[…] Esta vergüenza tan profunda que invalida de manera tan violenta a las personas, implica un reto formidable: retomar la conexión con los demás y con uno mismo. Es decir, recuperar el sentido de pertenencia al grupo que se siente que expulsa a la persona traumatizada por no ser suficientemente valiosa, y así, recuperar el valor de una o uno mismo. […]
[…] ¿Qué provoca más daño a la infancia, la presencia de estresores o la ausencia de seguridad? ¿Qué es realmente la desprotección infantil, un cúmulo de jodiendas o la imposibilidad de recuperarse tras estos eventos? […]
[…] En un primer vistazo, podría entenderse que diferenciación y pertenencia son algo así como antónimos, ¿verdad? Es decir, que para que una persona pueda constituirse también como una unidad diferenciada, debe renunciar, de alguna manera, a ser parte del grupo, dado que la identidad individual y grupal chocan como dos chivos en época de celo. […]
[…] No es extraño que, explorando con curiosidad y compasión —palabrejas que tanto uso— las sensaciones del cuerpo, uno lleve a estas personas a conectar con las sensaciones asociadas a ese dolor crónico, no para evitarlo, reducirlo o curarlo, sino para escuchar qué están pidiendo o el mensaje codificado en esa parte del cuerpo. Y ¡hostia! el dolor crónico que la medicina nunca, jamás, ha logrado doblegar, suele desaparecer como por arte de magia. ¡Puf! […]
¿Cómo reconocer como una historia de dignidad, protagonismo y esperanza las microinteracciones que se producen a través del cuerpo?
¿Cómo unir nuestra propia historia de dolor y la de las personas a las que acompañamos en una narrativa de esperanza?
¿Cómo sostener una mejor relación con los síntomas de sufrimiento?
¿Qué pasaría si aceptásemos que formamos parte de la secuencia de interacciones que sostiene el síntoma?
¿Y qué hostias podemos hacer con eso?
Ni puta idea. Aquí no hay gurús, ni pollas en vinagre. Pero sí podemos crear un espacio que nos permita sentir más curiosidad hacia lo que acontece, maravillosa y mágicamente, en ese gran olvidado que es el sistema nervioso autónomo.
Somos un cuerpo que se protege, unido a una mente que da un sentido narrativo a esa experiencia.
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[…] En la psiquiatría y en la psicología se tiende a considerar los síntomas —unos más que otros— como algo que padecen las y los pacientes; y, con suerte, algo relacionado con su entorno relacional cercano (familia, escuela, etc.), pero rara vez se dice que están íntimamente relacionados con la actitud, estado basal y actuación de las personas que tienen asignada la función de cuidar a las personas afectadas. […]
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