La crítica cansada  

¿Sabes qué te digo, Gorka? —dijo—. Que no quiero saber cuáles son los puntos de anclaje de mi hijo porque, si los conozco, voy a atacarle ahí mismo 

—¿Sabes qué te digo, Gorka? —dijo—. Que no quiero saber cuáles son los puntos de anclaje de mi hijo porque, si los conozco, voy a atacarle ahí mismo. 

Su brutal honestidad me paró en seco.  

Estábamos en un proceso previo a la intervención familiar propiamente dicha, en el cual pretendíamos facilitar a esta madre —que estaba profundamente preocupada por la relación con su hijo adolescente— nociones de psicoeducación que le sirvieran para ampliar su visión de la realidad y de los acontecimientos vividos.  

La idea era muy sencilla. Yo aportaría cierta formación, poniendo muchos ejemplos —de mi vida, de otras intervenciones e, incluso, de casos mediáticos— que ilustraran lo que digo, invitándole a ella a hacer lo mismo con sus asuntos o con aspectos de la relación con su hijo.   

Pues, en la primera sesión, me encontré con esa parte autocrítica, que vigilaba, cuestionaba y cuestionaba su funcionamiento y decisiones, manteniéndola en una situación de perpetua tensión que, paradójicamente, incrementaba la probabilidad de sus estallidos de rabia.  

Habíamos conectado ambos con las sensaciones y reacciones que tenemos cuando alguien compromete nuestro lugar seguro. 

Le acababa de decir que «podía aplicar cualquier castigo a su hijo, pero no podía tocar sus puntos de anclaje o bases seguras». 

No soy partidario de aplicar a niños, niñas y adolescentes ningún tipo de castigo NUNCA, pero en el proceso de intervención familiar debemos respetar el ritmo de las personas a quienes acompañamos.

—Déjame que te hablé con sinceridad —le propuse.  

—Sí, claro.  

—Pero necesito que pongas toda tu atención en el sentimiento y las sensaciones que se han expresado de manera tan honesta —aclaré—; con curiosidad, pero sin juicio.  

—Sí… —respondió haciéndose pequeñita de nuevo.  

—Siente cómo impactan en tu cuerpo mis palabras —propuse—. Luego, si te apetece, hablamos.  

—Voy a hablar a ese sentimiento que acaba de expresar que tienes miedo de hacer daño a tu hijo —contextualicé—. Voy a hablarle a esa esa parte tuya que protege desde la autocrítica.  

Hice un breve silencio, y al retomar la palabra, alteré mi tono de voz para que fuera un poco más solemne: 

—Gracias por expresarte de manera tan sincera y honesta —empecé a decir—; siento que eres una parte que desea, de corazón, proteger a [su nombre] y a [el nombre de su hijo adolescente]; que piensa y siente que debe hacer muchos esfuerzos para vigilar y contener la rabia, para que no haga demasiados destrozos.  

Paré un poco. 

—Quiero que sepas que no te quiero apartar, manipular o quitarte protagonismo, porque entiendo y siento que ella y su hijo te necesitan —continué—, pero también presiento que debes estar agotada. Intuyo que pasas demasiado tiempo esforzándote para que las cosas vayan bien, y creo que te mereces un descanso.  

Hice otra pausa. Ella fijó su mirada en un punto a la izquierda.  

—Creo que no hemos sido justos contigo —seguí—. Creo que te mereces que te avisemos cuando el peligro ha pasado. Es justo que puedas retirarte a descansar cuando las preocupaciones hayan desaparecido. Por ejemplo, ahora. Estamos aquí, en esta habitación, y nadie puede resultar dañado. Si nos miras con atención, verás que sólo estamos interesados en entendernos y cuidarnos. Descansa, si puedes permitírtelo.  

Se echó las manos a la cabeza y empezó a llorar ruidosamente.  

Llegada a un punto, intentó hablar, pero el llanto la calló en seco. 

—Deja que lo que tenga que fluir fluya —dije—. Parece un río, que necesita arrastrar ramas, troncos y piedras. Creo que el agua necesita llegar a algún sitio.  

Siguió llorando un buen rato, hasta que pudo decir:  

—Qué cabrón eres —tartamudeó—. Menudo alivio.  


Durante la intervención educativa familiar debemos detectar las partes protectoras y exiliadas que están presentes en las personas con quienes trabajamos, y preguntarnos si estamos interviniendo desde nuestro self, o desde nuestras propias partes protectoras 

Gran parte del trabajo de nuestros supervisores, no es tanto ayudarnos a encontrar soluciones a los problemas que nos podamos encontrar, sino acompañarnos para que podamos regularnos mejor emocionalmente, de manera que podamos intervenir desde la curiosidad, la empatía, la fluidez y la creatividad de nuestro yo esencial, ofreciendo a las personas y a las diferentes partes en juego la mirada y los cuidados que necesitan para integrarse en una estructura fluida y armoniosa de funcionamiento.  

Y aquí es donde me gustaría lanzar algunas preguntas:  

¿Qué funciones ha hecho suyas tu supervisara o tu supervisor? 

¿Cómo gestiona tu equipo tus propias partes protectoras? 

¿Te sientes libre para expresar cómo te sientes íntimamente en el trato con las personas a quienes acompañas? 

En caso de que sientas que no logras intervenir desde tu self con un determinado caso, ¿puedes proponer honestamente un cambio de figura educativa? 

¿Qué reflexiones te surgen al respecto? 

Gracias. Os escucho.  

Referencias:

GONZÁLEZ, A. (2017). No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego, y la disociación: una guía para pacientes y profesionales. 

NARDONE, G. (2015). Ayudar a los padres a ayudar a los hijos: problemas y soluciones para el ciclo de la vida. Barcelona: Herder

SILBERG, J.S. (2019). El niño superviviente: curar el trauma del desarrollo y la disociación. Bilbao: Desclée de Brouwer

SCHWARTZ, R.C. (2015). Introducción al modelo de los sistemas de la familia interna. Barcelona: Eleftheria

En este blog «caminamos a hombros de gigantes». La mayor parte de las ideas expuestas se basan en nuestra bibliografía de referencia.

Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s