Una cita

[…] Una cita estupenda y el trabajo bien hecho. Muy bien hecho. Qué bien sienta que la gente de la dipu te diga que has hecho las cosas bien, y además delante de tu supervisora. […]Pero, coño, ahora que pienso en ello, ¿por qué no me siento tan pletórico cómo antes?, ¿por qué siento este nudito en el estómago o este vacío en el cuerpo? […]

Pues parece que la cosa va bien. Quién me lo iba a decir hace unos años. Yo aquí sentado, cerveza en mano, con esta pedazo de chica. Simpática, guapa, inteligente y con cuerpazo. Y parece que también está interesada en mí. Que coño, no hay ninguna duda. Mira cómo te mira, cómo te habla, está a gusto que te cagas. Es el broche perfecto para terminar el día. No sé si acabaremos follando o no, pero la verdad es que no me importa. Sólo estar aquí, tan animadamente con ella, me da una sensación maravillosa, como de que todo, absolutamente todo, es posible. Es increíble el poder que se siente cuando uno va con una chica guapa del brazo. Es como un triunfo. Entre esto, y el momentazo de la mañana, estoy que vuelo. Vaya, va a tardar un poco, hay mucha gente en la barra. Da igual, yo disfruto del momento, no vaya a ser que llegue, diga algo inadecuado, y la joda. Pero ahora, esto es como el paraíso. Una cita estupenda y el trabajo bien hecho. Muy bien hecho. Qué bien sienta que la gente de la dipu te diga que has hecho las cosas bien, y además delante de tu supervisora. Y es que no dejamos ningún cabo sin atar: los informes a tiempo, todas las coordinaciones hechas, las medidas, que eran muy complicadas, acompañadas para que nadie sufra, el niño protegido y la familia convencida de que se ha tomado la mejor decisión teniendo en cuenta sus circunstancias. Pero, coño, ahora que pienso en ello, ¿por qué no me siento tan pletórico cómo antes?, ¿por qué siento este nudito en el estómago o este vacío en el cuerpo? Si lo hemos hecho todo bien, y todo el mundo ha quedado más o menos contento. No sé… es cómo si hubiésemos dejado el trabajo inacabado. Sin embargo, sobre el papel es perfecto. Ahí está ella. Ahora me parece un poco más normal. Sigue siendo espléndida. Mira cómo la mira el camarero. Pero es cómo si se hubiera apagado un poco su brillo. Como si la cerveza ya no estuviera tan fría. Y no ha pasado tanto tiempo. ¿Dónde estaba? ¡Ah, sí! Que algo no cuadra. ¿Puede ser que los profesionales hayamos ocupado demasiado espacio? ¿En qué lugar hemos dejado a la familia? No tengo ni idea, pero lo que sí que es seguro es que, preocupados por tomar buenas decisiones, ni nos lo hemos preguntado. Y no sería extraño que, a pesar de aceptar las medidas, les hayamos dejado en un lugar que no han elegido. Eso no es bueno, ¿verdad? Pero, ¿en qué lugar les hemos dejado? No sé. Tendré que hablarlo con mi supervisora. Bueno, si tiene tiempo. La norma implícita dice que no se pierde el tiempo con los “casos” para cerrar o cerrados. Es normal, tenemos cosas más importantes. Hostia, ¡como ha bajado la birra! ¿Me la he bebido yo, o hay espíritus a los que les encanta el lúpulo? Sea como sea, es evidente que los servicios sociales hemos ocupado demasiado espacio durante las últimas semanas. ¿Dónde han quedado ellos? Y desde ese lugar, ¿cómo pueden responder para gestionar su situación a partir de ahora? Es que mira cómo camina la tía. Parece una gata. Qué estilazo. Flipo de estar aquí con una chica como ella. ¿Y si acabamos en mi casa? Menos mal que he recogido un poco. Hace unos días, parecía un Gaztetxe después de una fiesta. Voy a aprovechar para ir al baño ahora. A mear. No quiero interrumpir la conversación cuando se ponga íntima o intensa.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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