[…] El enfado, por su propia naturaleza, nos expone a las figuras profesionales ante nuestra propia falta. Nos lleva a conectar con el vacío y el sinsentido tantas veces asociado a nuestro trabajo. […]
Seguir leyendo «La ira politeísta»
[…] El enfado, por su propia naturaleza, nos expone a las figuras profesionales ante nuestra propia falta. Nos lleva a conectar con el vacío y el sinsentido tantas veces asociado a nuestro trabajo. […]
Seguir leyendo «La ira politeísta»
[…] sería una mujer, a ser posible joven. Con suerte, igual incluso le había pasado algo parecido. Hombres no. Los hombres la iban a mirar raro, fijo, con esa mezcla de juicio, condescendencia y deseo que ella conoce tan bien. Con esa enfermera, por fin estaría cuidada y protegida. […]
Seguir leyendo «Estorbo humano»
[…] Mucho tiempo atrás, cuando las diosas que hoy veneramos todavía estaban naciendo, hubo un arbolado primigenio. Cuentan los ancianos que fue el origen de los bosques actuales, tal y como los conocemos. Y Artemisa tenía el mandato sagrado de protegerlo. […]
Seguir leyendo «El bosque primigenio»
[…] Ay, la equivocación. Qué mala prensa tiene, ¿verdad? Por algo la vivimos como una vulnerabilidad que nos expone a las depredadoras y los depredadores: porque estamos en un contexto tóxico en el que los hay. […]
Seguir leyendo «Un tótem viviente»
[…] Tetis pudo haber introducido a Aquiles por completo en la Laguna Estigia. Nada se lo impedía. Pero decidió, en el último momento, que su deseo no sellara por completo el destino de su hijo, dejando, a propósito, ese punto vulnerable. […]
Seguir leyendo «La maldición de Tetis»
Imaginamos la gran transición de Perséfone: de diosa secuestrada a reina del inframundo.
Seguir leyendo «La transición de Perséfone»
[…] Porque, cuando se aprecian honestamente esas estructuras arquetípicas pueden integrarse como recursos que nos pueden ayudar a resolver, sobrellevar, descargar, movilizar, integrar o lo que sea, las experiencias de la vida de una forma mucho más creativa, flexible o liviana. […]
Seguir leyendo «Honrar a los ídolos caídos»
[…] A pesar de lo tétrico del escenario, no siento nada de miedo. Es más, estoy profundamente agusto en esta soledad, como si dispusiera de todo mi tiempo. Es como si por fin tuviera un lugar adecuado para el recogimiento. […]
Seguir leyendo «El Guardián de lo Desposeídos»
[…] Las hadas sólo susurran a quienes tienen suficiente sensibilidad en el oído. […]
Seguir leyendo «El susurro de las hadas»
[…] —Cuida de ella, cultiva vuestra relación y, sobre todo, observa —dijo el anciano con voz firme, y se marchó a podar un manzano, con unas tijeras gigantescas, dejando un silencio conmovedor entre ellos. […]
Seguir leyendo «La niña que recuperó su voz»
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