Mi hijo no me habla | el bloqueo de cuidados en intervención familiar 

«No sé qué hacer. Mi hijo me rechaza. No me habla. Estoy en una situación sin salida: haga lo que haga, sólo consigo empeorar las cosas

Hace poco tuve una entrevista con un padre que sufre un bloqueo de cuidados, una de las situaciones más complejas y desesperantes que pueden afectar a una persona que quiere a su hija o a su hijo.

Bloqueo de cuidados es un concepto que he leído en el libro de Daniel A. Hughes titulado Construir los Vínculos del Apego, y que hace referencia a esas situaciones en las que una hija o un hijo se niega a mantener trato, comunicación y/o recibir cualquier tipo de cuidados por parte de uno o ambos progenitores.

Las niñas, niños y adolescentes activan el bloqueo de cuidados bien para defenderse de un profundo dolor, o para cubrir necedidades no satisfechas a nivel individual o familiar. Sin embargo, a menudo los observadores poco preparados, entre los que incluyo algunas figuras profesionales, suelen valorar que esa persona que sufre es caprichosa, una pequeña tirana, antisocial, egoísta o injustamente agresiva hacia las personas a las que quiere.

Cuando una hija o un hijo activa un bloqueo de cuidados, genera un profundo estrés y malestar en todo el sistema familiar pero, sobre todo, hará sufrir íntima y profundamente a quien niega el acceso.

Esa persona podrá activar entonces sólo estrategias coherentes con el MOI (modelo operatorio interno) de su sistema de apego adulto. O bien inicia una frenética persecución para recuperar el afecto que necesita; o se retira rechazándole o con intención de dejarle “su espacio”; o activa estrategias de control como el victimismo, la manipulación, el chantaje emocional, la agresividad, la somatización, amenazas autolíticas, etc.

En los casos en los que existe un conflicto en la pareja —se haya roto la conyugalidad o no— ese conflicto puede agravarse, bien porque el chico o la chica prefiere la compañía de su padre o su madre, o porque el progenitor que sufre el bloqueo de cuidados puede acusar al otro, explícita o implícitamente, de aliarse con su hijo o hija en contra de él.

Sea cual sea la estrategia desesperada que la persona adulta active, es muy probable que empeore la situación. Porque cualquier persona sometida a esa situación de estrés siente tanto deseo de resolver las cosas, que termina por tratar a la persona que sufre como un problema. Eso activa más si cabe las estrategias defensivas del chico o la chica que sufre, agravando la situación:

Es frecuente que un bloqueo de cuidados esté relacionado con la saturación que un chico o una chica puede sentir al recibir, sobre todo, miradas que le sitúan como el origen de los males que el resto de la familia debe enfrentar.

«Mi padre (o madre) no hace más que mendigar mi afecto. Es débil y me agobia. No quiero saber nada de él.»

«Mi padre (o madre) me rechaza. Le importo un pimiento. No sabe lo que estoy pasando y, además, le da igual. Qué le den.»

«Mi padre (o madre) sólo quiere controlarme. No es capaz de verme a mí más allá de sus propias necesidades. Son un objeto en su juego. Eso me hace sentir un profundo dolor que sólo consigo apaciguar cuando estoy lejos de él.»

«Ya están otra vez mi padre y mi madre discutiendo por mi culpa. No puedo soportar el remordimiento de ser el origen de tanto malestar. Mejor me hago invisible, para no sufrir más.»

O yo qué sé.

La intervención en estos casos, suele pasar por tres momentos: la estabilización de los lugares o bases seguras, el dar valor al sufrimiento de cada persona implicada y dotar de una mirada validante hacia los recursos o partes protectoras que ese chico o chica ha tenido que activar.

Lógicamente, las familias suelen ser reticentes a este tipo de intervención, entre otras cosas, porque va diametralmente en contra de las soluciones que se han empeñado en intentar.

Convencerlas pasa, muchas veces, porque cada persona, en sesiones individuales pueda sentir e integrar en el cuerpo, el poder, el valor, y el alivio que proporcionan los cuidados. Porque quizás lo tengan apartado, o se les haya olvidado. Pero sólo si lo sienten podrán flexibilizar sus esquemas de funcionamiento y dar a los suyos la medicina que a ellos les ha podido aliviar.

Romper un bloqueo de cuidados pasa porque las personas puedan volver a resonar empáticamente con el dolor que los otros sienten, incluyendo el que ellas mismas han causado. Dedicarle el tiempo necesario, hasta que dejemos de considerar a las personas a quienes queremos como un problema, sino como personas que, hagan lo que hagan, se sitúen cómo se sitúen, y cometan los errores que cometan, merecen reconocimiento, respeto y cuidados.

Pasar del plano de las soluciones, al trato que merecemos y necesitamos.

Dejar ser, para poder estar.

Eso es.

Referencias: 

HUGHES, D. A. (2019). Construir los vínculos del apego. Cómo despertar el amor en niños profundamente traumatizados. Eleftheria: Barcelona.

BARUDY, J. (1998). El dolor invisible de la infancia: una lectura ecosistémica del maltrato familiar. Barcelona: Paidós Ibérica.

GONZÁLEZ, A. (2017). No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego, y la disociación: una guía para pacientes y profesionales. Editado por Amazon.

GONZALO MARRODAN, J.L. (2015). Vincúlate: relaciones reparadoras del vínculo en niños adoptados y acogidos. Bilbao: Descleé de Brouwer.

NARDONE, G. (2015). Ayudar a los padres a ayudar a los hijos: problemas y soluciones para el ciclo de la vida. Barcelona: Herder.

NARDONE, G. (2009). Psicosoluciones. Barcelona: Herder.

SCHWARTZ, R.C. (2015). Introducción al modelo de los sistemas de la familia interna. Barcelona: Eleftheria

WALLIN, D. (2012). El apego en psicoterapia. Bilbao: Descleé de Brouwer

En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

6 comentarios en “Mi hijo no me habla | el bloqueo de cuidados en intervención familiar 

    1. Sofia

      Mi hijo tiene 23 años me bloqueo el celular las redes ,hace 5 meses ,es mi único hijo y la verdad sufro mucho trato de respetar su tiempo ,pero cada vez lo siento mas lenos ,empezó con el padre ,ahora conmigo

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  1. Ann Onime

    Un amigo de un amigo de una amiga de un pariente lejano me cuenta que tiene un hijo de casi 30 años. A partir de la separación familiar, yéndose el padre a vivir lejos, con poco contacto, el hijo desarrollo una independencia con respecto a la madre y al padre. EL problema es que nunca demostró interés por el padre, aunque tampoco rechazo. No iba a recibirle al avión o cuando llegaba, no facilitaba el contacto, no preguntaba, no quedaba con el. Toda la iniciativa debía ser paterna… Ya últimamente no recuerda las fechas básicas: cumpleaños,o felicitar la Navidad, o limitarse al consabido email o Whatsapp, muy insatisfactorio. Finalmente el padre desistió, harto de acumular desaires, y llevo su anterior respeto a su espacio a simplemente dejarlo marchar… Renunciar a la paternidad.
    Espera en vano que a él le entre, con la edad, el interés.
    Ya ni cuenta con el ni para su propio entierro.

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  2. Anónimo

    “Cuando una hija o un hijo activa un bloqueo de cuidados, genera un profundo estrés y malestar en todo el sistema familiar pero, sobre todo, hará sufrir íntima y profundamente a quien niega el acceso”

    Cuando una hija o un hijo activa un bloqueo de cuidados, puede ser porque tenga unos padres con una empatía tan atrofiada que utilicen al hijo/a “más fuerte” como cubo de basura emocional y cabeza de turco para cualquier conflicto familiar. Maltrato invisible, silencioso, mantenido en el tiempo y en el que participa el gran grueso de la familia. Confusión cotidiana para este hijo/a porque hablar de padres narcisistas, perversos, oye no, eso no de no de no, aquí no hay nadie así.
    Llega al punto en que desarrolla un estrés postraumático de la leche, que le impide seguir realizando una vida normal, trabajo, amigos, …La familia sigue en la misma dinámica, claro….
    Pero oye, donde han pegado tanto y tan fuerte, un golpecito más no se notará, y si eso, pues como errores tenemos todos, ¡venga! Dile a ese hijo/a que está haciendo sufrir íntima y profundamente a su familia. Darás en la diana, porque ha vivido toda su vida con el estribillo de que hace sufrir, aunque lo haga todo perfecto. Aunque ame profundamente a su familia y haya dado la vida por ella.

    Si con un par logró separarse y empezar a hacer una vida, si por algún milagro logró darse el derecho de vivir, vete detrás y dile que hace sufrir. En la misma diana le das, oye. Fulminado cae, quizá vuelva al redil. A donde “el amor de los padres” es “lo mejor”.

    ¿No será que… ?
    Probablemente

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