[…] Menudo pellejo: es un pellejo muy grande, pero está anclado profundamente en la piel, sin duda me voy a hacer una avería […]
Vaya, vaya, no me sale el pellejo; mira que intento morderlo, tirar de él, pero no sale. Llega un punto en el que duele, la boca me sabe a sangre; tiro del pellejo otra vez, a ver si consigo sacarlo sin hacerme demasiada herida. Menudo pellejo: es un pellejo muy grande, pero está anclado profundamente en la piel, sin duda me voy a hacer una avería, y luego mi madre vendrá y me dirá que no haga eso, que está muy mal hecho, que me estoy destrozando las manos, que ya tengo edad para autocontrolarme y para ser mayor y todas esas cosas. El profe es el mejor, sí, explicando me gusta, es buena persona, pero explica y me mira con esa cara de “ay, hija mía, a veces no te enteras”, bueno, más bien dice que estoy en otro lugar, que me distraigo con una mosca, y yo tiro del pellejo como si fuera una cuerda que se tensa y amenaza con desgarrar la piel, y yo digo que no sé por qué tengo que estar aquí, en este lugar, mordiendo una goma, mordisqueando un lápiz. Yo sé que podría estar en otros sitios: podría estar nadando en el mar, bueno, hoy no hace mucho frío, pero cuando llega el calor podría estar nadando en el mar; hoy podría estar en la calle caminando, estaría mejor en la calle caminando, encontrándome con gente. No me gusta demasiado jugar con los de mi edad, pero a veces sí me gusta encontrarme con gente mayor y que me cuenten historias, y me apetece bajar a la playa: en la playa siempre está bien, en verano con su calorcito y en invierno escuchando el ruido de las olas, metiendo los pies en los charcos fríos, buscando bichos. Y ahí sigue el profesor, es un tío amable, pero me mira raro cada vez que me muerdo los dedos; yo creo que piensa que estoy haciendo algo mal, y es verdad que estoy haciendo algo mal, porque no tiene mucho sentido hacerme heridas a mí misma, entonces muerdo el lápiz y no me gusta cómo sabe, pero lo sigo mordiendo, a sabiendas de que mi madre me va a reñir y mi padre también me va a reñir, igual mi abuela también me riñe porque siempre destrozo el material escolar; mi estuche da pena verlo, pero yo me tengo que educar, eso me dicen, todos me lo dicen, así que no puedo estar con mi gato en casa, no puedo intentar entender hacia dónde van las golondrinas, no puedo estar dibujando tranquilamente sola, tengo que estar con gente, tengo que socializar. Socializar es estar con gente para que el cerebro se acostumbre a la gente. Yo lo entiendo, de mayor hay cosas que tengo que tener aprendidas, pero me he vuelto a despistar, no sé de qué habla el profesor, me está hablando de cosas que no entiendo nada y me he vuelto a olvidar de cómo se hacen las restas; mira que las sabía ayer, pero ahora es como si se hubiesen borrado en mi cabeza, y sé que el profesor me va a reñir y me va a decir con los ojos que no estoy a la altura del resto de mis compañeros, y luego volverá a venir una persona que dice que va a evaluarme porque no me concentro y tiro de mis pellejos y tengo cosas que no deberían estar dentro de mi cabeza, que ando mucho en el mundo fantástico, que mi mente divaga, y tiro del pellejo, tiro del pellejo, y esta vez sí me hago sangre; la sangre empieza a brotar de mi herida y me da miedo que todos se enteren porque estoy sangrando mucho, me mancho muchísimo los dedos, me voy a meter la mano en el bolsillo y así no se nota que estoy sangrando, y ahí tampoco se nota que yo quiero ver los pájaros, que quiero pintar y escuchar música, que quiero correr con el patinete, que quiero jugar, que quiero andar sola, que quiero descubrir hacia dónde van las nubes o qué formas puedo encontrar en ellas, o investigar acerca de las diosas y los dioses que pueblan mi cabeza, o de los que están fuera, porque hay quien dice que algunos pueden están fuera; yo no me creo que haya dioses fuera, entonces o están dentro de nuestra mente, pero igual siguen ahí, dioses fuera, quién sabe, eso me interesa mucho; sí, las restas son importantes, pero no me interesan. Madre mía, cuanto estoy sangrando tengo que chuparme esto antes posible, y hago tic tac, tic tac con el zapato, tic tac, y mi amiga me mira y dice que me pare, que la estoy poniendo nerviosa, que no se puede concentrar porque yo no estoy concentrada; yo no me concentro, ese es mi problema, no puedo concentrarme porque me tengo que educar, y nadie sabe todo lo que me estoy perdiendo, y tic tac, tic tac, lo sigo haciendo, me da igual que se enfade, no puedo parar este pie inquieto.
