Un regalo envenenado

A simple vista parece un regalo de fin de curso estupendo: un álbum de fotos precioso, en el que aparece el chaval con todos los compañeros de clase, abrazándose y pasando buenos momentos. Y, entre las fotos, un montón de dedicatorias cariñosas, personalizadas, escritas por sus iguales y por sus profesores. 

Sin embargo, al leerlas, siento un escalofrío de los chungos. 

Todas —repito, todas— las frases de las profesoras y los profesores se pueden resumir de la misma manera: «he acabado teniéndote un montón de cariño, a pesar de que me has sacado de quicio». 

Coño, es que es la misma frase que se repite, una y otra vez, con diferentes matices o palabras. 

Y esa frase, emitida hacia un chaval adoptado, con una herida de abandono preverbal, que necesita sentirse permanentemente en la mente de los demás, es un regalo envenenado. Porque, repetida por todas las figuras adultas, le comunica, claramente, que la única forma que tiene de estar en la mente de sus figuras de referencia y ser querido, es perturbando a los demás. 

Es lo que le funciona, y no hay otra cosa que le pueda funcionar. 

¿Por qué carta creéis que el chaval va a apostar en el curso siguiente? ¿Qué es lo que creéis que va a hacer para satisfacer una necesidad tan vital y poderosa como es PERTENECER PARA SOBREVIVIR?

Como profesionales, tenemos que tener mucho cuidado con lo que decimos, sobre todo, cuando lo decimos desde el sentido del humor o el cariño, porque a las chavalas y a los chavales a los que acompañamos les llega como algo muy importante, dado que se emite desde la seguridad. 

Estamos superando todas las defensas que legítimamente han levantado, y es muy probable que el mensaje llegue con todo su sentido y en toda su intensidad. 

Cuidado con los regalos envenenados. 

qué diferente habría sido una dedicatoria así: 

«Con el tiempo, he ido descubriendo que tienes un gran corazón. Que eres muy sensible hacia el resto de personas, que sabes cuidarlas especialmente bien, y eso te convierte en una persona muy especial. Te llevaré siempre conmigo con muchísimo cariño. Gracias por existir.»

Conociendo al chico, te digo que también habría cuadrado perfectamente con la realidad. 

¿Se ve?

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Cuando los adultos se vienen abajo 

[…] Ante una situación como ésta, no es extraño que los hermanos o las hermanas se carguen de energía. Es la forma natural que tiene su cuerpo de prepararlos para enfrentar los retos que, al parecer, se les vienen encima. Y lo habitual es que arranque su respuesta de lucha. Una respuesta que no sólo denota incomodidad ante la situación que están viviendo, sino una clara voluntad para hacer algo, es decir, pasar al acto, y resolver lo que los mayores no pueden. […] 

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Cuando la solución está en aprender a vivir con ello 

[…] Normalmente, la peña me pone cara rara. Yo creo que hay a partes iguales frustración, decepción y enfado. A fin de cuentas, me están pagando una pasta para que les ayude, y yo les digo que voy a acompañarles para que se lleven mejor con lo que les está haciendo sufrir o atormentando. […] 

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Una historia bonita

A veces, no podemos resolver nuestros problemas, ni superar nuestras dificultades, pero siempre podemos convertirlos en una historia honesta, interesante y bonita.

En ocasiones, cuando sentimos verdadero aprecio por esa historia, esos mismos problemas y esas misma s dificultades se disipan en el viento. O se acaban percibiendo como pequeñas molestias, rodeados por lo hermoso que ha emergido o hemos construido en torno a ellas.

Nuestro sufrimiento no sigue las normas de la lógica de Aristóteles. Es algo mucho más misterioso y complejo.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

El síntoma como anhelo

Detrás de las transiciones que llevan a las partes protectoras a sentirse seguras, hay una HISTORIA que, durante mucho tiempo, se ha anhelado que se haga real. Y a la que se TEME por el fracaso o la decepción que puede ocasionar.

En este sentido, el síntoma puede entenderse, también, como un intento de COMUNICAR ese deseo o CONECTAR con él, pero reduciendo el riesgo de la frustración que resulta previsible a la luz del fracaso de las resistencias que en el pasado algo o alguien frustró, sometió, escindió o canceló.

Cuando dejamos de ver el síntoma como un problema y lo empezamos a percibir como un ANHELO frustrado, empieza a cambiar nuestra relación con él, dado que el cambio de narrativa nos invita a preguntar, observar, escuchar y acompañar.

No es el síntoma, amigas y amigos, es la RELACIÓN que tenemos con él.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com

La narrativa del maestro: el talismán que promete la restauración de la dignidad 

[…] Pero el contacto con esas tinieblas no es baladí, e impone un proceso de transformación. El futuro maestro (o maestra), que ha sido forzado a vagar por ahí, se impregna del hedor de la ciénaga, se mancha con el barro pútrido, y se obliga a comer los restos de animales que se han ahogado allí. Y es esa experiencia, de contacto con las sombras, la que marca una diferencia con los demás, haciéndole sentir especial. […] 

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Formación: APLICACIONES SITÉMICAS DE LA TEORÍA POLIVAGAL EN LA ESCUELA | El síntoma como narrativa de competencia, dignidad y esperanza 

[…] Las profesoras y los profesores se sitúan, así, frente a “problemas de mierda”, es decir, aquellos que implican una activación o desactivación de su propio sistema nervioso autónomo que les empuja a articular soluciones que, si bien parece que resuelven las cosas en el presente, suelen empeorarlas a largo plazo. […] 

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La misión de la hermana buena 

[…] En este cacao familiar, no es extraño que uno de los hermanos (o hermanas), habitualmente el mayor, actúe lo que su padre o su madre no pueden poner en marcha, colocándose en una posición de superioridad frente al hermano menor. Un hermano menor al que, ahora que ha sido subyugado por el otro, pasa a cumplir la función de chivo expiatorio, es decir, a asumir como suya la responsabilidad que sus progenitores no pueden tolerar. […] 

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