El retorno de Deméter

[…] Deméter es también la diosa que siembra a su debido tiempo y observa qué es lo que crece en ese terreno fértil. Que, con su mirada atenta, detecta los primeros bichos que adelantan la llegada de una plaga, o los nuevos brotes que aparecen en las ramas o sobre el suelo. […]

Durante mucho tiempo pensé que el estado del sistema nervioso con el que accedo a las visitas tenía que ver, principalmente, con los estresores que en esos momentos me estaban afectando, y con los consiguientes intentos —infructuosos o no— que había podido hacer para regularme.

Y eso contiene parte de la verdad, claro que sí, pero no toda. Porque una de las cosas que más incide en cómo me siento cuando accedo a las entrevistas, es el arquetipo que estoy habitando en ese momento.

Hay personajes, partes o, como me gusta llamarlos a mí, diosas y dioses, que influyen radicalmente en mi estado de conciencia, mi cuerpo, y la forma en la que voy a desarrollar mi trabajo. Y entre todos ellos, hay una figura que me ayuda a situarme especialmente bien en el trabajo con las familias, a tener una actitud que es especialmente “nutricia” —con esto ya te estoy sugiriendo una pista— con ellas.

Sirva este texto como homenaje para, tachán, tacháááán… Deméter, la diosa de la agricultura y los cuidados.

Durante mucho tiempo, Deméter me ha dado mucha pereza. La identificaba con la madre sacrificante e histérica del mito de la bajada de Perséfone al inframundo. Me venía a la cabeza una figura que no permitía la diferenciación de su hija y, cuando esta se producía por accidente, amor o fuerza, perdía la cabeza para luego, tras el reencuentro con su pequeña, ignorar lo más fascinante de su experiencia.

Pero ésta es la reacción de una Deméter no sólo asustada, sino que siente que el mundo se viene abajo. Pero, ¿cómo es y qué lugar en el mundo nos proporciona una Deméter segura y regulada? Aquí hay oro del bueno.

Deméter es también la diosa que siembra a su debido tiempo y observa qué es lo que crece en ese terreno fértil. Que, con su mirada atenta, detecta los primeros bichos que adelantan la llegada de una plaga, o los nuevos brotes que aparecen en las ramas o sobre el suelo. No sólo es respetuosa con los tiempos que implica el crecimiento, sino que también nos proporciona, a profesionales y padres, una mirada limpia, curiosa y orientada a detectar lo nuevo que aparece, aunque sea de manera incipiente. Y eso es una maravilla, porque esos pequeños brotes verdes suelen ser también especialmente frágiles, sean malos y haya que podarlos, o sean buenos y sea necesario protegerlos, nutrirlos, o atenderlos.

Deméter es quien observa a las personas y sistemas que acompaña como un campo de tierra en el que necesariamente van a emerger cosas, pero a su debido tiempo. Y sabe que, para ello, hay que respetar los tiempos naturales o las estaciones asociadas a la fertilidad y el crecimiento.

Esto es un contrapeso formidable frente al Cronos institucional, que tanto daño hace cuando ocupa demasiado espacio. Porque la presión de los objetivos, los tiempos, el rendimiento, cuando es excesiva —y demasiadas veces lo es— sólo provoca anulación de recursos y funciones psíquicas relevantes, y sensación de insuficiencia, tanto en las figuras profesionales como en las personas a quienes estos acomapañan.

Quizás nuestra Deméter, hija de Cronos, pueda entablar relación de igual a igual con su padre, en plan, aita, no me jodas con los tuyo, no me vuelvas a tragar ahora, que hay procesos que no articula la voluntad, sino que aparecen de manera espontánea, cuando el tiempo abre las ventanas para que respire el acontecimiento. Si queremos lo mismo, a saber, que esto funcione, déjame hacer las cosas a mi manera, respetando los tiempos y la precisión de mi mirada de agricultora.

Es un discurso que no puede rebatir la institución, por muy tonta que se ponga.

Deméter es, también, la diosa de la reparación natural o de lo que hemos convenido en llamar “higiene mental”, algo que solemos olvidar mucho quienes acompañamos procesos en los que impera un gran sufrimiento. Es quien sabe que, cuando una planta o un cultivo son dañados, Gea —su abuela— pone en marcha determinados procesos para compensar o superar el daño. Es la diosa, por tanto, del descanso reparador, de la observación de lo pequeño, y del aparentemente “no hacer nada” que tanto nos ayuda a reparar el cuerpo (sistema nervioso, microbiota, constantes vitales, tensión, etc.) y la mente (sentir, recolocar lo que se siente, digerir emociones complejas, etc.), situándonos de manera más flexible y saludable frente a las demandas del contexto.

Por ejemplo, un cuadro de ansiedad, difícilmente puede tratarse sólo desde la perspectiva de Quirón (herida), Zeus (voluntad y sentido), Hermes (significado) o Urano (ruptura con los establecido) o Hefesto (persistencia). A menudo es necesario un sustrato de reparación, descanso, dilatación del tiempo, que sólo puede proporcionar nuestra protagonista de hoy, Deméter.

Pero vuelvo a la actitud de las y los profesionales cuando están bajo el dominio del arquetipo de Deméter. Uno suele llegar a la casa, o a donde sea, sin objetivos; con afán observador, a la caza de lo que naturalmente emerge o pasa. Esta actitud es preciosa para personas que han sido vulneradas y que están asfixiadas por los tiempos, y por la amenaza de posibles medidas de protección, porque nuestro cuerpo puede comunicar algo que, a veces, nos empeñamos en decir con palabras: “hay algo muy bueno surgiendo aquí, que la niebla no nos deja ver, vamos a ver si lo encontramos”. Deméter encarna la confianza epistémica de P. Fonagy, pero no intelectualizándola, cosa que hacemos demasiado, sino a través del estado del nuestro cuerpo.

Cuando una o uno está en modo Deméter, le sobrecoge una calma en el pecho. El tiempo se dilata o no importa. Los objetivos se diluyen en el horizonte. El cuerpo responde especialmente bien a los movimientos de las personas a las que acompaña. Deméter afina el radar neuroceptivo hacia la seguridad: es especialmente sensible a las transiciones de estado hacia la seguridad de cada momento. Es como si afinara el radar de la amígdala hacia los recursos y lo nutricio. Deméter regula así al profesional y a las personas a quienes acompaña. Se cree esa frase que dice: “tranquilos, todo llegará, tenemos tiempo”.

Deméter no es perfecta. Es sólo una mirada, una forma de estar que, como profesionales, muchos no valoramos o no permitimos. No por casualidad, Deméter es uan diosa que difícilmente queda reflejada en nuestros informes, saturados de significado, tiempo, movimientos o resistencias feroces. Es una posibilidad entre tantas otras que, como arquetipo, parte, o como quieras llamarla, también tiene sus riesgos si lo invade todo: esperar demasiado, olvidar la urgencia, asumir la inacción negligente, o ir en contra de toda intervención a veces necesaria. En esos casos, puede necesitar que legue su padre y le diga, coño, hija, es para hoy, ponte las pilas.

Pero piénsate tú, amiga o amigo mío, en una situación que te haya reportado máximo sufrimiento. ¿Qué prefieres? ¿Un profesional acelerado orientado a ayudarte a resolver las cosas? ¿O una Deméter que te diga, tranquila, tranquilo, tenemos tiempo, vamos a localizar y cuidar los brotes verdes que el tiempo arrasa? Cronos llega con fertilizantes, tractores y venenos, mientras que Deméter llega con mirada, dedos finos y entrenados, y confianza en los recursos de tu propia naturaleza.

Que ya… que ambas actitudes pueden ser necesarias. No critico la urgencia, sino la totalización de esa experiencia humana, y el desconocimiento del impacto que esta tiene en procesos que, por su propia esencia, no pueden avanzar tan rápido como quisiéramos.

Porque no es extraño que los profesionales, haciendo nuestra la demanda institucional, entremos en las familias y personas que acompañamos, como Cronos con la hoz y la necesidad de terminar antes del almuerzo. Arrasando todo. ç

Aquí Deméter impone un freno.

No como contención de la urgencia, sino como cambio de plano, de mundo y de experiencia.

En nombre de las personas a las que acompaño, gracias, oh Deméter, por todo eso.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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