[…] Tú estabas allí. Lejos y cerca a la vez, como el brillo de una estrella, que llegaba a mis ojos tras recorrer millones de años luz, diciéndome, con total claridad, que el barro se secaría, emergería la vegetación y las flores, y que llegarán mejores tiempos en los que merecería la pena vivir. […]
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