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PRIMERA MERIENDUCA

Getxo. 16 Nov 2017.

Hola chicas/os. Como sabéis, ayer tuvimos nuestro primer encuentro de LA MERIENDUCA, y algunos queréis saber cómo fueron las cosas.

No creo que haya una sola respuesta. Estuvimos 4 personas y seguro que cada uno tiene su experiencia. Yo os cuento la mía.

¿Sabéis? Me siento como un niño-rata. De esos que no tienen ningún éxito en la vida, pero en internet cobran vida.

Antes de que llegara la gente estaba nervioso. Ya sabéis, vaya macho, en vaya embolada que te has metido. Esto te ha estallado en las manos. Y ahora toca dar respuesta. Pero qué narices, necesitamos espacios como estos ¿y si sale bien? ¿y si descubrimos algo nuevo?

A 30 minutos del comienzo, arrepentimiento. Pero qué andas ¿por qué no has preparado nada? Que vale que quieras que esto sea algo informal, que no quieres ser demasiado protagonista, pero la gente ha hecho un esfuerzo para venir hasta aquí, y querrán salir con algo a cambio. Pánico.

Mi mujer, Mariña se ha acercado a ayudarme. Desesperada. Déjame, quítate de en medio. Que ya me encargo yo que cuando estás así estorbas más que el cubo del fregao, la fregona y un piano de cola en la puerta.

Venga tío. Estate tranquilo. Que tampoco esperan mucho. Que esto es gratis y que les has puesto pastas. Aunque sólo digas tonterías se van a ir con una buena sensación. La del estómago lleno.

Funciona. Así que voy dando cuenta de las galletas de dinosaurios ¡qué alegría! Con chocolate con leche por debajo. Ñam, ñam…

Llega primero Jose Pedagogo. Y le atiendo como debe ser, con la boca llena. Majo, se preocupa porque esté a gusto. Se nota que sabe hacer que se sientan bien las personas. Me relajo un poco.

Luego llega Amaia. Trabajadora social. Simpática, acogedora. Conversación de las que se me dan fatal. De las que tratas de entrar en contacto. Al rato muy a gusto. Escucha, atiende, aunque yo sólo diga tonterías. Vaya. Igual funciona la cosa.

Al poco llega Patricia, educadora social, con una gran sonrisa en la boca. La motivación en persona. Quién diría que había salido de turno de noche ¡menuda energía! Vamos pa dentro.

Como buen anfitrión se me olvida enseñarles el local ¿y qué digo ahora? Empiezo a balbucear, y Jose sale a mi rescate con una gran idea ¿por qué no contamos que hemos hecho hoy?

Cojonudo y perdón por el vocabulario. Esto da frescura a las cosas. Nos presentamos de manera espontanea, contando quiénes somos, qué formación tenemos, dónde trabajamos y pasamos a contar nuestro día. Salen cosas muy curiosas. Se nota que a la gente le interesa. Preguntamos, hacemos reflexiones, nos damos cuenta de que hemos participado de cosas juntos. Oye ¿te acuerdas de éste? ¿y de aquél? ¿cómo le va la vida? ¡no fastidies! ¡vaya movida!

Al de 3 minutos, y 43 segundos ya no estoy nervioso. Es como estar entre conocidos de siempre. Y a mi cuando me relajo me da el hambre. Así que vuelvo con disimulo a las galletas de dinosaurios, que me he colocado estratégicamente cerca.

¿Sensaciones? Profesionalidad y compromiso. Y sobre todo, muchos, pero muchos deseos de crear red para ayudarnos. Pasión, gusto por el trabajo. Y la idea subyacente de que nos encanta lo que hacemos. Que si hace falta lo gritamos.

Me vengo arriba, y mi mente fluye. Y aunque trato de que no se note, se me va la pinza. Y pienso que sería bonito extrapolar esta experiencia. Que por encima de cualquier tipo de cosa, da un placer inmenso apostar por el trabajo bien hecho. Por colaborar con gente desconocida que se deja la piel en el terreno. Que somos muchos los que podemos y queremos aportar y que, sea lo que sea a lo que podemos llegar, puede ser la pera limonera.

El encuentro finaliza cuando se acaban las galletas de dinosaurios. En mi mente una sensación, la de buen rollo. El mi móvil un nuevo grupo de Watsapp, para sentirnos más en contacto. El mi corazón el deseo de repetir. En mi tripa un placer inmenso. Y como reto contener mis impulsos el próximo día, y dejar probar al resto las galletas de dinosaurios. Porque si algo nos mantiene sanos en estas profesiones, son los #BuenosTratos.

PD. Tampoco volvieron los filipinos blancos 😜

Merienduca 1
Introducción a las galletas de dinosaurios

SEGUNDA MERIENDUCA ¡Logro desbloqueado! 👏👏👏

Jose me había aconsejado que no sea burro. Que preparase algo. Así que yo tenía mi guión preparado, y varios juegos que podían encajar si la cosa no fluía.

De nuevo, galletas de dinosaurios a raudales, como seguro de vida.

10 minutos antes aparece Raquel. Qué maja. Le conozco porque coincidimos hace casi 20 años en un voluntariado. No me dice nada, pero yo sé que viene un poco antes para cuidarme, para ayudarme a gestionar mejor los nervios. No se lo digo, porque soy un tipo duro, pero ¡vaya si se lo agradezco!

Mesa preparada. Todo OK. Intento quitarme los nervios haciendo el tonto con la pizarra. Y dibujo un dinosaurio que parece un pollo. Nos reímos. El #pollosaurio. Ja, ja, ja… tranki que luego lo borro.

Aparece Ane. Que –casualidades de la vida– conoce a Raquel. Nos quedamos en la puerta charlando. No vaya a ser que venga alguien y no nos vea. Oye, pues sí que hace frío. Espera un poco. Anda que le den que me estoy congelando. 11,20 h. Vamos para dentro.

Recibo mensaje del grupo de Madrid. Oye que vamos a llegar tarde. Lo hablamos. Empezamos cuando lleguen, que no hay prisa.

Ding, dong. Patricia. Qué bien, que tía más agradable. Nos contamos nuestra vida, nos tomamos un café y comemos galletas mientras nos conocemos y –a ratitos– despotricamos.

Ding, dong. Ya están aquí. Olé, qué bien. Abro la puerta. Uno, dos, tres, cuatro, y la de Dios es Cristo. María, Pablo, Javi, Zoraida e Isabel. Pánico ¡cuánta gente! Hacen pis y nos sentamos; por ese orden.

Yo también apoyo el culo. Y siento la obligación de decir algo. Buenos días, bla, bla, bla… Que os parece si empezamos con una ronda de presentaciones, y luego podemos hacer un juego. Es un juego guay, que sirve para la valoración e intervención con las familias. Nos ayudará, y así os lleváis algo.

Mientras hablo. Mierda. El pollosaurio. No lo he borrado. Ahí está en la pizarra. Presidiendo la reunión. Como un trágico espectador de esta movida. Qué vergüenzaaaaa…

Y ahí nos quedamos. En la ronda de presentaciones. Yo tengo esta formación, he hecho esto, y ahora hago esto y lo otro. Y me toca las narices que… y me pone triste esta otra cosa. Pues sí tía, yo te comprendo. ¿De verdad trabajas en esto? Pues ya me gustaría estar más en contacto contigo, porque seguro que me puedes aportar ideas que merezcan la pena. Y eso ¿cómo lo hacéis en vuestra tierra? No me jodas que eso lo llevan los “legionarios de cristo”…

Surge el debate que más temido ¿cuál? Eso, eso… sobre el intrusismo profesional. Siento cómo los testículos se me retraen al abdomen ¡zuuuup! Ahora pasaremos de las palabras a los puñetazos. Mierda, teníamos que haber puesto un detector de metales. Que esta gente de la gran capital seguro que vienen muy resabidos. Miro a la derecha y a la izquierda, y ahí sigue, el pollosaurio. Vamos a morir todos.

Pasa el tiempo y nada. Mejor. No me apetecía nada tener que deshacerme de cadáveres hoy, que es mi día de descanso. Buenas formas, respeto ¿Dónde está el límite de nuestras profesiones? Pues igual por aquí o por allá. Yo pienso esto. Yo pienso lo otro. Pues sí que es difícil. Me gusta escuchar tu opinión. Pues vaya, no lo había pensado nunca así, gracias. Qué buen rollo. Pollosaurio sigue sin moverse, pero se le ve más relajado.

Por supuesto, a freír espárragos el guion y el protocolo. 3 horas y pico de encuentro y no hemos hecho nada de lo previsto. Igual esperaban otra cosa. Pero como veía que la conversación fluía sola, no quería estropearlo dirigiendo al grupo ¿habré hecho bien? Quién sabe.

Terminamos porque cerraban las cocinas. Y la gente de fuera podía quedarse sin disfrutar de nuestra grandiosa gastronomía. Y eso no podía ser. Antes muerta que sencilla.

Antes de que os vayáis. Venga, corred. Dadme vuestro teléfono, que vamos a incluiros en nuestro grupo de Watsapp. Ya sabéis, un pequeño gesto para dejar claro que estamos dispuestos a dar un paso más allá de las redes. Que podemos quedar sin hace falta, y ayudarnos en lo que podamos. Porque disfrutamos de nuestro trabajo, y necesitamos cuidarnos. Pero corred, corred como perdigones, que si no vais a comer de pintxos. Y eso es la ruina.

Silencio. Ha terminado ¿con qué impresión se habrán ido? Seguramente no ha sido lo que esperaban ¿qué esperaban? Quién sabe ¿Lo sabes tú? Lo sepas o no, por fin voy a borrarte. Y con mucho gusto. Maldito pollosaurio.

Pero esta es mi experiencia. Ya me gustaría saber cómo lo vivió el resto…

PD. Este es el juego que no pudimos hacer… https://educacion-familiar.com/2016/04/06/palillos-chinos/

Merienduca_2
El terror de Pollosaurio

 

2 comentarios en “Área de Profesionales

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