El gatito Mesto

El juego es la representación [hasta donde se puede] gozosa del encuentro con la vulnerabilidad. En consecuencia, del trato que puede darse a los demás y a una o uno mismo.

En casa tenemos un gatito que se llama Mesto.

No se muy bien como llegó, pero se ha acomodado entre nosotros. 

Mesto es pequeño y negro. Tiene los ojos grandes y verdes, y dos particularidades: una lengua también verde y que es… imaginario. 

Pero Mesto existe. Está en la mente de mi hija y, ahora, en la de todos nosotros. 

Ayer, sin darnos cuenta, Mesto salió de casa y nos siguió hasta el parque. Cuando estábamos en los columpios, balanceándonos, apareció y se le subió a Amara en brazos. 

—Mira, Aita, ¡está Mesto! —dijo, con la ilusión de haberse encontrado. 

—Anda, es verdad —contesté—. Nos ha perseguido hasta el parque. 

Ella estaba en el columpio, balanceándose despacito, abrazando a su mascota. 

—¡Tiene miedo! —dijo—. Mira, Aita, ¡Mesto tiene mucho miedo!

Hace apenas 15 minutos, ella misma se había dado un susto al encontrarse de repente con el ruido que hace al caer una bolsa en un contenedor de basura. 

—Es verdad. Tiene mucho miedo —respondí—. ¿Qué hacemos?

Esperaba algo como «para el columpio», «le ayudamos a bajar», u otra cosa. Pero ella hizo un gesto que sugería abrazar más fuerte al animal, y llevárselo a una zona más íntima, cerca de la boca. 

—Tiene mucho miedo —repitió—. Pero ya se le va a pasar, Aita. 

Me encanta ver a Amara jugar con Mesto. Al gato le pasan muchas cosas, y ella hace lo posible para cuidarlo y ayudarle a resolverlas. Porque Mesto es vulnerable, y ella fuerte. Mesto reacciona a las cosas que le pasan, y ella le protege y le cuida, con una sabiduría, amabilidad y fortaleza que yo, probablemente, nunca he tenido. 

Porque yo jugaba, sobre todo, a guerras. En esas guerras, solía haber un personaje que era muy fuerte. El conflicto se resolvía en la lucha, y con la muerte y la sumisión de los enemigos. Entonces, el protagonista recibía la gloria —el reconocimiento, la mirada— que se merecía. 

El juego es un modelador clave para la mente infantil, pero se basa sustancialmente en las experiencias que han tenido. En los conflictos que han tenido que afrontar, y en las estrategias que les ayudan con ellos. El juego es clave para el desarrollo de la autorregulación emocional, porque permite activar el sistema de exploración a la vez que el sistema de apego, permitiendo que las niñas y los niños sientan con intensidad, pero sin desbordarse, dentro de su ventana de tolerancia, integrando las experiencias que se hayan podido quedar colgadas en el camino. Y, además, les ayuda a desarrollar y explorar un lenguaje interno, es decir, una forma de tratarse a sí mismos. 

Porque el juego es, como con el gatito Mesto, la representación [hasta donde se puede] gozosa del encuentro con la vulnerabilidad. Una vulnerabilidad externalizada en la figura de personajes imaginarios, que le permite a las niñas y niños probar, en un momento clave para el desarrollo de la empatía, diferentes formas de tratar a los demás y, en consecuencia, a sí mismos. 

—¿Te duele la tripita, Mesto? —dijo, al poco rato. 

Yo no lo vi, pero el gatete debió hacer un gesto. 

—Vamos a casita —decidió, a pesar de que a ella le encantan los columpios—. Quiere comer algo. 

—Me parece estupendo, Amara —dije—. Lo primero, ahora, es que esté a gusto Mesto. 


Referencias: 

ALETHA J. SOLTER (2013). Juegos que unen: cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión. Barcelona: MEDICI

GONZALO MARRODAN, J. L. y BENITO MORAGA, R. (2017). La armonía relacional: aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia. Bilbao: Descleé de Brouwer

LEVINE, P. A. y KLINE, M. (2017) Tus hijos a prueba de traumas. Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia. Barcelona: Eleftheria


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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