[…] Quizás los psicópatas no estén entre nosotros sólo porque cuentan con una ventaja evolutiva, sino también porque nos vienen bien. […]
Resulta que hay especies que son clave para conservar el ecosistema.
Claro, Gorka —dirás—, a ver cómo se sostiene la biomasa sin hierba.
La hierba es importante, claro, notejode, pero hay especies fundamentales para sostener la biodiversidad que, seguramente, no imaginas ni cuáles son, ni cómo pueden aportar beneficios para el entorno.
Por ejemplo, los lobos.
Es contraintuitivo pensar que un depredador que ocupa la cresta de la pirámide alimenticia puede facilitar el mantenimiento y la salud de todo un ecosistema, ¿verdad?
Pues no tanto, si lo piensas un poco.
A fin de cuentas, un lobo mantiene a raya especies que tienen el potencial de cargarse el suelo, como pueden ser los conejos o herbívoros más grandes; pero también tiene el potencial de mantenerlos en movimiento.
Y esto es lo que me fascina. Cuando los herbívoros se mantienen en movimiento, en cierta medida por el acoso que sufren por parte de los depredadores, hay menos riesgo de que destrocen la cubierta vegetal de zonas concretas, pero también les ayuda —a las propias presas— a mantenerse atentas, ágiles y en forma para luchar por su supervivencia.
Ya sé que no hay un diseño inteligente detrás de todas estas movidas —chúpate ésa Santo Tomás—, pero, a veces, parece que ciertos depredadores podrían cumplir una función positiva para otras especies, bajo el precio de depredar a unos cuántos de sus congéneres.
Va a ser que igual las ovejas tienen algo que agradecer al lobo, pero no voy a ser yo quien lo diga.
Pero, ¿por qué os cuento esta movida?
Porque igual pasa algo parecido con los humanos.
Durante muchos años me he preguntado qué función cumple el mal en esta tierra. Y me refiero al mal con mayúsculas, es decir, a los psicópatas que son el equivalente metafórico al lobo —digo metafórico porque ni el lobo, ni las ratas, ni las cucarachas se merecenesa comparación— o a otros depredadores.
Sea como sea, parece que el mal encanado en las personas, que se estima que es un 1% de la población general, que, además, suele permanecer oculto a la mirada, podría desempeñar ciertas funciones beneficiosas para las personas que sí sienten un gran abanico de emociones y que tienen cierta competencia ética y moral. Funciones que, de alguna manera, podrían asemejarse a las que los lobos (y las lobas) tienen en beneficio de los ecosistemas: mantener a las presas despiertas y aptas para la supervivencia, sabiendo que, en cualquier momento, tras unos matojos, pueden aparecer dientes afilados que brillan en la oscuridad.
Quizás los psicópatas (de mierda) no estén entre nosotros sólo porque cuentan con una ventaja evolutiva, sino también porque nos vienen bien.
No digo que tenga razón. Sólo me apetece formular una pregunta que no sé cómo responder.
¿Qué pasaría si desapareciera, como en todas nuestras fantasías infantiles, el mal de la tierra? ¿Nos vendría bien?
Sabe dios. Pero ahora me asaltan las dudas. Y no tengo nada claro que estemos preparados para una utopía que se pueda sostener.
Me imagino un “Universo 25” con humanos… humanos débiles que crean tiempos difíciles a los que quizás no puedan sobrevivir.
Que no digo yo que las víctimas tengan que agradecer nada a los perpetradores, pero la lógica de la especie, asociada a los sistemas complejos, a veces, no tiene nada que ver con el beneficio individual.
Y esto, amigas y amigos, aunque estemos formados en teoría sistémica, es algo que siempre nos cuesta entender.
Gorka Saitua | educacion-familiar.com

Muy interesante tu reflexión.
Saludo.
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Gracias!
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