[…] El enfado, por su propia naturaleza, nos expone a las figuras profesionales ante nuestra propia falta. Nos lleva a conectar con el vacío y el sinsentido tantas veces asociado a nuestro trabajo. […]
Seguir leyendo «La ira politeísta»
[…] El enfado, por su propia naturaleza, nos expone a las figuras profesionales ante nuestra propia falta. Nos lleva a conectar con el vacío y el sinsentido tantas veces asociado a nuestro trabajo. […]
Seguir leyendo «La ira politeísta»[…] no podía apostar por la protección de la infancia amordazado, mientras bombardeaban a familias. […]
Seguir leyendo «Historia de «Cuaderno de un…»»
[…] Y para estas mierdas, Hermes es la solución natural y que apenas requiere esfuerzo. Hostia lo que acabo de decir, ¿no? Una estructura interna que facilita el movimiento de todas las formas posibles, por las buenas, por las malas, haciéndonos trampas incluso al solitario. […]
Seguir leyendo «El culto a Hermes en servicios sociales»
[…] La vergüenza apareció en su doble versión: como fuerza que inhibe los procesos de diferenciación —o los enmarca—, pero también como brújula de incomodidad que indica la frontera fértil en la que pueden emerger fenómenos liminales, a saber, seres, experiencias, ideas, deseos… que no son posibles en el centro de nuestros mundos. […]
Seguir leyendo «La brújula de la vergüenza»
[…] Se maneja muy bien en los estados de conciencia caracterizados porque somos alguien con una historia que nos atraviesa. Es decir, que estamos tratando de satisfacer las necesidades más o menos conscientes de nuestro ego. […] Pero no siempre estamos inmersos ese juego, ¿verdad? A veces, nos salimos del marco en el que imperan esas reglas, dejamos de ser historia y podemos ser atmósfera. […]
Seguir leyendo «Ser atmósfera: sobre los límites de la narración»
[…] Partamos de una idea: es mucho más probable que, a lo largo de nuestra vida, hayamos pasado más tiempo en el lugar de los agresores que en el de las víctimas. […]
Seguir leyendo «Acoso escolar: adultos a favor de los agresores»
[…] Lo que no nos cabe en la cabeza, a veces, a las y los profesionales es que estos modos son irrenunciables, coño, irrenunciables, porque perderlos nos expone a un vacío y una angustia que se experimentan como insoportables. […]
Seguir leyendo «Los modos irrenunciables de relación con nuestras hijas e hijos»
[…] no es exagerado decir que nuestro deseo y el sentido de nuestra vida está irremediablemente atravesado por la imagen que deseamos que el otro tenga de nosotras o nosotros mismos. […]
Seguir leyendo «El síntoma como protección ante la mirada»
[…] cuanto más fiel eres a una teoría o un modelo, más proclive eres a ejercer violencia desde esa misma posición de sabiduría y poder. Cuanto más sabes, menos espacio dejas para lo que no quepa o no coincida con tu saber. […]
Seguir leyendo «El síntoma como fuerza creadora»
[…] Ese guion de vida suele estar orientado hacia una búsqueda. Buscamos algo, una experiencia, una persona o un objeto investido como mágico, que nos promete la satisfacción que necesitamos. Eso nos ayuda a levantarnos por la mañana, confiando en que nuestra vida puede mejorar y tiene un sentido. Pero este juego tiene unas reglas engañosas. […]
Seguir leyendo «La trampa del deseo»
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