejar de sufrir, pero sobre todo para dejar de sentir que haces daño a las personas a quienes quieres.  

Pero déjame que te diga una cosa. Algo en lo que creo.  

Tu padre y tu madre no lo saben, pero no son enemigos. El único enemigo que tienen es el malestar que sienten por dentro. El problema es que no confían en que ese malestar puede gestionarse de manera positiva, por eso se lo lanzan entre ellos. Pueden que tengan, como otras muchas personas, metida en la cabeza la idea de que sentir de manera intensa emociones dolorosas es peligroso, quizás porque nunca nadie les enseñó que podían cuidar de lo que sienten, para transitar el dolor sin volverse locos.  

Me entristece mucho que tú estés pasando por lo mismo. Que sientas que sólo puedes apagar lo que sientes para encontrarte mejor, y tirar hacia delante. Porque creo que lo que mereces es alivio. Un alivio muy grande tras tantos años de sufrimiento. Pero ese alivio sólo lo podrás disfrutar conectando con todo ese dolor y vomitándolo con ganas. Tu sistema nervioso, tu estómago y tu corazón, no se merecen permanecer en tensión tanto tiempo.  

Pero me temo que, para que tú puedas relajarte, necesitamos que tu padre y tu madre sientan también ese alivio. Que vomiten y se cuiden con cariño las partes que han sido dañadas. Porque sólo cuando puedan tratarse con cariño a sí mismos, podrán conectar con lo que estás pasando, sin sentir que ello es la gota que colma el vaso, y que puede mandar a la mierda todo. 


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

 

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