Fuentes de conocimiento en educación familiar 

La ciencia es un marco de referencia y un criterio de realidad, pero también existen otras fuentes de conocimiento de igual valor. Veámoslas. 

¿La orientación familiar es una ciencia? 

En parte sí, y en parte no.  

Espera, que va rollazo. Aguanta.  

Una ciencia implica la recopilación sistemática de datos, su registro pormenorizado, la elaboración de hipótesis, el diseño de experimentos que validen dichas hipótesis, la incorporación de las conclusiones en un corpus teórico unificado, la replicación de esos resultados por parte de otras y otros investigadores, la generalización de dichas hipótesis, la deducción a partir de ellas, y la verificación de que las conclusiones lógicamente extraídas se verifican mediante nuevos experimentos.  

Algo de eso hay, no voy a decir lo contrario.  

Constituye un marco de referencia del que los que trabajamos en esta vaina no nos podemos salir.  

Por ejemplo, la neurociencia nos explica por qué el miedo restringe nuestra percepción, y activa determinadas respuestas protectoras que, a veces, pueden ir en contra del sentido común, o de lo que decidiríamos en caso de estar tranquilas o tranquilos. Y la psicología del aprendizaje puede explicar los motivos por los que un niño de 8 años —salvo contadas excepciones— no puede entender ni manejar conceptos abstractos como el de libertad.  

Todo ello, son verdades absolutas que no se pueden cuestionar. Pero no son la única fuente de conocimiento.  

No señora.  

Y aquí es donde quiero llegar. Porque, por nuestros complejitos profesionales y por la episteme en el que estamos inmersos, creo que tendemos restringir la ciencia como la única fuente fiable de información.  

Pero hay más. Muchas más. Que llegan donde la ciencia no puede llegar.  

Y que tienen, al menos, el mismo valor.  

A fin de cuentas, no somos bacterias en una placa de Petri, sino organismos complejos insertos en un contexto relacional, sociocultural y económico 

Por ejemplo, la heurística, que es el interés por indagar información disonante con la narrativa predominante, o el interés por sacar a la luz las historias subyugadas que también son parte de la vida.  

O el análisis relacional, que —muy simplificadamente— implica cuadrar las piezas de un puzle para dar sentido a un síntoma, y diseñar una estrategia para superarlo y que no se reproduzca en otro sitio.  

O la metacognición, que implica cultivar la visión de nuestra propia mente, para arrojar luz sobre los procesos que afectan a los demás.  

O la observación no estructurada, que permite trabajar sobre las secuencias de interacción que tienen un significado, explorando respuestas que nos hagan sentir mejor.  

O la resonancia empática, o lo que hemos llamado en otro artículo compasión, que implica sentir en el propio cuerpo lo que está viviendo la persona a quien acompañamos, de manera que podamos crear y sostener una relación íntima que le haga sentir seguridad y calma.  

O el arte mismo. Porque, a menudo, es más fácil expresar cómo nos sentimos a través de la música, la pintura o un poema, que con las palabras adecuadas que definan los hechos.  

O los procesos terapéuticos en los que hayamos podido participar, que nos reportan una experiencia de buen trato hacia nosotros mismos y un reconstruir nuestra propia historia, que nos acerca a los demás.

O yo que sé.  

La ciencia es una referencia. Una base segura y un buen criterio de realidad.  

Pero no es, en ningún caso, la única fuente de conocimiento. Y en ningún caso debe condicionar en encuentro entre personas que se va a producir.  

Porque, la misma ciencia, además de verdades como puños, también dibuja sus propios límites. Entre otros, el funcionamiento de los sistemas complejos cuyo comportamiento, sencillamente, no se puede predecir.  

Va paradoja gorda.  

Para aplicar la ciencia en nuestro trabajo, te tienes que salir de ahí.  

Ay mi madre. Me va a explotar la cabeza y luego voy a tener que limpiar.  


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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