En una realidad paralela 

[…] Porque, amigas y amigos, por mucho que nos pese, las escuelas, a fecha de hoy, están a años luz de interpretar los síntomas o el sufrimiento infantil desde una perspectiva vincular o relacional. Sencillamente, el personal docente, e incluso las orientadoras y orientadores —a menudo conductistas— no tienen suficiente formación para hacerlo. […] 

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4 mierdas: solución de emergencia contra el narcisismo profesional 

[…] Entonces, en comparación con esa mujer desamparada, maltratada por la vida, enferma, que apenas podía hacerse cargo de las tareas más sencillas, me sentí una verdadera mierda. Fui una verdadera mierda. Porque en lo importante, amigas y amigos, había demostrado mucha más integridad, sensibilidad y bondad que yo. […] 

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Cuando los servicios sociales incapacitan

Quiero proteger a mi hijo + cumplir con mi amo = reflejo vagal dorsal.

Es el equivalente a:

Quiero tomar mis propias decisiones + cumplir con las expectativas de los servicios sociales = reflejo vagal dorsal.

Mucha de la pasividad que reprochamos a las personas que acompañamos no tiene tanto que ver con su incapacidad, sino con el conflicto irresoluble que les provocamos.

Incapacitamos a las personas más de lo que estamos dispuestos a reconocer.

¿Qué piensas sobre ello?


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

El sonido del silencio | técnicas de meditación para niñas y niños 

[…] es algo que no se puede describir, sólo sentirse cuando lo has captado. A veces, se siente como un cosquilleo agradable en los oídos; otras veces, como si la frente se despejara. Cada persona tiene una forma peculiar de escucharlo y sentirlo, pero lo que siempre pasa es que, al captarse, se liberan de los nervios del cuerpo y de la cabeza. […] 

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Alta sensitividad: en contra de la normalización impuesta 

[…] Salí del comedor, y nada más cruzar la puerta el silencio me acarició la cara.  Fue una sensación casi física, que llenaba todo mi cuerpo con una paz que no esperaba. Un cosquilleo leve cubría cada poro de mi cuerpo, como si me hubiera quedado en pelotas y cubierto con una tela de seda. […] 

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Diario de un gilipollas (I) 

[…] Pero yo, que veo las cosas con el filtro de la lucha, no lo puedo ver como ella y pienso: «coño, Mariña, no hagas eso, que le estás dando la razón y alimentando su temor» y, claro, me cabreo un punto más. Y me sale un punto conductista que no me gusta nada reconocer: «estás provocando que nos lo vuelva a hacer». […] 

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