Encontrarse en el dolor

[…] Y le digo, también, que toda esa tensión que queda atrapada en el cuerpo durante el reflejo vagal dorsal, intenta buscar una salida, expresarse, movilizar las respuestas protectoras (lucha, huída…) que en otro lugar y tiempo no se pudieron activar, siendo lo lógico que se movilicen precisamente con las personas que les dan o sugieren cierta seguridad. […]

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He conseguido que no me haga daño

Hoy os quiero recomendar el libro INVISIBLE de Eloy Moreno, sobre el #acosoescolar.

Ninguna tontería.

Menuda llorera.

Una de las cosas que más me ha llegado es cómo el protagonista y niño acosado crea recursos —en su caso un pensamiento mágico— para seguir sintiendo que tiene en control de la situación. Imagina que tiene el superpoder de hacerse invisible y, así, evitar el maltrato de su contexto. Algo que es coherente con lo que ve a su alrededor, dado que todo el mundo le hace el vacío, como si no se percatara de su presencia.

Este recurso #disociativo lo mantiene lejos de la realidad pero, hasta cierto punto, a salvo. Porque lo que le rompería de verdad, lo que es inasumible, es aceptar que toda la peña de su alrededor es consciente del maltrato que sufre, del que no puede protegerse, y nadie hace nada.

Esto me conecta con la experiencia de mi propia hija, en cuya escuela hay un niño que le pega. El otro día, al salir de clase, le pregunté qué tal le había ido, y me contestó:

—Bien, aita, HE CONSEGUIDO que no me haga daño.

Ya que hablamos del dolor invisible de la infancia, ojo con esto. Cuando escuchéis algo raro a una niña o un niño, como si tuviera el control de una situación que evidentemente escapa a su manejo, intervenid, porque probablemente sea el #autorreferencial asociado a al riesgo de #trauma.

Algo que le pasa al protagonista del libro, me pasó a mí cuando me aislaron mis iguales y, ahora, le pasa a mi peque.

¿Entendéis mis lágrimas?

Pues que sirvan de algo para proteger a la infancia.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Liderazgo narcisista contra los juegos de rol 

[…] En los comienzos de las pandillas, hay gente de todo tipo, pero unos destacan sobre otros porque tienen más sed de protagonismo, reconocimiento y poder, y luchan con intensidad para ejercer dominio sobre los demás. Estos personajes, lo sean o no, suelen tener ciertos rasgos narcisistas, y eso es justo lo que les lleva a hacer el esfuerzo necesario para alcanzar ese poder. […] 

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Carta a un acosador escolar 

[…] Te lo digo yo, que he sido víctima de ése bullying que llaman de «baja intensidad» —rechazo, aislamiento, señalamiento de los defectos, bromas sin gracia, etc.—  y que me ha dejado una marca que, mucho me temo, llevaré de por vida; pero que, también, para protegerme de ésa y de otras amenazas, he ejercido también como acosador, haciendo daño a las personas que consideraba más débiles o expuestas. […] 

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