Carta a la señora que me miró mal

[…] Hoy ha aprendido —un poco, al menos— que sus deseos son importantes, pero también que cuesta valor y esfuerzo defenderlos, y ha sentido placer en lograrlo. Así, sólo así, podrá entender la importancia que tienen los intereses de los demás, y que es un acto de amor respetar sus cosas y sus espacios, porque ellas y ellos los necesitan, igual que ella. […] 

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