Enemigos de la angustia: la externalización del problema de la familia 

[…] De esta forma, la solución perpetúa el problema. Porque la persona que ha “ganado” la discusión sabe, en su fuero interno, que no ha convencido, sino que ha causado un daño. Y la culpa se suma a la angustia que ya sentía, al identificarse ahora como el malo o la mala que causa dolor a sus seres queridos. Y la persona que ha “perdido”, puede sentir que debe restaurar, lo antes posible —ya sabéis, desde la angustia— la afrenta que ha sufrido, seguramente ganando la siguiente discusión que haya en casa. Así es como se perpetúa la angustia. […] 

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¿Acoso escolar en infantil? ¡Pues claro, gilipollas! 

[…] La evaluación del acoso escolar y la articulación de medidas de protección no debería depender nunca de las supuestas intenciones o voluntad de las o de los perpetradores, ni mucho menos de profesionales cuya prioridad es vivir tranquilos y no meterse en problemas. Es el relato y la experiencia de las niñas y niños lo que debe predominar para protegerles rápida y eficazmente. […] 

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El trance hipótico en orientación familiar

[…] Cuando una persona se mete en tu mente, con la supuesta promesa de eliminar o acompañar el dolor, lo normal es que uno permanezca en un estado alterado de conciencia, en el que la promesa de dejar de sufrir invalida el espíritu crítico o cualquier atisbo de rebelión. […]

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La sirena que perdió su canto (1 de 2)

[…] Abrumada por la sensación de no ser suficiente, de no tener valor, Alissa tomó una decisión. No iría a la escuela. Se internaría en lo más profundo de la fosa de los huesos —el lugar donde nadie debía ir— en busca de respuestas. La leyenda decía que, si una sirena lograba sobrevivir, podía hacerle una consulta al Kraken, el sabio del abismo, el único ser que la podía ayudar. […] 

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Al borde del abismo: sobre la fragilidad de las partes protectoras 

[…] Mi recurso para hacerme visible fue dibujar, pero no para disfrutar de la creatividad o expresarme, sino tratando de hacerlo perfecto. Por eso, siempre dibujaba prácticamente lo mismo: unas caras cómicas que me quedaban fenomenal, pero que eran demasiado parecidas, porque no me atrevía a explorar más allá de lo que me hacía sentir reconocido. De hecho, vivía con pavor que se descubriera que era un fraude. […] 

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