La tragedia de una mujer débil y un hombre fuerte

Es el patrón de relación normalizado e idealizado por el patriarcado, pero tiene sus particularidades y problemas.

Vamos a hablar de cosas que pasan cuando una mujer que se siente débil, se junta con un hombre [aparentemente] fuerte.

Vaya por delante que las interacciones que voy a describir NO OCURREN NECESARIAMENTE, tan sólo son un patrón de interacción bastante frecuente.

Es una relación muy común, entre otras cosas, porque cuadra muy bien con nuestros estereotipos de género. Además, se produce una complementariedad muy sólida durante el noviazgo porque ambas partes se benefician: ella obtiene una aparente seguridad (económica, social, etc.) a través de la figura del salvador; y él cuidados, reconocimiento y, muchas veces, una persona a su servicio.

Por supuesto, que yo esté describiendo esta interacción no implica, en ningún caso, que la justifique. Recordad que lo que ES no determina nunca lo que DEBE SER. Lo primero es materia de ontología y ciencia, y lo segundo de la ética.

En términos de apego, hablamos del encuentro entre una mujer más ansioso-ambivalente, y un hombre predominantemente evitativo. Que fluye muy bien, mientras se trata sólo de una relación de pareja.

Sin embargo, las cosas cambian mucho cuando llega la primera hija o el primer hijo.

Una de las formas de verlo, es considerando las causas críticas de peligro de ambos, esto es, las cosas que les hacen sufrir y, en consecuencia, les llevan a desrregularse emocionalmente.

Porque, a menudo, para ellas resulta especialmente doloroso el abandono y la sensación sentida de no ser eficientes en su funcionamiento. Y para ellos, la exigencia y la intromisión en su vida íntima.

Y ahí es, justo, donde comienzan los problemas.

Porque el cuidado de una hija o un hijo es un reto formidable para ambos. Para ella, por la constatación de los INEVITABLES ERRORES que implica la crianza; y para él por sus dificultades para ACOMPAÑAR como sabe que es debido. Cosa que en ambos se manifiesta con un incremento de la ANGUSTIA y la CULPA.

Pero las cosas empeoran cuando ambos intentan aliviar este malestar con los recursos QUE LES SALEN. Porque él tenderá a hacerse cargo de las CRISIS, y ella del DÍA A DÍA.

¿Se ve?

En el día a día, se sentirá, probablemente, excluido e invalidado: «No me dejas espacio, y cuando lo tomo me criticas». Y durante las crisis, ella se sentirá incapaz de gestionarlas, al ser él quien resuelva los problemas: «Me has dejado en evidencia». Se crea, así, el caldo de cultivo perfecto para que se incremente la ANGUSTIA. Porque, ambos, sin saberlo, estarán dejando en evidencia a su pareja donde más les duele, activando su CULPA.

Por ejemplo, es muy frecuente que, cuando hay que imponer disciplina, se haga cargo el padre. Y, aunque el hijo o la hija obedezca, a ella le quede la sensación sentida de ser incapaz para controlar su conducta, sintiendo que, una vez más, no ha logrado estar a la altura. Y si ella, además, no sabe cuidar lo que siente, es frecuente que pase al acto, incrementándose la complacencia [de tapadillo] con su hija o hijo (hacer lo que dicen, negociar, regalarles cosas…), confundiendo la complicidad con la satisfacción del deseo.

Ni qué decir que la respuesta del varón, ante estos hechos, suele activar más si cabe la rigidez y el reproche hacia su pareja y, en casos extremos, la evitación de la convivencia en casa, pasando más tiempo en el trabajo, en actividades de ocio o con los amigos.

En paralelo, el padre, si bien en un primer momento puede sentirse eficiente al resolver el conflicto y lograr que se imponga disciplina, al rato puede ser consciente, también, que su forma de actuar, por libre, le ha pasado factura en la relación con su hija o hijo, “por culpa de la madre, que le ha endiñado el marrón y no ha estado a la altura”.

Tenemos así niñas y niños “consentidos”, expuestos en paralelo a un conflicto de pareja donde ellos son los agentes determinantes: la razón por la que discuten su padre y su madre y, lo que es peor, el motivo por el que el padre desaparece.

La paradoja es que, a pesar de lo que puede parecer, él quiere estar más presente, y ella ser más resolutiva. Pero en su intento de lograrlo, activan recursos incompatibles con la tarea.

Hasta el punto de que se puede haber tanto sufrimiento como para producirse una RUPTURA.

Si eso se produce, no es fácil que lleguen a acuerdos. Ella le reprochará a él que ha estado sola en la crianza, mientras que él la señalará como incoherente o loca. Sin considerar el hecho de que él lo ha pasado fatal por no atender a los suyos, y alejarse de sus hijos, ni que ella ha estado siempre luchando por dar coherencia a sus acciones y resultar una figura de autoridad para su hija o hijo.

Esta situación explica, en parte, muchos de los abandonos de padres hacia sus hijos. Cuando se produce el divorcio, prefieren alejarse, porque sólo sienten que pueden tener una relación con ellos a través del conflicto. Esto refuerza, más si cabe, la sensación de las hijas o hijos de ser la causa del problema y, en consecuencia, de ser castigados con el abandono.

Es entonces cuando pueden aparecer síntomas graves orientados que pueden cumplir la función de expresar el profundo malestar que ellas y ellos sienten, en un contexto en el que no se puede hablar por miedo a sentirse señalados como la causa y el sostén de los problemas. Y que, muchas veces, se confunden con el capricho o el egoísmo, cuando detrás hay un sufrimiento formidable, originado por razones que pasan desapercibidas.

Pero, ¿Cómo resolver este entuerto?

Quizás, hay cinco ideas clave:

La primera, que cada uno de los ADULTOS aprenda y sostenga formas más eficientes de regularse a sí mismo. Es decir, que cuando la angustia se active, puedan sostener una relación de buen trato consigo mismos.

La segunda, es reconocer [se] que ambos han hecho importantes esfuerzos para superar sus dificultades, siendo muy conscientes SIEMPRE de todas ellas. Esa es la parte salvable de la ANGUSTIA.

La tercera, es aceptar que los adultos no son enemigos entre sí, sino que los que les hace sufrir es la AUTOEXIGENCIA y la CULPA, y que ambos pueden hacer mucho para que su “contrario” o “contraria” se sienta mejor, rescatando los cuidados que, en el algún momento, supieron y disfrutaron de darse.

Así, puede empezarse a diferencias la NECESIDAD y el DESEO, en lo que respecta a explicar la conducta de la hija o el hijo, para empezar a considerar y sentir los límites como una forma satisfactoria de cuidado: «Me contienes porque eres fuerte, amable y sabes lo que necesito». Y, sobre todo, como una pauta de interacción acordada por las partes, que no perpetúe el problema.

Sólo si este camino empieza a recorrerse, y todavía queda algo de comunicación entre ellos, podrán entonces empezar a hablar sobre qué rol les gustaría desempeñar en los conflictos que puedan acontecer con los hijos, y qué espacios pueden y quieren asumir ambos en lo que respecta a la crianza.

Pero, lo sé, no es un camino fácil… ni que muchas veces coincida a la perfección con el esquema de este libro.

¿Se te ocurre algo que añadir (o restar) a este texto?

Abrimos debate del que aprender todas y todos.

Gracias.


Referencias:

GONZÁLEZ, A. (2020). Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor. Barcelona: Planeta

MINUCHIN, S. (2009) Familias y terapia familiar. Barcelona: Gedisa

NARDONE, G. (2015). Ayudar a los padres a ayudar a los hijos: problemas y soluciones para el ciclo de la vida. Barcelona: Herder

NARDONE, G. (2009). Psicosoluciones. Barcelona: Herder

NARDONE, G.; GIANNOTTI, E.y ROCHI, R. (2012) Modelos de Familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder

SELVINI, M., BOSCOLO, L., CECCHIN, G Y PRATA, G. (1990). La elaboración de hipótesis, circularidad y neutralidad: tres directrices para la coordinación de la sesión. Barcelona: Paidós


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, puedes ponerte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Un comentario en “La tragedia de una mujer débil y un hombre fuerte

  1. Quiero añadir la aportación que Esther Gutierrez ha hecho en nuestra Área de Profesionales. Cito textualmente: «Añadiría que la educación que suelen recibir ambos con sus sesgos de género, les aleja aún más del encuentro: ellos no pueden ser tiernos con sus hijos, ellas no pueden ser duras, figuras paterna de autoridad, etc…. Y que de este sistema tan extendido, estos lodos.» Gracias, compañera.

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