Deseos auténticos e inaunténticos | la filosofía de Gilles Deleuze aplicada a la educación familiar 

¿Somos dueños de nuestros deseos?

Hacia una deconstrucción del deseo, interpretándolo como una cuestión económica, política y social. 

El pasado fin de semana estuve en un retiro orientado al cuidado y autocuidado de los profesionales de nuestro sector.

Una de las compañeras dirigió una sesión de risoterapia, en la que hubo una dinámica sencilla, pero muy intensa.

Colocó una mesa frente a las y los participantes, que estábamos sentados, mirando hacia allí, formando un semicírculo. Seleccionó un objeto, y nos pidió que lo visualizáramos como un trofeo.

Teníamos que subirnos a la mesa —o lo que es lo mismo, al podio— y gritar con fuerza “soy el mejor…”, añadiendo alguna característica nuestra que sintiéramos así.

Cuando dijo que no valían cosas del tipo “soy el mejor haciendo tortilla de patatas”, me jodió vivo, porque yo estaba pensando en bacalao al pil pil.

Así que me puse a pensar en un rasgo mío que sintiera así, y después de sudores fríos, taquicardia y convulsiones, acabé gritando lo siguiente:

¡¡Soy el mejor cazador de ideas fascinantes!!

Así lo creo. No sé si soy el mejor, pero sí bastante bueno.

Después, hicimos una ronda entre los participantes, rollo comentar la jugada y sacar chicha. Entonces, una compañera me preguntó:

—Oye, Gorka, ¿y cuál es la última idea fascinante que has “cazado”?

No supe qué responder.

Ahora, echando la vista atrás y sin la presión del momento, creo que puedo responder: la idea de DESEO propuesta por Gilles Deleuze.

Vaya por delante que nunca he leído la obra del autor. Sencillamente, es demasiado complicado para mis entendederas. Pero sí he tenido contacto con otros autores que la referencian y la explican para que gente como yo, poco doctas en filosofía —y poco doctas así, en general— la puedan comprender.

Lo que entiendo, es que Deleuze hace una crítica radical al sistema de consumo capitalista, a través de la noción de DESEO; yendo en contra de la idea tradicional del psicoanálisis freudiano de que todo deseo se basa en la CARENCIA.

Para Deleuze, que es filósofo, el deseo inaunténtico, se origina en un triángulo formado por el sujeto desearte, el objeto deseado, y un MEDIADOR DEL DESEO.

Un mediador del deseo es una estructura que da sentido e intensidad al deseo, y que se relaciona con algo que nos gustaría SER, y que conlleva muchos otros objetos o realidades concatenados.

La forma más sencilla de verlo, es con el ejemplo de la publicidad.

Por ejemplo, cuando compramos un coche, no estamos comprando ese coche, sino una FORMA DE SER asociada a ese coche. Los especialistas en publicidad lo saben, y cuando preparan el spot, colocan en coche asociándolo a aventuras, gente guapa, un espíritu agresivo, o a símbolos relacionados con la satisfacción sexual.

Y nosotros, que somos un poco tontos, no compramos el coche, sino el estilo de vida que nos gustaría TENER, o el tipo de persona que nos gustaría SER.

Pero estas ideas no sólo se aplican a la publicidad, sino a la gran mayoría de las motivaciones y deseos de las personas. Porque, desde el punto de vista de Deleuze, el deseo no es un concepto individual, sino SOCIAL.

¿Por qué ha llegado un sujeto evidentemente irresponsable, impulsivo y violento como D. Trump a la casa blanca? ¿Por sus promesas? ¿Por sus ideas?

Seguramente no. Probablemente tenga que ver —además de con otras cosas— con que, en una sociedad brutalmente capitalista, donde la competitividad, la autoafirmación y el individualismo más salvajes son los valores dominantes, muchas personas quieren parecerse a él. Disfrutar de su éxito, de su popularidad, de su arrojo… y de otras características relacionadas con lo que él VENDE SER, y lo que sus votantes QUIEREN SER.

Esto explica una paradoja política: que hay grupos de personas —siguiendo con el ejemplo, de clase económica baja— que son capaces de votar y luchar contra sus propios intereses de clase —véase, llevando a la casa blanca al mayor exponente del capitalismo imperialista neoliberal—, a pesar de tener conciencia de que puede tomar decisiones en contra de ellos y de sus familias.

Así es como se pervierte el deseo. A través de ese mediador que asocia una realidad a determinadas cosas que nos resultan DESEABLES porque QUEREMOS SER algo que no somos, o porque QUEREMOS REAFRIRMARNOS en lo que sentimos que es nuestra FORMA DE SER.

Llega entonces la gran pregunta: ¿qué desean entonces DE VERDAD los votantes de D. Trump? Es decir, ¿qué desearían en ausencia de ese MEDIADOR DEL DESEO impuesto por la racionalidad capitalista?

No lo sé. Pero Deleuze describe la forma como todos nosotros, personas y grupos sociales, podemos liberarnos de esos MEDIADORES DEL DESEO, y empezar a desear con más libertad.

Para ello, es necesario ABANDONAR EL LENGUAJE DEL SER, en el sentido de las características y los objetos que nos gustaría TENER.

Porque, cuando yo digo, por ejemplo, que soy educador familiar, mi mente se configura automáticamente para DESEAR determinadas cosas, a saber, ser empático, ayudar a los demás, e incluso ser afín a una determinada ideología política. Pero, ¿lo quiero de verdad?

Pero si evito identificarme con determinadas categorías, y abandono la idea de SER, y hablo de que soy una persona que TENGO NECESIDADES y CONDICIONANTES, independientemente de lo que soy o me gustaría ser, probablemente pueda tomar decisiones de manera más eficaz y consciente, y vivir más satisfecho y en paz.

¿Qué implicaciones tiene esto para la educación familiar?

Empezad si queréis, dado una vuelta al concepto de paternidad o de maternidad. Vais a flipar.


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy pedagogo y educador familiar. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia. Mi marco de referencia es la teoría sistémica estructural-narrativa, la teoría del apego y la neurobiología interpersonal. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

 

4 comentarios en “Deseos auténticos e inaunténticos | la filosofía de Gilles Deleuze aplicada a la educación familiar 

  1. anitatxikitxu

    Revisarnos qué tenemos y que podemos ofrecer realmente para no trabajar desde la expectativa de lo que creemos que se espera de nosotros. Trabajar sin presiones, dando lo mejor de nosotros pero dejandolo fluir… Si buscamos encajar en el molde imaginario no dejamos que nuestras potencialidades se expandan. Nos constreñimos!!!
    Que difícil pero que necesario auto-escucharnos!

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    1. Cuando he leído esto me ha venido a la cabeza rápidamente Max-Neef y sus necesidades y satisfactores. Donde las necesidades son finitas y universales para todas las culturas, mientras que los satisfactores son las formas que cada cultura encuentra para alcanzar esas necesidades. La filosofía a mí se me hace un poco espesa y mi cabeza lo traduce a sociología, que me pilla más a mano. Por eso comparo el deseo descrito con los satisfactores de Max-Neef, convertidos en necesidades por el sistema del capital. Así, el móvil, satisfactor para alcanzar la necesidad de comunicar se convierte en necesidad en una sociedad hiperconectada.
      Con esta brevedad, aunque espero que sea clara, añado al debate la visión de paternidad y maternidad como un satisfactor convertidas en necesidad, sobretodo para la mujer, y elemento fundamental para poder ser.
      A la hora de trabajar también me pregunto si intervengo desde la necesidad o desde el satisfactor convertido en necesidad y si mi propia persona es coherente con todo ello.
      Y si, la cabeza me da vueltas.

      Le gusta a 2 personas

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