El síntoma como forma de honrar el buen trato 

[…] Estas alumnas y alumnos son especialmente incómodos, porque con su congelamiento, huida o resistencia son un recordatorio de que las cosas podrían ser y deberían ser de otra manera. Por eso, en muchas ocasiones, las instituciones se resisten tanto a tratar de dar sentido a su síntoma: compromete el equilibrio que satisface las necesidades de los profesionales precisamente en ese lugar y contexto. […]

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El Guardián Silencioso de los Tiempos

[…] Tú estabas allí. Lejos y cerca a la vez, como el brillo de una estrella, que llegaba a mis ojos tras recorrer millones de años luz, diciéndome, con total claridad, que el barro se secaría, emergería la vegetación y las flores, y que llegarán mejores tiempos en los que merecería la pena vivir. […]

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La fantasía disociativa como recurso de afrontamiento

[…] Todas y todos estamos de acuerdo en que las fantasías disociativas —a saber, esas ensoñaciones con forma narrativa que cubren necesidades en un mundo paralelo o imaginario— pueden ser muy satisfactorias. Pero, ¿por qué llegan a cubrir tan eficientemente esas necesidades? […]

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Profesionales que necesitan del sufrimiento psicosocial

[…] Reconozco que respondí de manera provocativa. La pregunta llevaba implícito que las familias tendrían que hacer algunos ajustes significativos, pero, como me gusta tocar un poco las pelotillas, lo dije así: “bueno, lo primero que pasaría es que los profesionales perderíamos nuestro estatus y que no cobraríamos por nuestro trabajo, ¿verdad?” […]

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Revisando la “herida primaria”

[…] no vamos a negar las dificultades que, a menudo, aparecen ligadas a la adversidad temprana, pero igual nos toca, también, reconocer que esas carencias están ligadas a los formidables esfuerzos que las personas adoptadas han tenido que hacer para sobreponerse a amenazas formidables, a una realidad abrumadora y/o a la amenaza de la aniquilación. […]

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No me des esos sustos

—Te tengo que decir una cosa —le digo mientras se mete a la bañera.

—¿Qué cosa?

—¿Te acuerdas de cuando se cayó Aitite?

—Sí.

—¿Y recuerdas que te dije que no te preocuparas, que estaba bien?

—Sí, claro.

—Pues te tengo que confesar que te dije una mentira. En ese momento, estaba muy preocupado porque se había dado un golpe en la cabeza —reconozco—. Llegué a pensar, incluso, que se podía morir del tortazo que se había dado.

—Pero, Aita, ¡¡por qué haces eso!!

—No sé. Estaba confuso y preocupado. Y no quería que te asustaras más de lo que ya estabas.

—Pero ¡¡Aita!! Ahora no te voy a creer la próxima vez. ¿Cómo voy a saber cuál es la verdad?

—Lo siento, de verdad.

—Pero está bien ahora, ¿no?

—Sí, te lo prometo.

—¡Y no me des esos sustos! —me reprocha.

—¿Qué sustos?

—Cuando has empezado a hablar pensaba que me ibas a decir que se había muerto.

Gorka Saitua | educacion-familiar.com