Impostor y narcisista

[…] «A ver, si eres el puto amo», me dijo. Y casi pude escuchar la voz de Amadeo Llados, menospreciando a los mileuristas (lo soy) y las panzas (la tengo). […]

Anda, mira, ¿qué es esto que tengo en la calva? 

¿Una herida?

Madre mía, es que ando como pollo sin cabeza. Me calzo unas hostias que lo flipas, y no me doy cuenta.

Ya sabes, cosas de la disociación. Me voy del cuerpo y ya me pueden disparar con un M16, que me la pela. 

Porque ya sabéis que, si hay una profesión en la que estemos jodidos —y, por tanto, jodamos a los demás—, es la nuestra. Y yo no soy ninguna excepción a esta norma. 

Pues de eso iba yo a hablar, justamente. De disociación y de gilipollez, por separado o juntas. 

Hace un tiempo tuve una conversación con una compañera. No sé con qué intención o en qué contexto lo dijo, pero me soltó que me consideraba un “pionero” en la aplicación de la teoría polivagal en lo que respecta a la crianza y esas cosas. 

¿Pionero? Andanomejodas. Me moría de vergüenza. Porque ya sabes que una de las putadas que nos hace el trauma es que acopla el orgullo con la vergüenza, de manera que las dos cosas se sienten como si fueran una sola. Y muy rara. 

¡Si de esto se lleva hablando toda la vida, de una manera o de otra! La teoría polivagal está implícita en la teoría del apego, sobre el trauma, y en todas estas mierdas. Yo lo único que he hecho es aprovecharme del currazo de otros muchos que saben mucho más que yo, y que me llevan carros de libros de ventaja. 

Sea como sea, tartamudeé lo que pude desde “el impostor”. Así podemos nombrar a esa parte protectora que siente que es buena idea decirme que no valgo nada y que algún día se descubrirá lo cutre que soy, a pesar de toda esta fachada. Y justo al despedirme vi como entraba en juego otro personaje mucho más grotesco. 

«A ver, si eres el puto amo», me dijo. Y casi pude escuchar la voz de Amadeo Llados, menospreciando a los mileuristas (lo soy) y las panzas (la tengo).

Porque ahí estaba mi “narcisista”, otra parte protectora que también existe en mí, y que me da más asco que una rata muerta. Y que, a pesar de todo lo que digo, trato de mantener oculta y subyugada, pero, como es más que previsible, saca la patita a nada que relajo el esfínter y me descuido. 

Qué sí, me aplico la teoría hasta donde puedo. 

La cosa es que ahí estaban en el terreno de juego ambas. El impostor, armado con el superpoder de congelación (la vergüenza), y el narci de los cojones con el veneno de su menosprecio. 

Estoy viendo un capítulo de Bola de Dragón en mi mente, ¿pero que vaina es ésta?

Hubo una pelea a muerte en la que ambos salieron jodidos. El impostor, más envenenado si cabe con la sensación de ser escoria y no merecer nada. Y el narci —narci cabrón— hundido, pero con más sed de destacar como sea. Porque, para él, ser reconocido es más importante y urgente que hacer bien las malditas cosas. 

¡Aghh! ¡Qué asco!

Pero, mientras transcurría esa pelea y se llevaba toda mi atención —sentía que mi salud mental dependía de cómo se dirimiera—, había otras partes que no estaban siendo escuchadas. Y eran, justo, esas partes que, dios sabe cómo, todavía seguían en contacto con la seguridad, a pesar de la movida. 

El Krilin y el Maestro Tortuga, que estaban acojonados, entre el público. 

Partes que, por tanto, podían ofrecerme una visión más equilibrada de los posibles méritos, al estar todavía conectadas con la compasión y el agradecimiento. Una compasión que pudiera activar los cuidados ante el revoltijo que había sufrido («madre mía, Gorka, vaya viajes que te has llevado, deja que te dé un cariñito»); y un agradecimiento que pueda honrar el esfuerzo que, sin duda, se ha hecho. Porque oye, también es cierto que no hay muchas propuestas que integren la teoría polivagal con la teoría sistémica para dar un sentido desde la seguridad a los síntomas, ¿no? 

O es que me flipo —impostor. 

O es que merezco la gloria —narcisista. 

Pues nada, que me he vuelto a liar con lo mismo. Voy a ver qué hago esta vez con éstos 🤷

Qué jodida es la vida, amigas y amigos 🤦. O qué jodido es orientarse con todo esto. 

Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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