[…] —No tengo nada que perdonar —respondí, atendiendo a su congoja—. Tienes derecho a ocultarme lo que creas oportuno. No me debes lealtad alguna. […]
Seguir leyendo «Hacerte los deberes: la restauración del protagonismo en la propia historia «
[…] —No tengo nada que perdonar —respondí, atendiendo a su congoja—. Tienes derecho a ocultarme lo que creas oportuno. No me debes lealtad alguna. […]
Seguir leyendo «Hacerte los deberes: la restauración del protagonismo en la propia historia «