Tras la madre que llora por el maltrato sufrido

[…] En esas condiciones, de no salida, lo normal es que el cuerpo reaccione con un bloqueo. La sensación es de que la mente se separa del cuerpo, para no sentir el dolor que se anticipa o viene. Y que, tras la agresión, se permanezca así un buen rato hasta que, pasado el peligro, puede venir el llanto, que es la forma que tiene el cuerpo de liberar tensión, y de pedir la ayuda y los cuidados que necesita. […]

Pero, ¿qué pasa con las niñas o niños?

Me gustaría dar un paso más allá, y proponerte una idea que, si quieres y te apetece, podemos explorar juntos.

Se trata de lo que pasa —casi siempre— cuando una persona es sometida y maltratada, delante de sus hijas y hijos.

No sé cómo ha sido tu historia, pero estoy casi seguro de que te van a resonar muchas cosas.

Cuando a una mujer le hacen tanto daño, a menudo siente —con mucha razón— que peligra su vida. Las amenazas, el destrozo de objetos, las vejaciones, los insultos, y los golpes de un hombre descontrolado, generan un profundo trauma, sobre todo, cuando además se siente que la huida no es una opción, porque puede empeorar las cosas.

Vaya por delante: en las historias de maltrato sólo hay un responsable, el perpetrador del mismo. 

En esas condiciones, de no salida, lo normal es que el cuerpo reaccione con un bloqueo. La sensación es de que la mente se separa del cuerpo, para no sentir el dolor que se anticipa o viene. Y que, tras la agresión, se permanezca así un buen rato hasta que, pasado el peligro, puede venir el llanto, que es la forma que tiene el cuerpo de liberar tensión, y de pedir la ayuda y los cuidados que necesita.

La pregunta es qué pasa con los niños o las niñas que ven esto.

Lo normal, es que se acerquen a atender a la víctima. Que sientan un profundo deseo de cuidarla y protegerla, para que pueda recibir el trato que se merece y necesita. Esto, que habla muy bien de ellos, es un arma de doble filo porque, cuando el maltrato es recurrente, acaban sintiendo que tienen la misión de cuidar y proteger a su madre, es decir, a la persona que debería estar en disposición de proteger y cuidar de ellos.

Pero es una misión imposible. Porque proteger a su madre, implicaría enfrentarse a un monstruo gigantesco: su padre. Y esa figura es tan fuerte y formidable que está fuera del alcance de una niña o un niño. Por eso, las personas que han estado en esa posición, la de niñas o niños, que querían proteger pero nunca pudieron hacerlo, acaban viviendo con un sentimiento de culpa e impotencia que los destroza por dentro. Culpa porque sienten que permiten el maltrato, e impotencia porque al ser tan pequeñitos e indefensos, nunca pudieron cambiar las cosas. Por eso, sienten que están por detrás de todo el mundo, y que tienen muy poco valor como personas.

Lo que no saben, estas niñas y niños que son también víctimas de maltrato, es que esa culpa y esa importancia habla bien de ellos. La culpa, porque habla de su responsabilidad y de su deseo de hacer bien las cosas; y la impotencia porque, en el fondo, no hacer nada era la única forma de protegerse y no empeorar las cosas, protegiendo al resto.

El problema es que, todo esto, pasa demasiada factura a la relación que tienen consigo mismos. Dejan de confiar en sus capacidades, y lo que es peor, en el valor de lo que son, porque todo queda teñido por los acontecimientos que han vivido. Por eso tratan de desconectar de su dolor, de diferentes maneras, sin percatarse de que pueden dar ahora, de adultos, el trato que merece, a esa niña o ese niño que fueron y que tan mal lo está pasando desde entonces.

No sé. Tienes cara de curiosidad, ¿qué te sugiere esto?


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

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Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

2 comentarios en “Tras la madre que llora por el maltrato sufrido

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