Un pinchazo de rencor

[…] En ese momento, justo en ese momento, sentí el primer atisbo de compasión hacia ella y, en consecuencia, ganas de acercarme, reparar y acompañar esa tristeza que no hablaba de mí, sino de una niña sobrepasada por los retos —sin duda, abrumadores— de una vida que estaba por cambiar: el inicio de cole, nuevas rutinas, nuevos amigos, nuevas obligaciones y Aita y Ama mucho menos disponibles de lo que, hasta ahora, han podido estar. […] 

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Escenas cotidianas en el parque del horror

[…] Madres o padres que acompañan a sus hijas e hijos al parque, y aprovechan para potear. Ya sabéis, porque el parque es un coñazo, han tenido un día de mierda y “necesitan desconectar”. Así que dejan a las y los peques sueltos, que para eso se crean esos espacios en las ciudades, ¿no? […]

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El vacío de recuerdos: un duelo pendiente 

[…] Soy una de esas personas con pocos recuerdos. Y no es casualidad. Entre otras cosas, aprendí a protegerme con la desconexión de mí mismo y de los demás. Por eso se han fijado pocos eventos en mi memoria: sencillamente nadie andaba ahí para contarse una historia que mereciera la pena contar. […]

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Huye de quien te promete cambiar a tu hijo

[…] Observo en el sector cierta tendencia perversa a amoldarse a la demanda que formulan muchas madres y padres, que —con la mejor de sus intenciones— quieren que su hija o su hijo sea el más alto, el más guapo, el más popular, el más inteligente o el que se lleva el premio a final de curso. […] 

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La ley del frontón: ideas para destruir el mundo

[…] Entonces, llegó un grupo de 4 chavales de unos 25 años, con sus pelotas, eso, eso, con sus pelotas grandes y duras. Al verlos, los niños recogieron sus cosas y se marcharon sin chistar, cumpliendo la ley implícita en todos los espacios públicos, del cole y del pueblo: los mayores y, sobre todo, si son hombres, tienen prioridad en cualquier tipo de juego. […] 

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Una tijera de tres dedos: sobre la normalización del maltrato

[…] —Vete a la ferretería de abajo, y tráeme una tijera para tres dedos —dijo—. Pero dile claramente al señor que no me vale una tijera cualquiera, sino que tiene que tener 3 hojas y 3 asas. Anda, a por ello. […] 

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Dora, pero NO la exploradora | los ajustes que llevan a la seguridad

[…] Por eso, hoy quiero dedicar un poco de tiempo a todas esas cosas que son importantes, pero a las que difícilmente damos importancia, a menudo, sofocados por el imperativo de las madres o padres que deseamos o sentimos que debemos ser. Es decir, a esas cosas pequeñitas a las que dedicamos tiempo, y con las que nuestras hijas e hijos se sienten especialmente bien. […] 

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