Los méritos que no me corresponden

Hace un tiempo me escribió un compañero al que admiro mucho y me dio un consejo: Gorka, tío, deberías cuidar más lo que públicas porque te has convertido en un referente para muchas personas.

Entiendo sus razones. En mi perfil se confunde lo personal con lo profesional y aunque —creedme— trato de controlarme, mi sentido del humor no siempre es tan blanco y dulce como para agradar a todo el mundo. De hecho, a menudo va explícitamente en contra de los principios que difundo, lo cual, constituye una de esas contradicciones con riesgo de cancelación en esta su cultura rancia de las redes sociales.

Lo que no sabía este compañero eran dos cosas que, para mí, son importantes. Que la palabra “referente” significa para mí una amenaza, y que los memes y demás chorradas que público son una forma de protegerme.

A ver si me explico.

Sé que tengo cierta capacidad para comunicar y, patos de colores, por eso dedicó mi tiempo a esto: me gusta, me satisface y sé que lo hago bien, pero también soy consciente de que detrás de mis artículos no estoy sólo yo, sino que hay un montón de gente. Hay formación, lecturas, un equipo implicado y estupendo, profesionales con quiénes me coordino, y familias que me enseñan día tras días lo limitado que sigo estando en mi trabajo, obligándome a corregir mi intervención o a buscar recursos debajo de las piedras.

Lo único que hago yo, sentado, a gusto en mi escritorio, es resumirlo y ponerlo bonito para que alcance a muchas personas. Y sí, tiene cierto mérito, no digo que no, pero para nada me merezco ese aura de ser de luz que, a veces, se me coloca.

De hecho, me hace daño. Porque miro a mi alrededor y sé de muchas personas que se han ganado con su inteligencia, su humanidad y su trabajo, estar en ese pedestal. Cuyo mérito va mucho más allá de esta labor de traducción que yo hago: que demuestran conocimientos y capacidades asombrosas, que me colocan a años luz de su profesionalidad. Y no se me está yendo la pinza, cogollos, que trabajo todos los días con ellas y con ellos, aprendiendo con curiosidad y asombro de cada una de sus palabras y cada uno de sus gestos.

Resumiendo: cada vez que se me coloca en el pedestal recuerdo que soy un impostor, y esa, justo, es parte de mi herida.

Así que público memes y otras mierdas. Porque me descojono, sí, y porque transmiten buen rollo, pero también porque es una forma de tomar tierra, sacudirme ese manto dorado, y quedarme en pelotas, con mis vergüenzas al alcance de todo el mundo. No olvido que las redes sociales son una trampa para todas estas personas que, por uno u otro motivos, sufrimos una carencia de mirada. Y que es fácil sentirse seducido por los likes y comentarios bonitos, olvidando los verdaderos motivos por los que estamos aquí: buscar un reconocimiento que nos cuesta darnos a nosotras o nosotros mismos.

Así que nada, es verdad. Tengo cierto mérito en lo que hago y voy a dejar que entre eso; pero seguiré poniendo una barrera grande y gorda contra los méritos que no me corresponden. Es injusto investirme de ellos.


Gorka Saitua | educacion-familiar.com