[…] la IA otorga a cualquiera, por muy inútil que sea, la oportunidad de desarrollar un proyecto prácticamente perfecto, tanto en forma como en contenido. […]
La inteligencia artificial ya está alterando más que significativamente los concursos públicos.
Hace 5 años, podíamos decir con cierta seguridad que, si había juego limpio —ahí no me meto—, las licitaciones las ganaba el mejor o, al menos, tenían más oportunidades de llevárselas las empresas que tuvieran mejor conocimiento de la materia.
Ahora, sin embargo, la IA otorga a cualquiera, por muy inútil que sea, la oportunidad de desarrollar un proyecto prácticamente perfecto, tanto en forma como en contenido.
Que sí, que todavía esos textos huelen a robot que lo flipas, pero con un par de cambios, o metiéndolos en otra IA, pueden pasar desapercibidos ante el ojo más experto.
Esto tiene una serie de implicaciones profundas en el terreno de la protección a la infancia, y en todo el sistema de subcontratas que lo sostiene.
Por ejemplo, abre las puertas —todavía más— para que empresas en sentido fuerte, con ánimo de lucro, sin experiencia en el sector y con la única motivación de ganar dinero, desplacen a las ONGs que, justamente o no, se han llevado los contratos hasta la fecha.
Si algo saben las administrativas y los administrativos de las grandes empresas, es sacar partido a los robots para adelantar trabajo, mientras que nosotros nos resistimos a su uso para no mecanizar demasiado lo que requiere sensibilidad humana.
Por otro lado, la competición entre entidades sin ánimo de lucro se ensucia todavía más, al no representar los proyectos la calidad del personal que hay tras su elaboración.
Esta farsa adquiere todavía tintes más perturbadores si añadimos lo que ya sabemos: las administraciones públicas cuentan con baja motivación y recursos para supervisar que se cumpla lo que se pone en el papel, en los términos en los que se ha escrito.
Hoy en día seleccionar a una empresa por la calidad de su proyecto, parece poco menos que un juego de azar: no permite vislumbrar para nada la calidad final del servicio. Y esto coloca a las administraciones públicas en una disyuntiva que es preciso señalar. Sí todos los proyectos se llevan el 100% de los puntos, ¿cómo pueden discriminar a quién se lo otorgan?
La respuesta está en los pliegos de condiciones: 49% el proyecto, 51% el pre-su-pues-to. El presupuesto.
Sí ya antes de la IA muchos contratos públicos se habían convertido en una mera subasta de servicios, ahora la situación se vuelve más grave: es complicado prever que, con los mecanismos habituales, las licitaciones puedan premiar la calidad del trabajo.
Y eso, amigas y amigos, va en contra de todas y de todos. De nosotros que, como trabajadoras y trabajadores, vamos a ver como merman nuestras condiciones laborales y los recursos de los que disponemos; y sobre todo, de las personas a las que acompañamos, que van a ver cómo les dispensamos inevitablemente una peor atención, al disponer de peores medios y estar más quemados.
Es de cajón de madera de pino. No sé por qué no lo hablamos.
Yo, si tengo que hacer una predicción, iría por ahí, pero también puede pasar otra cosa. Y aunque aparentemente menos negativa, quizás sea igualmente perturbadora: puede pasar que no pase nada. Que la irrupción de la IA no altere el equilibrio de poder, y que se sigan llevando los contratos los mismos.
Imaginad, por un momento, que eso ocurre. Que, más allá de lo que se flipe Gorka, eso pasa. No sé vosotros, pero yo me preguntaría entonces mediante qué criterios se están otorgando los concursos públicos, porque, si todos los proyectos son iguales —los hace perfectos la IA, y tiran pabajo el precio—, ¿cómo es posible que sigan ganando los mismos? Guiño, guiño, y emoticono del diablo cabrón. Tú ya me has entendido.
No quiero sentar cátedra con lo que digo. Soy consciente de que la realidad es más compleja y de que hay matices. Por ejemplo, que haya empresas que no quieran licitar y ganar para no meterse en el cristo de subrogar a trabajadoras y trabajadores que puedan darles por cu**. Y hay administraciones que puntúan variables relacionadas con el desempeño efectivo. Pero, también, creo que aquí hay un temazo que se nos está pasando por alto, del que quizás no hablemos, entre otras cosas, porque nos sentimos invulnerables en determinadas posiciones.
Pero lo lógico es prever una crisis en el poder dominante, por un lado y por otro. Y nadie cede las llaves de su ciudad, sin derramar sangre por el camino.
¿Qué crees que puede pasar?
¿Qué posición adoptarías en el escenario que anticipas?
—
Gorka Saitua | educacion-familiar.com
