¿Por qué siguen precintados los columpios?

Puede que tenga que ver, también, con la desconfianza con la que miramos a la niña o al niño que fuimos.

Estamos en Fase 3, pero las niñas y los niños todavía no pueden jugar en los parques.

Y el problema de fondo es que no confiamos en ellas y ellos.

Pero no voy a entrar en reproches.

Es normal. A fin de cuentas, estamos rodeados de personas adultas cuyo recuerdo de la infancia es vivir descontrolados, sin personas adultas que, de verdad, les inspirarán confianza.

Mi generación, por ejemplo, somos las hijas y los hijos de la “pedagogía científica”, que postulaba que la educación se resumía a aplicar, en el momento adecuado, y con la debida coherencia, un sistema de premios y castigos.

Y si eso no te servía, es decir, si no cuadraba en esos esquemas, el sistema educativo te excluía.

Eras un sujeto que no se podía sujetar. Es decir, algo defectuoso.

Somos las hijas e hijos de las primeras familias en las que trabajaban padres y madres, en las que además, empezó a perder significado y presencia la familia extensa.

En muchos casos, nos hemos criado solos.

Pero sin saberlo, porque no nos faltaba de nada, y nuestra experiencia era compartida por nuestros iguales y, además, la única que hemos conocido.

Es por eso, por lo que se nos fue la pinza.

Sobrevivimos sin demasiado andamiaje moral, e hicimos muchas cosas de las que nos arrepentimos.

Si nuestra familia estaba presente, aparentábamos normalidad, pero no podíamos sostener la motivación para sentirnos íntegros, porque tarde o temprano desaparecían.

Y ahora, mayores, viejos y casados, seguimos flanqueando cuando nadie mira. Y al revisarnos, nos aplicamos premios y castigos internos, que nunca funcionan.

Seguimos maltratando a nuestra niña o niño herido.

Por eso, es normal que no confiemos en que las niñas y niños pueden ser prudentes, y que se pueden proteger; porque nosotros pocas veces lo hemos hecho, ni lo hemos sentido.

* Creo que, aunque focalicemos la atención desde la perspectiva educativa, o desde la perspectiva médica, ambos puntos de vista son reales y compatibles. No compiten entre sí, a no ser que se deban tomar decisiones. Por mi parte, soy partidario de cuidar prioritariamente la salud de la población atendiendo —haya certeza o no— a criterios científicos. Sin embargo, esto no excluye una mirada validante hacia la infancia, ni comprensiva hacia los fenómenos que sustentan el adultismo, como relaciones que priorizan el interés y las necedidades adultas sobre las infantiles.


En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

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